efecto Padilla

Cuando vi el vídeo, mientras me secaba las lágrimas de tanto reír, pensé que era una broma. Seguramente ustedes lo habrán visto también. Paz Padilla, actriz y humorista, habla en directo con María del Monte, cantante, y con Anne Igartiburu, presentadora de televisión. Padilla explica (las otras dos tratan de contestar, pero es inútil) que las vacunas contra la covid-19 no sirven para nada, porque están hechas con la proteína “espaider”, que sirve para el “virus de Luján”, que entra por la puerta; pero que ahora hay otro, el “ornitrón” u “oritrón”, que entra por la ventana, así que no hay nada que hacer. Olvida Padilla explicar que, al abrir a la vez puertas y ventanas, se habrá formado una corriente de aire que habrá aventado hasta la calle al virus de Luján, al ornitrón, al espaider y a sus respectivas y reverendas madres, con lo cual se acabaría el problema. Catarros aparte, quiero decir; porque las corrientes de aire, con estos fríos, son malísimas.

Aunque no sé si era una broma. Quizá lo dijo en serio, quizá eso tan desternillante es lo que Paz Padilla piensa de verdad. Podría ser pero, en realidad, da lo mismo. La oleada de carcajadas ha sido de tal magnitud que carece de importancia si lo dijo en serio o si era uno de sus gags; en este caso, desde luego, uno de los mejores. El virus de Luján. El ornitrón ventanero. Hay que ser muy, muy bueno para inventar eso.

Padilla nos ha puesto delante de las narices una realidad incontrovertible: la inmensa oleada de cuñaos que nos rodean y a la que, en cuanto nos descuidamos, nos agregamos nosotros mismos. La colosal cantidad de gente que habla de esto y de aquello (de la pandemia, en este caso) sin tener ni puñetera idea de lo que dice, sin disponer de la más mínima formación ni información para opinar. Y esos cuñaos actúan siempre igual: irrumpen en una conversación sin dejar hablar a los demás, como tantos tertulianos de la tele; con modos chulescos, avasalladores, seguros de sí mismos, alzando la voz, despreciando lo que puedan decir o pensar los demás. Ellos tienen una explicación sencilla para asuntos complicados. Ellos son tan ignorantes como cualquiera (seguramente más), pero se esfuerzan bravuconamente en no parecerlo: fingen saber lo que dicen y dan por hecho que los demás somos todos tontos. Eso es lo que hace (o finge hacer, no sé) Paz Padilla con su desternillante explicación del ornitrón, del espaider y del virus de Nuestra Señora de Luján, venerada patrona de Argentina.

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Ese vídeo maravilloso ha ridiculizado de tal manera a los antivacunas que aún puedan quedar, que el Ministerio de Sanidad debería nombrar a esta mujer Hija Predilecta o cosa que lo valga

En España, por fortuna, hay relativamente pocos negacionistas y antivacunas, al menos en proporción al total de la población, pero cuñaos tenemos para exportar. Por eso a mí me ofende la cellisca que se ha abatido sobre Paz Padilla después de ese vídeo: la están poniendo a caldo pajarero, como quien dice, por negacionera y sobre todo por tonta. No lo es. O da lo mismo si lo es. Ese vídeo maravilloso ha ridiculizado de tal manera a los antivacunas que aún puedan quedar, que el Ministerio de Sanidad debería nombrar a esta mujer Hija Predilecta o cosa que lo valga. Que la contraten. Estoy convencido de que entre todos los estrategas de comunicación que asesoran a la ministra Darias no hay ni uno solo capaz de inventar algo tan prodigioso como el ornitrón, ese virus volandero que entra por la puerta pero sale por la ventana. O al revés, no me acuerdo ahora.

Propongo formalmente que ese vídeo sea doblado o subtitulado al inglés y sobre todo al alemán; y que el gobierno se gaste un dinero, tampoco mucho, en difundirlo en Austria y en Alemania, donde los fanáticos negacionistas son más que aquí y se toman a sí mismos en serio. Estoy convencido de que cuando vean a la genial Padilla haciendo de cuñá y explicando por dónde entra y por dónde sale el ornitón, ton, ton, sentirán tan profunda vergüenza que es posible (deseable, por lo menos) que revisen sus dogmas irracionales y su negación de la realidad.

En Italia, el gobierno ha decretado la vacunación obligatoria para los mayores de 50 años. No entiendo por qué se discrimina a los que tienen menos de esa edad, pero estoy de acuerdo. En Francia, el presidente Macron ha expresado con toda claridad (quizá con demasiada claridad) sus ganas de “joder” a los antivacunas y limitar en lo posible su actividad social. Monsieur le Président, je vous digue tout ça en français padillesque: difundez par toutes les partes le vidéo hilarante de Madame le Padille et vous verez trés pront comme cette pande de gilipuá antivacunistes non se atreven pas a salir de la maison. Cordialement, etc. etc.

Lo que pasa es que afecta mucho menos a los pulmones y también, y sobre todo, que se enfrenta a una población muy mayoritariamente vacunada, mi muy querida y admirada señora Padilla

Los periodistas y escribidores llevamos ya mucho tiempo dedicados a la caza del virólogo. Cuando aparece un virólogo por las proximidades, aunque sea para pasar las fiestas, zas: se le captura, se le entrevista, se le extrae su opinión sobre la variante omicrón (de soltera, ornitrón) y hala, a por el siguiente. Unos virólogos dicen una cosa y otros dicen otra, como no podía ser de otro modo. El lío que se arma es considerable pero todos, sin excepción, están de acuerdo en una cosa: esta última mutación del bicho, muchísimo más contagiosa que ningún otro virus conocido en la historia humana, no es más débil que las versiones anteriores. Lo que pasa es que afecta mucho menos a los pulmones y también, y sobre todo, que se enfrenta a una población muy mayoritariamente vacunada, mi muy querida y admirada señora Padilla. Por eso su virulencia, su gravedad y desde luego su capacidad de matar es menor que la de las variantes anteriores, incluidas las de Luján, la de Lourdes y la de Fátima.

Uno de mis sobrinos, al que quiero mucho, se ha contagiado por segunda vez; le digo que se anime, que a la tercera igual le regalan una cubertería o cosa así

Mi padre ha pillado la “ornitrón”. No sabe cómo. Pero tiene tres dosis de vacunas (además de que hizo la mili en Ceuta, algo de lo que ha presumido siempre) y está como una rosa, apenas un poco de fiebre y pasando el aspirador por casa, que es uno de sus deportes favoritos desde que yo le conozco. Mi amigo Óscar también lo ha pillado y está como de costumbre, hecho un sol. Bueno, tose un poco. Uno de mis sobrinos, al que quiero mucho, se ha contagiado por segunda vez; le digo que se anime, que a la tercera igual le regalan una cubertería o cosa así. Yo, de momento, me voy librando; diría que empiezo a sentirme discriminado, pero no me parece una buena broma. Al menos, está claro que no puede ni compararse con el humor ornitronero de la gran Padilla.

Al final –esto también lo dicen los virólogos, al menos la mayoría– sucederá lo que ya vamos viendo todos. Quienes se contagien y estén vacunados pasarán, si acaso, una gripe, o quizá ni eso. Pero quienes se contagien sin estar vacunados, una de dos: o viajarán al Oriente Eterno, como tantos han viajado ya, o las pasarán más p… que en vendimias, como dicen en mi tierra. Y no morirán porque el sistema sanitario, que pagamos todos, se ocupará de que su fanatismo no les mate. Por eso está usted viva, señora Padilla; por eso, a pesar de que le haya infectado la covid, tiene la suficiente salud como para grabar ese desternillante vídeo en el que dice que las vacunas no sirven para nada. Lo ha podido grabar porque está vacunada. ¿Lo entiende, guapina?