Diada

La Diada de este año se refugia en la nostalgia. Los independentistas miran al 1 de octubre de 2017, cuando se tuvo la sensación por parte de cerca de dos millones de catalanes de que casi se había conseguido el objetivo. Cuatro años después no se percibe la excitación social de antaño. Y aunque este sea el primer Día de Cataluña que volverá a contar con la participación de los presos indultados, la atención se fija más en cómo recibirán las masas al presidente, Pere Aragonès, embarcado en la activación de la mesa de diálogo, que muchos de los asistentes ven con desconfianza. Hasta Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, entidad organizadora de la manifestación, ha dicho que entendería que abucheasen al dirigente. Así están las cosas. 

Como no hay plan de futuro, se mira hacia atrás. De ahí el diseño de la camiseta de este año —15 euros— que en su parte posterior hace la siguiente relación: “11S à 1 OCT à Independencia”. En realidad se explica por las presiones que tuvo Paluzie por parte del secretariado de la ANC para trasladar la gran manifestación de la Diada del 11 de septiembre, hoy, al 1 de octubre. Para muchos independentistas, esta es una nueva fecha fundacional, mucho más cercana que la derrota de 1714. Paluzie hizo diversos equilibrios y al final se comprometió a convocar dos nuevas marchas: la primera el próximo 1 de octubre y una última el 3, en homenaje a la huelga general que se celebró en protesta por la represión policial el día de la consulta ilegal. 

Foto: Enfrentamientos en Barcelona entre los Mossos y manifestantes, en la Diada de 2019. (Getty)

La estrategia sirvió para mantener la unidad en el secretariado. Pero se ha perdido combatividad este 11 de septiembre. Habrá tres protestas, pero se diluye el impacto en la Diada. Además, la Generalitat obligó a cambiar el trazado de la manifestación para que no acabase ante el Parlament, como se pretendía en un principio. Uno de los temores de los Mossos es que grupúsculos radicales intenten asaltar la Cámara tras la marcha, que acabará delante de la Estación de Francia. 

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La Generalitat participará en la manifestación, pero la conexión entre la administración catalana y las bases se ha perdido. El soberanismo ha desconectado de sus líderes que son los mismos que en 2017. No ha habido renovación alguna: los que ahora están al frente son los mismos que llevaron a la gente al fracaso de octubre de 2017. Muchos han pasado por la cárcel —Oriol JunquerasJordi Sànchez…— y usan esa autoridad moral para seguir al frente del movimiento, aunque nadie tenga muy claro hacia dónde se va. 

Después de la pandemia

El año pasado la Diada quedó deslucida por la pandemia. Este año, marcado por la nostalgia, no se espera un gran éxito. La mirada atrás no es casual. No hay plan ni estrategia de futuro tras asumir la derrota que supuso el intento de sedición de 2017. El mensaje de Carles Puigdemont se reduce a “Preparem-nos”. Pero no se sabe para qué hay que prepararse. Se habla de “un nuevo embate democrático”, pero no se explica en qué consistirá. En este aspectoAragonès replica a sus críticos: “si saben lo que hay que hacer que lo digan, de forma clara”, como aseguró en Catalunya Ràdio: “si alguien tiene una alternativa a la mesa de diálogo que la concrete”. 

De hecho, el ‘president’ pidió este viernes unidad ante la próxima reunión del foro, que se celebrará la semana que viene. En el mensaje institucional previo a la Diada hizo un llamamiento a la alianza de las fuerzas soberanistas, instituciones y ciudadanía para hacer “inevitable” la celebración de un referéndum, un compromiso “irrenunciable”. 

Habrá más manifestantes este año porque es el primer año tras superar el pico de la pandemia

Año tras año desde 2017 ha ido cayendo la participación en los actos del 11 de septiembre. Sin embargo, es previsible que sea superior a la del año pasado, en la que hubo muchas limitaciones por el covid. Por tanto, el independentismo siempre podrá decir que ha aumentado la participación. Pero como todo en la vida será un incremento relativo. 

Sin hoja de ruta definida

Un porcentaje del independentismo exige una hoja de ruta que nadie parece capacitado para preparar. Òmnium está centrado en pedir la amnistía. La ANC teoriza sobre la desobediencia, en línea con la CUP, pero siempre exigiéndola a terceros. JxCAT aparece como algo muy fragmentado. Y ERC lleva años virando hacia un soberanismo pragmático que topa con la minoría más radicalizada del colectivo. 

Ninguno de esos problemas tendrá una solución en la Diada de hoy. Por lo tanto, se tratará solo de una serie de eventos encadenados para sobrellevar la frustración colectiva de una parte muy importante de la sociedad catalana.

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