Moncloa acusa a Redondo

El Gobierno finge sorpresa e incomprensión por no entender «qué es lo que pretende Iván Redondo», pero tarda poco en romper las apariencias y confesar las verdaderas razones de su errático comportamiento. «Está desesperado porque no consigue contrataciones con las grandes empresas del Ibex», y por ello se ha expuesto recientemente con las entrevistas en La Sexta y Antena 3, la presentación de su libro y las filtraciones a medios de comunicación en las que «se vierten mentiras» sobre la realidad de lo que ocurrió. 

Pero en el Palacio de La Moncloa van más allá y acusan al ex jefe de Gabinete de Pedro Sánchez de «utilizar información interna de su etapa en la presidencia del Gobierno para hacer negocios». En este sentido, y a pesar de lo publicado por algunos medios, Moncloa niega que se estén haciendo llamadas directas a determinadas empresas para disuadirlas de contratar expresamente los servicios de Redondo, pero sí confirman a este periódico que las conversaciones se producen en dirección contraria: son las empresas las que se dirigen al Gobierno para consultar «si es a Redondo a quien tienen que contratar para relacionarse con la Administración».

Una «respuesta estándar»

«Nosotros nos limitamos a dar una respuesta estándar. Redondo está de vuelta en el mercado pero no tiene nada que ver con nosotros y no nos metemos en decisiones estratégicas de empresas españolas», señalan desde Moncloa. Es una manera de desmarcarse de la actuación del ex jefe de Gabinete y de trasladar entre líneas la idea de que dentro de Moncloa le quedan muy pocos defensores.

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No obstante, todo ello está obligando a la nueva cúpula del Ejecutivo a «borrar el rastro de Redondo» en dos direcciones distintas. De un lado, los nuevos hombres del presidente se esfuerzan estos días en desmontar la ‘red’ que tejió Redondo con astucia para, entre otras cosas, acabar favoreciendo a empresas con las que tenía buena relación. En este sentido, fuentes gubernamentales ponen como ejemplo el caso de la consultora Llorente y Cuenca (LLYC), empresa en la que Redondo trabajó en el pasado y que solía recomendarsiempre que le preguntaban por el funcionamiento de los fondos europeos.

El segundo rastro que se pretende borrar en Moncloa es el de la comunicación interna. Las informaciones de El Confidencial han provocado un notable malestar en Moncloa porque «se intenta utilizar a los escoltas y personal interno, que es de máxima confianza, para atribuirles una fuga de información». En Moncloa son rotundos al respecto: «Lo único que no es mentira es que quedaran a comer o a cenar» Iván Redondo y los gurús mediáticos del presidente, Miguel Barroso y José Miguel Contreras, «pero todo lo demás es falso. Es mentira que hablaran de la crisis de Gobierno porque Iván Redondo la desconocía hasta la mañana del 10 de julio», como demuestra el hecho de la cancelación de un acto que tenía previsto en Extremadura como jefe de Gabinete en la misma tarde de ese sábado. 

Pero no solo eso. Fuentes gubernamentales explican que, en la misma mañana de la crisis del Gobierno, el presidente empezó a descolgar el teléfono para avisar a algunos de sus más estrechos colaboradores para acudir al Palacio de La Moncloa y entre ellos no estaba Iván Redondo, muestra inequívoca de que iba a caer. Su pérdida de confianza tras la debacle electoral del PSOE en Madrid abrió la veda a su petición de dimisión por parte de la cúpula del PSOE, el tridente Lastra-Ábalos-Calvo, que pretendía derrocar al «mercenario de Moncloa» para promocionar a su némesis, Félix Bolaños, como triunfante de una batalla larvada entre ambos desde hacía meses como exponentes de la lucha Moncloa-Ferraz. 

López, Bolaños y Hernando lo sabían

«Pero Félix no ganó la batalla, la perdió Iván», explican con perspectiva las citadas fuentes ante la limitada proyección de Bolaños en el nuevo esquema de poder gubernamental. El ministro de la Presidencia se hizo con el puesto que exigió Redondo, por el ultimátum de este último al presidente -imperdonable tratándose de Sánchez-. 

La mejor evidencia de que el supuesto encargo de Barroso y Contreras no responde a la realidad es que «el presidente había llamado a Óscar [López] antes de julio para ofrecerle ser jefe de Gabinete», y este había accedido. Lo hizo en paralelo a la reconciliación con Antonio Hernando, que, aunque no entró en la crisis de Gobierno en julio -pese a sonar como ministro-, sino en septiembre para suceder a Llanos Castellanos por sus desavenencias con López, llevaba «meses pasándole papeles al presidente sobre cómo veía la situación política». 

Sánchez tenía cerrado por tanto el núcleo duro del Gobierno antes de principios de julio y, como ocurrió en Murcia con la negociación de la moción de censura entre el PSOE y Ciudadanos, «Redondo se sintió engañado» e intentó resarcirse con una nota en la que se atribuía la autoría de la decisión -«hay que saber parar»-, y filtrando después que Sánchez le ofreció varios puestos para frenar su marcha. 

Según Moncloa, el siguiente paso son las informaciones sobre sus encuentros con ‘los Migueles’, que «pueden ser ciertos pero no su contenido», entre otras cosas porque la relación de Sánchez y Barroso es buena, pero «ni son amigos personales ni el presidente necesita utilizarlos como emisarios porque Pedro no tenía que decirle a Iván nada más que su servicio al país había terminado. Ni le dio explicaciones cuando lo nombró ni se las dio cuando lo quitó». Y ese, que Sánchez no le acoja en su paraguas de protección, es el motivo de la «desesperación» de Redondo, que ha cambiado sus hábiles tácticas win win por una errática deriva pública.

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