ya es 20-N

La izquierda gobernante, unos y otros, quiere investigar los crímenes del franquismo… hasta 1982, año de la victoria socialista. Ni menos ni, por supuesto, más. El cálculo es cosa de Félix Bolaños aunque ya ha dicho que no, que es interpretación torticera de los que le hemos oído decirlo.

Como las cosas pintan mal para el PSOE pero podrían mejorar si se empuja un poco al PP de Génova, volvemos a recibir en la pista central al general Francisco Franco. Sacarlo de paseo hasta Mingorrubio parece que no fue suficiente para que prendieran las mechas de la discordia, momento en el que haría su salvífica aparición el mesías del Falcon, el salvavidas de la pandemia, el justiciero rojo. La Memoria Democrática requiere otro empujón, nombres y apellidos, hechos probados que puedan ser llevados al TOP de Ferraz.

El caso es que podemos pararnos un rato en febrero de 1981 por si el PSOE supiera algo de un golpe de Estado en democracia. Como el del 1 de octubre de 2017 —fuera de rango de la investigación bolañesa— o los de 1934 y 1936 antes de julio o las amenazas parlamentarias que han quedado registradas en las actas del Congreso.

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Van mal las encuestas y el PP anda flojo de principios y muy temeroso de según qué finales. En esta casa se ha tardado muy poco en responder a Félix Bolaños y sus “inercias”. Y hemos respondido tanto y tan bien —Cristina LosadaPablo PlanasFederico Jiménez Losantos, además de los editoriales— que se hace difícil no repetirse pero es que nunca sobra la insistencia en esta materia. Sin embargo, el PP… ¿dónde está escondido el PP? 

De la Inercia al Movimiento

¿Y con las inercias del PSOE hasta dónde podríamos llegar partiendo del momento en el que Pablo Iglesias Posse amenazó de muerte —”atentado personal”, dijo— a Antonio Maura desde el mismo sitio donde Pedro Sánchezse pone campanudo hablando como el repelente niño Vicente? ¿Podemos llegar hasta el asesinato de José Calvo Sotelo a manos de la escolta de un predecesor de Sánchez, Francisco Largo Caballero, tan del PSOE que está rehabilitado y reivindicado como referente? 

Veamos cómo el propio Calvo Sotelo sentía la cercanía de su asesinato. El presidente del Consejo de Ministros de la República era entonces el republicano masón Santiago Casares Quiroga, que quiso cargar sobre las espaldas del monárquico todo lo que pudiera pasar salvo, claro, lo que pasó. Pero Calvo Sotelo se dirigía también al socialista y a lo que ya significaba la izquierda del 36, como prueba el primer párrafo de estos intensos extractos parlamentarios:

“Anteayer ha pronunciado el señor Largo Caballero un nuevo discurso y en él ha dicho que esta política, la política del Gobierno del Frente Popular, solo es admisible para ellos en tanto en cuanto sirva el programa de la Revolución de Octubre, en tanto en cuanto se inspire en la Revolución de Octubre. Pues basta, señor presidente del Consejo; si es cierto eso, si es cierto que su señoría, atado umbilicalmente a esos grupos, según dijo aquí en ocasión reciente, ha de inspirar su política en la Revolución de Octubre, sobran notas, sobran discursos, sobran planes, sobran propósitos, sobra todo; en España no puede haber más que una cosa: la anarquía.

Yo tengo, señor Casares Quiroga, anchas espaldas. Su señoría es hombre fácil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he oído tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en todos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, señor Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de su señoría. Me ha convertido su señoría en sujeto, y por tanto no solo activo, sino pasivo, de las responsabilidades que puedan nacer de no sé qué hechos.

Lo repito, mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi patria y para gloria de mi España, las acepto también. ¡Pues no faltaba más! Yo digo lo que santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: ‘Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis’”.

¿Tienen origen las inercias del PSOE dos años antes, en el 1934 de Largo Caballero cuando se da un golpe, violento y sangriento, contra la legalidad de la República? Nada, vano intento. La oposición genovesa preferirá eso de “estar en lo que preocupa al ciudadano” y en “llevar a Pablo Casado a La Moncloa” sin advertir que, una vez más, la derecha no está invitada al Régimen, que debe ser expulsada y que así será si no miran de frente lo que se les (nos) echa encima.

Bolaños toma como referencia, sin base alguna pese a su “consenso historiográfico”, lo que parece que dijo don Juan de Borbón sobre el ciclo que se cerraría cuando gobernara la izquierda después de Franco, cosa que sucedió en 1982. Si hablamos del franquismo está claro, por más que lo intente Bolaños mintiendo o Garzón prevaricando, que acabó en 1975 hace hoy exactamente 46 años, cuando murió el dictador.

Quedaban franquistas, por supuesto, pero con la muerte del general, el cambio de régimen hacia la democracia era un hecho incuestionable, porque la estructura para edificarla ya se había levantado años atrás. Las cortes franquistas lo supieron ver y así lo votaron alumbrando la última de sus Leyes Fundamentales del Reino —Franco era monárquico—, la que lo destruía irreversiblemente: la Ley para la Reforma Política, octava de ellas y clausura oficial del Régimen. Se aprobó el 18 de noviembre de 1976 y se sometió a referéndum el 15 de diciembre de ese mismo año siendo refrendada por un 94,7 por ciento de los votos de los españoles… franquistas y no franquistas. Así que, como mucho, podemos llevar el final de esa época a diciembre de 1976 aunque pretendan que Franco acompañó a los gobiernos de Suárez y Calvo Sotelopero que se esfumó al llegar Isidoro y se quedó agazapado a la espera de Aznar y luego de Rajoy… y así según convenga. 

Como Bolaños habla de inercia y la detiene en 1982 podemos retroceder un poco antes de su franquismo, o sea, en 1981, año en el que un tal Felipe González figuraba en un papelito como número dos para formar parte de un gobierno bajo una autoridad “militar, por supuesto” si el golpe del 23-F hubiera llegado a término.

Lo hemos contado aquí en muchas ocasiones. Que el PSOE sabía del golpe de Alfonso Armada lo demuestran muchas, digamos, inercias. Desde la reunión, en octubre de 1980 (cuatro meses antes del golpe), de Enrique Múgica con el propio Armada y Joan Reventós en casa del alcalde de Lérida, Antoni Siurana, hasta el testimonio de Marcos Vizcaya, diputado del PNV, que aseguró que Alfonso Guerra le preguntó por la postura que adoptaría la derecha nacionalista vasca ante ese gobierno de concentración bajo una autoridad “militar, por supuesto”. Lo cuenta con pelos y señales Antxón Sarasqueta en varios de sus buenos libros sobre la Transición.

¿Llegan hasta ahí las inercias del PSOE o cabe ampliarlas aún más? Podría adentrarse la memoria en años posteriores de Felipe González, cuando las cloacas que llevaban pistola y ponían bombas a cuenta de presupuestos públicos también acababan en locales donde se les tuteaba y se les ofrecía “lo de siempre”. ¿Era inercia del pasado o ya un Movimiento nuevo? Más que nada, por distinguir.

Vamos hacia una Ley de manipulación histórica. Ilegal a sabiendas. Una prevaricación jurídica, política y moral continuada al más puro estilo de la URSS, en la que toda ignominia queda documentada y tipificada bajo título, epígrafe, artículo, punto y sección. Es lo que acostumbra a hacer la izquierda: documentar la mentira para que parezca verdad, para convertirla en verdad.

No se trata de acabar con la concordia, hecha ya añicos sin apenas comparecencia de la derecha; están en inaugurar la nueva era o el resurgimiento de la que construyeron en los años treinta sólo para ellos. Y lo pretenden hacer a partir de un acto fundacional jurídico, cargándose una Ley de Amnistía que, con sincero afán de concordia, pidió la izquierda y confiando el éxito de la nueva ley a la indultada ERC, la misma que los acompañó así en el 34 como en 2017.

¿Hasta dónde llegarán las inercias de ese golpe de octubre 2017? Los que lo perpetraron, indultados, gobiernan con Pedro Sánchez y quieren que sea Franco el que lo oculte.

Ni 1975, ni 1982. Es 1984, pero el de Orwell, el año de referencia de esta Ley de Memoria levantisca que el PSOE pone en manos del PCE y ERC. Pocas bromas, Bolaños, que ya es 20-N y han pasado 46 años.