Sheriff puede con el Madrid

El Sheriff dio la campanada de la jornada ante un Real Madrid ofuscado en ocasiones. El regreso de la Champions al Santiago Bernabéu casi dos años después fue amargo tras los tantos de Yakhshiboev y Thill en apenas dos jugadas. El Madrid fue con todo: 31 remates, 12 de ellos a puerta. Un dato demoledor que sólo dejó el tanto de Benzema desde el punto de penalti. 

El guión quedó muy claro desde el principio con un Madrid muy superior apostado en el área del Sheriff, que estuvo a verlas venir. Las ocasiones blancas llegaron de todos los colores: Con Benzema con un tiro de falta, Valverde desde la frontal, Camavinga jugando por dónde quería y Vinícius provocando ese peligro constante. El gol era cuestión de minutos por cómo pintaba el partido. 


Sin embargo, el fútbol te da sorpresas y en la primera que el Sheriff consiguió alcanzar área rival, batió la portería de Courtois. Cristiano galopó por la banda para poner un centro con música que Yakhshiboev cabeceó para hacer saltar las exclamaciones en el Bernabéu. 

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 Así fue el gol de Yakhshiboev
Así fue el gol de Yakhshiboev REUTERS

Lluvia blanca de ocasiones

La reacción del Madrid fue inmediata y empezaron a producir ocasiones en serie. Benzema frotaba la lámpara dentro del área y pese a dejar el balón muerto prácticamente en la línea de gol en una jugada, la defensa pudo despejar el peligro; Vinícius tuvo otra clarísima en sus botas; Hazard se encendió para que el rechace le cayera a Nacho y por poco mandara su cabezazo fuera. Fue un chaparrón de 12 disparos (4 a puerta) sólo en la primera parte. 

Perdonar pudo costar caro. En tres toques el Sheriff volvió a presentarse en el área blanca y, ayudados por un error de Courtois, Yakhshiboev pudo haber firmado el doblete. Se escapó rozando el palo el disparo del delantero uzbeko pero su primer tanto dejó al Sheriff ganando al descanso en el Bernabéu. 

Benzema consigue el empate 16 disparos después

Poco cambios de estrategia se podían hacer en el Real Madrid. Los blancos siguieron insistiendo en la portería de Athanasiadis porque, aunque fuera por pura cabezonería, el gol no podía seguir resistiéndose. Hasta que apareció el comodín del penalti, la única baza que no había intentado el Madrid hasta el momento. 

Vinícius provocó una primera pena desde los 11 metros después de caer dentro del área tras sufrir un leve toque en el pie por un defensa. El árbitro no vio penalti, pero sí en el segundo, en el que el mismo protagonista fue agarrado por Addo tras una preciosa elástica. Benzema, tras 16 remates (6 a puerta), consiguió hacer el primero para poner el empate en el marcador y superar a Raúl como cuarto máximo goleador del Madrid en la Champions. 

Thill desata la locura

El gol blanco sólo hizo azuzar más la maquinaria de generar ocasiones. Y tal y como ocurrió en la primera parte, el Sheriff volvió a sorprender con otra asistencia de Cristiano para el remate de Bruno. Esta vez, el gol no subió al marcador por fuera de juego del brasileño. El Madrid no podía fiarse. 

Con el empate, Athanasiadis siguió atajando todo lo atajable. Lo hizo hasta con la cara a un remate de Modric, con todo a un disparo a bocajarro de Jovic… Las alas que insufló el portero del Sheriff dieron fuerzas a su equipo que consiguió volver a llegar hasta el área de Courtois para que Thill, con una volea imparable desatara la locura en el conjunto moldavo. 

Griezmann da la victoria al Atlético

En San Siro, punto negro en su historia, el Atlético se alivia y respira porque tuvo la Champions a la deriva. Fue sometido por el Milán hasta la expulsión de Kessie, pero en el habitual arrojo rojiblanco en el tramo final, Griezmann y Suárez dan la vuelta a todo. El francés asoma en el instante cumbre, cuando el partido requería talento y determinación. Fue el artífice de la remontada.

El Atlético se presenta con una elástica desoladora y una actitud pusilánime en San Siro. Es la Champions, la sintonía angelical que hace latir los corazones, y el equipo del Cholo comparece como si nada le fuera en el envite. Un talante inservible porque el equipo no se reconoce en el espejo. Desde el túnel de los vestuarios, el Milán se compromete a rebañar cada pelota, ofender en cada intervención, molestar de cualquier manera.

No ha empezado el partido y se vence del lado italiano por cualquier faceta que se quiera analizar en el fútbol. El porte, la velocidad, el afán de superación, la agresividad, la determinación… En el Milán no juegan los históricos y divinos protagonistas de su época dorada, no hay un VanBasten o un Shevchenko, un Baresi o un Gullit… El peso del encuentro lo llevan el portugués Leao, el francés criado en España Theo y un descarte del Madrid que funciona en Italia, Brahim. 

Al Atlético se lo meriendan sin compasión en el primer tramo de la noche, que va camino del derribo si no suceden cosas diferentes. El Milán roba, triunfa en cada choque de tibias, empuja más, demuestra otra ambición. Pese a que el Atlético ofrece más enjundia en los apellidos, el choque no aporta nada bueno para los rojiblancos, que consideran eficaz la solución de los pelotazos de alivio y que tienen a Oblak hecho un flan porque ni se entiende con sus defensas ni alguien echa una mano a Kondogbia para detener ese vendaval rojo y negro.

El Atlético no se estira porque no tiene la pelota, Carrasco vive momentos de zozobra en su confianza para el regate y la profundidad y Luis Suárez es inofensivo si alguien no le acerca un balón a sus dominios en el área. De Correa no se puede vivir y el Atlético zozobra con todas las letras. Koke se retira de la marca de Brahim y, con tiempo para pensar el madridista, la cede a Leao para que anote el primer gol.

Un pequeño desastre que no soluciona el Atlético con sus aportaciones, sino que continúa por la misma senda. El Milán quiere el segundo, pero se enreda en su propio fogosidad. Kessie, que ya tiene una tarjeta por una agarrón a Llorente, se equivoca en una entrada por detrás pisando al mismo protagonista. El árbitro lo expulsa y el Atlético se encuentra con una bendición para amortiguar su caída.

Antes de que el chaparrón amaine, Leao expone el vigor de su equipo en un remate de fábula. Con un jugador menos y Felipe encima de su cogote se inventa una chilena que rebota en el larguero. El Atlético está con respiración asistida y el futuro comprometido en la Champions. Una mínima reacción por el empuje de Llorente en su típica maniobra de brío por la derecha indica que el Atlético aún no se da por vencido.

El Milán acusa la pérdida de un jugador porque, como siempre, el Atlético replica solo cuando no ve salida al callejón. Cambia el partido, gira de bando y el Atlético se expresa en el minuto 60 con una alineación inimaginable en el ideario del cholismo. Llorente, en el costado derecho, más De Paul, Lemar, Correa, Joao Félix, Griezmann y Suárez de medio campo hacia adelante. Futbolistas de ataque con la obligación de construir en esa marea de nervios y que no lo consiguen por falta de precisión.

Con Griezmann, Lemar y Joao Félix se aprecia otra versión de la tropa rojiblanca, casi por la tendencia natural de los citados para combinar y distribuir en vez de largar melones. Luis Suárez remata fuera un delicioso pase de Griezmann en el momento decisivo.

No hay finura en el Atlético y sí mucha tendencia a la jugada sin riesgo, al pase conformista, al hábito concebido. El Atlético no es un equipo de creatividad o imaginación descontrolada, sino de esquemas. Cuando todo parece en la penumbra, sale el sol. Es un destello. Un pase fabuloso de Lemar, toque de primera de Lodi y anticipación inapelable de Griezmann, que acude al gol en el instante cumbre. Aún exprime el Atlético su momento, el Milán se ha agotado, y el marcador se altera en un penalti por mano clara. Suárez, creyente hasta el final, gana el partido de un panenka muy mal tirado.