Trapero

El fenómeno fan puede llegar a fagocitar al sujeto al que veneran. De icono del independentismo a peón derrotado. Josep Lluís Trapero (56) ha sido la última víctima del proceso soberanista cuando hace cuatro días la Conselleria de Interior de Catalunya le defenestró de su cargo como mayor de los Mossos d’Esquadra (policía catalana) “por falta de confianza” (según fuentes policiales), aunque la versión oficial afirma que se trata de “un relevo generacional”, según el conseller de Interior, Joan Ignasi Elena.

Aquel hombre apuesto que protagonizó unas chocolatinas de edición limitada de la pastelería más antigua de Cataluña (Escribà) con su efigie vestido de Superman y el juego de palabras Trap-Hero y cuyo rostro se imprimió en camisetas con su lapidaria frase “bueno, pues molt bé, pues adiós (batiburrillo de castellano y catalán) surgida en la rueda de prensa tras el atentado de las Ramblas barcelonesas del 17 de agosto de 2017 en la que se negó a hablar la lengua de Cervantes ante el requerimiento de un periodista holandés que se marchó enojado del lugar, ya forma parte del imaginario colectivo del procés.

A pesar de haber politizado el atentado, varios diarios extranjeros le calificaron como “el héroe de España” por haber sido el cerebro del operativo que sirvió para capturar a los cabecillas del atentado de Barcelona y Cambrils (Tarragona).

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Puigdemont junto a Trapero, entonces mayor de los Mossos
Puigdemont junto a Trapero, entonces mayor de los MossosAFP

Cuando Carles Puigdemont le nombró mayor, el cargo más alto de los Mossos que estaba olvidado desde hacía una década, el entonces presidente de la Generalitat pensaba que tenía a un aliado inquebrantable. Pero fue una ilusión óptica. Su ímpetu por crear un estado independiente en forma de república conllevó que el mandamás catalán llevara a cabo el referéndum del 1-0 de 2017 por el que Trapero fue acusado por inacción para favorecer a su valedor que, días después, promulgó la Declaración Unilateral de Independencia de Cataluña (DUI) sin que ésta tuviera validez jurídica. El enfado de Rajoy fue mayúsculo. No tardó en reaccionar. Se aplicó el artículo 155 por el que Puigdemont fue apartado del poder y Trapero declaró en la Audiencia Nacional por un presunto delito de rebelión que posteriormente fue rebajado al de sedición.

OSTRACISMO

Atónitos se quedaron los de PdeCat y la CUP. Su patrullero-escudero les había traicionado. En la declaración, Trapero confesó que lo tenía todo preparado para detener a Puigdemont, Junqueras y el resto del grupo. Así evitó enfrentarse a una pena de 11 años, pero el Gobierno español le cesó en el cargo. Tres años de ostracismo en los que hizo labor de despacho hasta que en noviembre de 2020 volvió a sus quehaceres. Pero la venganza es un plato que se sirve frío y los independentistas de la corte de Pere Aragonès, en vez de hacerle la ola, le arrastraron hacia la corriente para finiquitarle definitivamente. 

Menos mal que Josep Lluís Trapero tiene en su familia el mejor amparo que puede desear. Aunque no estaba entre sus planes lo de ser papá, con su pareja de toda la vida, Sonia Jiménez (45), tuvo a una preciosa niña llamada María en 2019 que se ha convertido en su luz. En los momentos complicados contó con varios hombros sobre los que llorar (hermano, hermana y amigos íntimos) pero, sin duda alguna, su madre Laura fue el motor que insufló energía a un hombre forjado a sí mismo tras licenciarse en derecho en la UOC (Universitat Oberta de Catalunya) a la que ha estado vinculado Manuel Castells y su mujer, Emma Kiselyova, y obtener un posgrado en Seguridad Pública. Además, estudió un curso en el FBI. 

Para este hijo de taxista vallisoletano a quien familiarmente llaman José y que siempre había hablado en castellano, Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) es la cuna de su corazón a pesar de que ahora vive en pijolandia, Sant Cugat del Vallés, el tercer municipio más rico del país tras Pozuelo de Alarcón y Boadilla del Monte. Nacer en el seno de una familia charnega y obrera imprime carácter. De niño parece que ya tenía clara su vocación de servir y proteger porque un vecino le encargó que cuidara de la fachada de un edificio recién pintada y su padre le enseñó el valor de la cultura del esfuerzo y eso siempre lo ha llevado a rajatabla aunque su progenitor falleciera hace doce años. 

Le tiene un gran cariño al huerto de Vilafranca del Penedés heredado de su padre en el que se entretiene cultivando verduras y hortalizas. Ahí es donde se para el tiempo. El relax también lo encuentra en las notas de Joan Manuel Serrat que le han calado tan hondo que no dudó en tocar a la guitarra Paraules d’amoren la célebre reunión con paella indepe en can Rahola en Cadaqués (Girona) junto a Puigdemont, Marcela Topor y Joan Laporta que, dicho sea de paso, fichó el pasado abril a Ferran López (sucedió a Trapero tras su cese y también es hijo de taxista radicado en Santa Coloma) y a quien recientemente acaban de rescindir su contrato.

Cómo perder el trabajo y la confianza

Los orígenes familiares de Josep Lluís Trapero -hijo de taxista nacido en Valladolid- no le impidieron llegar a lo más alto de los mossos, la policía autonómica catalana. Puigdemont creyó que tenía una aliado inquebrantable, pero tras su declaración en la Audiencia Nacional por su participación en el referéndum independentista ilegal de 2017, Trapero perdió el apoyo ‘indepe’. Después de tres años de ostracismo haciendo labores de despacho, en 2020 volvió a su puesto de mayor de los mossos. Hasta esta misma semana

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