desastre de película

A mí me pareció un bodrio simplón y sin la menor gracia, pero para mi amigo es una sátira divertidísima de nuestra sociedad. Donde yo solo veo un intento de la izquierda americana de seguir haciendo propaganda zafia contra el trumpismo, él descubre una crítica ingeniosa de lo que ocurre en España y eso le divierte.


Tomando el aperitivo de fin de año con un buen amigo, de gusto más refinado que el mío, hemos debatido sobre la polémica de estos días, la película de Netflix «Don´t look up». A mí me pareció un bodrio simplón y sin la menor gracia, pero para él es una sátira divertidísima de nuestra sociedad. Donde yo solo veo un intento de la izquierda americana de seguir haciendo propaganda zafia contra el trumpismo, él descubre una crítica ingeniosa de lo que nos ocurre en España y por eso le divierte tanto.

Lo mismo sucede con la infinidad de manuales publicados en los últimos tiempos contra el populismo. La mayoría han sido escritos por progresistas americanos tratando de explicarse el fenómeno Trump y denunciar sus perversiones. Sin embargo cuando los leemos en España, lo que nos sale indefectiblemente es el fenómeno Sánchez: las mismas mentiras y manipulaciones, similar desprecio a los medios de comunicación e idéntico abuso de las instituciones.

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¿A qué político más que a Trump u otro similar se le hubiera ocurrido decir aquello de que la pandemia ha sido un acelerador de reformas? Esta sentencia tan propia del histriónico expresidente americano, ha salido del mismo Pedro Sánchez al que no se le cae la palabra «empatía» de la boca. Esa perla de su balance de fin de año dice mucho de cómo ejerce el presidente su empatía hacia esas más de 100.000 familias españolas que han perdido alguno de sus miembros por COVID.

No existe un comportamiento más parecido a la sátira de la película que el protagonizado por Sánchez y su Gobierno frente a la pandemia. Llamar a la manifestación del 8 de marzo cuando el coronavirus ya estaba colapsando las urgencias de los hospitales, todavía hoy, resulta inconcebible, pero así ocurrió. Recordar a Carmen Calvo diciendo que mata más el machismo que el coronavirus parece una broma de mal gusto, pero también sucedió. Por tener, hasta hemos tenido a Fernando Simón, como Leonardo di Caprio, en el papel del científico al servicio de la política y a un gracioso en la tele cantando aquello de «¡Coronavirus, oe, oé!». Nada fue una sátira ni un desvarío de los guionistas de Netflix. El esperpento fue real y sus consecuencias terribles.

Afortunadamente, gracias a las vacunas, la pandemia va camino de convertirse en algo muy distinto y mucho menos grave. Estamos a punto de vencer la enfermedad, pero no de corregir los comportamientos políticos; ahí tienen esa inflación del 6,7 por ciento que el Gobierno se empeña en no mirar. Del mismo modo ignora el agujero desbocado de la Seguridad Social o nuestro creciente retraso respecto a la recuperación que se está produciendo en Europa. El Gobierno nos dice que no miremos la crisis, que solo atendamos a los fondos europeos y a las vacunas, pero ya sabemos cómo termina esa historia y ¡maldita la gracia!

En cuanto a la película de marras, como me fio del criterio de mi amigo, volveré a verla para decidir si me parece o no un desastre. El de la política está más que confirmado.

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