Estimado cobarde

Probablemente presumas de progre con los amigos. Me apuesto un voto a que, entre risotada y risotada, los fines de semana repartes estopa, en mesas michelín, a los que tú llamas fachas, que en tu resumen son todos los que no defienden al Gobierno. O los que no aceptan que para ser un hombre de paz es fundamental haber pegado tiros antes. O los que no asumen que a los supremacistas catalanes haya que premiarles por atacar el sistema de libertades de la nación más antigua de Europa. O los que niegan que la transición sea un pesado lastre heredado de Franco que hay que ir desmontando. O los que rechazan, y esto es lo último que defiendes ante tus colegas también progres y resilientes, que hay que limpiar el Congreso de periodistas fascistas, que son todos aquellos que no le dicen a Rufián lo bien que le sienta comer a cuenta del contribuyente español en los principales templos gastronómicos del casposo (y sabroso) Madrid de Ayuso.

Fíjate que has tragado ruedas de molino, solo digeribles desde la pertenencia tribal a una izquierda a la que la derecha acomplejada siempre le ha concedido una superioridad moral casi biológica. Pero como el trágala de pagar el inquilinato de Sánchez en la Moncloa con el señalamiento fascista a un niño de cinco años, quizá la edad del tuyo, porque sus padres quieren que aprenda a Machado en castellano, es lo más repugnante que desde el catecismo socialista te han mandado hacer. Te has visto como progre del régimen teniendo que sostener ante tus amigos que lo de que nos encerraran en casa inconstitucionalmente era fruto de los casposos jueces o la especie de que si los policías están enfadados con Marlaska solo se debe a que están vendidos a Vox. Mira que has tenido que mentir porque la trinchera lo exigía, pero lo del niño de Canet ya es demasiado para ti.

Colocarle la estrella amarilla (tan amarilla como los lazos en las solapas separatistas) a un menor mientras tú miras para otro lado no entraba en tus cálculos. En el credo de Ferraz te enseñaron a dormir a pierna suelta aunque Iglesias tomara el CNI, o a justificar que el jefe supremo copiara la tesis, o a cerrar los ojos cuando la ministra de Justicia más sectaria de la democracia pasaba a ocupar nada menos que la Fiscalía General del Estado. Pero lo del inocente de Canet solo era apto para almas sin escrúpulos como las de Sánchez y Aragonès. Tú creías que para la tuya no. Pero ya ves que estabas equivocado.

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Todavía recuerdas cuando leíste que otra niña, Ruby Bridges (ella «negra», el chaval de Canet, «español»), tuvo que ser escoltada hace 60 años a una escuela «de blancos» en Luisiana cuando la justicia declaró ilegal la segregación racial. Hoy, tú, el buen progre, podrías ser cualquiera de los que amenazaban a Ruby, versión sesentera de tu silencio actual cuando contemplas el totalitarismo en estado puro, el nuevo apartheid, la semilla del diablo en los patios escolares de Cataluña.

Ante ti tienes la obra que dejarás a tu hijo, hija a su vez de tu cobarde silencio. 

Estimado cobarde