comisión de delitos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, han dado la espantada este viernes en el Ministerio del Interior donde se reunió la comisión de seguimiento de delitos de odio que fue anunciada a bombo y platillo por el Gobierno tras el Consejo de Ministros del pasado martes.

La convocatoria “urgente” fue anunciada por la portavoz del Ejecutivo, Isabel Rodríguez, con las primeras palabras de la rueda de prensa semanal en Moncloa, informando de la asistencia inusual del presidente del Gobierno quien, al día siguiente en el Congreso también utilizó este asunto para empezar su intervención ante el grupo parlamentario socialista y para solemnizar que “no habrá otra vez armarios” para el colectivo LGTBI.

El contraste ha sido la nota predominante de esta convocatoria, tras el fiasco de la denuncia falsa por parte de un joven que ha admitido que no fue una agresión homófoba sino unas relaciones sexuales consentidas con prácticas de lesiones sobre su cuerpo. Apenas una hora y media de encuentro tras el cual el Gobierno ha enmudecido. Ni Sánchez ni Marlaska han querido comparecer públicamente tras el ridículo gubernamental de haber utilizado un bulo homófobo como arma política.

Publicidad

El Gobierno se ha limitado a argumentar que existe un 10% de incremento de delitos de odio en España, que son datos terribles y que deben de ponerse encima de la mesa medidas, instrumentos, para rebajarlos. Pero más allá de la foto, nadie ha querido explicar esos nuevos instrumentos. Sólo Marlaska ha dedicado cinco segundos a los medios congregados a las puertas del Ministerio para decir que ha habido “buen entendimiento”.

En su lugar Interior ha emitido una nota de prensa para informar de que se crearán grupos de delitos de odio dentro de la Policía Nacional y la Guardia Civil, a quienes había culpado Marlaska por no haberle informado, lo cual ha generado un enorme malestar en los sindicatos policiales. El Gobierno huye del foco con el objetivo de pasar página de esta utilización del odio como arma política cuya onda expansiva ha noqueado a Pedro Sanchez por el efecto boomerang de una denuncia falsa.

comisión de delitos