vagón de cola

En medio año, España ha pasado de sacar pecho por liderar la recuperación a ser el último que saldrá de la crisis. El PIB no está creciendo a los niveles esperados hace unos meses, cuando la propia Comisión Europealanzaba las campanas al vuelo al prever un crecimiento del PIB español superior al 6%. Las expectativas de las autoridades comunitarias fueron creciendo desde primavera, en parte, por la buena marcha de la vacunación. 

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Ahora Bruselas no prevé que la economía española se recupere de la pandemia hasta el primer trimestre de 2023 y calcula que este año apenas crecerá un 4,6%. Esto significa que será el último país en volver a los niveles de 2019. “La mayoría de los Estados miembros se acercarán a sus niveles de producción anteriores a la crisis a finales de 2021 y sólo unos pocos lo harán el próximo año”, reconoce la CE en el informe de otoño publicado esta semana.

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Polonia recuperó el PIB previo a la pandemia ya en el segundo trimestre de este año; Países Bajos, en el tercero; y se espera que Francia lo logre en estos últimos tres meses. Alemania e Italia van más rezagadas, pero Bruselas confía en que vuelvan a niveles precrisis ya el año que viene. Y en el otro extremo está España, con la recuperación más tardía de la Unión Europea. 

España será uno de los seis países en los que la deuda seguirá superando el 100% del PIB a finales de 2023

Atrás quedaron aquellos tiempos (no tan lejanos) en los que España marcaba el camino del resto de Estados miembros al conseguir en verano el anticipo de 9.000 millones de euros de los Next Generation por parte de la Comisión Europea (de un total de 70.000 millones que se recibirán en transferencias directas hasta 2026). 

Junto a Portugal, fue el primer país en lograr el visto bueno de su Plan de Recuperación, al que están asociados esos fondos europeos. La propia presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, comunicó este logro en su visita a Madrid y su reunión con Pedro Sánchez el 16 de junio. Una fotografía que invitaba al optimismo y que contrasta con la realidad que se vive hoy. 

Von der Leyen y Sánchez
Sánchez entrega a la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia español A.Ortega.POOL / Europa Press

Los datos se desinflan en España

Los datos avanzados por Bruselas sobre España hablan por sí solos: el déficit público todavía alcanzará el 8,1% este año y, aunque bajará al 5,2% en 2022 y al 4,2% en 2023, continuará muy por encima del umbral permitido (3%). La deuda seguirá creciendo este año y se instalará por encima del 120% del PIB, concretamente en el 120,6%. En los próximos dos años bajará (hasta el 118,2% y 116,9%, respectivamente), pero seguirá casi doblando las reglas fiscales del Tratado de Maastricht suspendidas ahora por la covid. 

Por contra, este año el ratio deuda/PIB disminuirá en alrededor de la mitad de los Estados miembros. En términos generales, la deuda pública en el conjunto de la Unión Europea se situará en el 89% del PIB en 2023. A finales de ese año, las autoridades comunitarias espera que el ratio de endeudamiento se mantenga por encima del 100% en seis Estados miembros (España, Bélgica, Grecia, Francia, Italia y Portugal), frente a los tres de finales de 2019.

Además, aunque en los últimos meses se ha observando un buen comportamiento del mercado laboral español, la Comisión Europea no espera que el nivel de desempleo caiga por debajo de los niveles precrisis hasta 2023, una vez descontados los efectos de los ERTE y las ayudas a los autónomos. Este año continuará en el 15,2%, una leve caída respecto al 15,5% del año pasado. En 2022 caerá al 14,3% y, ya en 2023, al 13,9%. 

La Airef sitúa el crecimiento para el cuarto trimestre en el 1,7%, truncando las expectativas creadas por el Gobierno

En definitiva, todo eran buenas noticias en julio, cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) avanzaba un crecimiento del PIB del 2,8% en el segundo trimestre por el fin de las restricciones, los avances logrados en la vacunación y la recuperación del empleo. Sin embargo, el buen pronóstico se truncó dos meses después, cuando a finales de septiembre el Instituto revisó el dato en 1,7 décimas y redujo el avance hasta el 1,1%, al percibir un consumo más comedido de lo esperado.

Esto provocó una cascada de rectificaciones a la baja, tanto por parte de organismos oficiales (como la Airef, el FMI y la propia CE) como por los expertos y servicios de estudios (entre otros, BBVA Research, Funcas, el Instituto de Estudios Económicos o el Consejo General de Economistas). Y, por supuesto, descuadraba por completo las estimaciones realizadas por el Gobierno en el cuadro macro que acompaña al proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022. 

Ya en el tercer trimestre, con el verano a favor, el crecimiento también fue moderado (2%) y se registró un descenso en el consumo de los hogares del 0,5%, contra todo pronóstico. Teniendo en cuenta que la Airef sitúa el crecimiento para el cuarto trimestre en el 1,7%, en un contexto muy marcado por la inflación y los problemas de suministros, se antoja imposible cumplir las expectativas del Gobierno. 

A ojos de Bruselas, España no es más que el vagón de cola en esta salida de la crisis, que se alargará hasta 2023

Pese a esto, el Ejecutivo mantiene su previsión de que el PIB crecerá un 6,5% este año y un 7% el que viene, aunque desde Bruselas esperan que este año no se alcance ni el 5%. Con el viento en contra, la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, se enroca en un escenario ficticio y asegura que no revisará las previsiones hasta la próxima primavera. 

El Gobierno es consciente de que los Presupuestos que está intentando sacar adelante de cara al próximo año dependen de estas cifras; además del daño político que le causaría una marcha atrás a estas alturas, cuando han pasado ya dos meses del ‘varapalo’ del INE y la consecuente oleada de revisiones a la baja de todos los organismos sobre el crecimiento de España. 

En definitiva, los datos del INE han puesto negro sobre blanco y han emborronado el retrato que el Gobierno hizo a principios de año de la economía española, pintándola como la locomotora de Europa en la recuperación. Seis meses después, poco queda de ese optimismo desaforado: a ojos de la Comisión Europea, España no es más que el vagón de cola en esta salida de la crisis, que se alargará hasta 2023.