escándalo de Alberto Garzón

La enésima polémica en el peor de los momentos. A poco más de un mes para que Castilla y León celebre elecciones, las polémicas declaraciones de Alberto Garzón sobre la calidad de la carne española ahondan en el difícil panorama que vive Unidas Podemos en el mundo rural, el verdadero agujero morado.

Un escenario en el que trata de sobrevivir, incapaz de haberse consolidado orgánicamente, escaso de militancia, y sin aceptación a un programa que, pasado el momento inicial de la explosión (2014-16), tiene verdaderas dificultades para atraer al votante de provincias.

El mensaje del ministro de Consumo en The Guardian -«existe un interés en Reino Unido por conocer nuestras líneas de trabajo», presume- amenaza con profundizar en la sangría de electores morados en Castilla y León, donde pasó de 10 procuradores a dos en los últimos comicios autonómicos.

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Pero ni es sólo Garzón ni es sólo la carne ni es sólo Castilla y León. La desafección entre el electorado de la España interior y Unidas Podemos ha sido la prueba más sangrante de su repliegue desde que Pablo Iglesias y Alberto Garzón pactaron la coalición para los comicios de junio de 2016.

Ha pasado de ganar 10 diputados entre Castilla y León (3), Castilla-La Mancha (2), Extremadura (1), Cantabria (1), La Rioja (1) y Aragón (2) a conservar sólo uno, el de Zaragoza, donde el peso demográfico es diferencial, mientras cedía el de Huesca. Esa caída de 10 a 1, si se hubiese extendido al resto del país, tendría a Unidas Podemos con 7 diputados, y cuenta con cinco veces más (35), hasta el punto de ser Gobierno.

Agricultura, ganadería, caza…

En esas seis comunidades el peso del mundo rural es desequilibrante. Son territorios donde el valor de la agricultura y la ganadería es notable, o donde la explotación cinegética es un activo económico, o donde, además de la caza, es incuestionable el peso de los toros en la cultura, o donde la reivindicación de España como nación es muy transversal… Son autonomías, además, donde Podemos en solitario y en su primer intento con IU evidenciaron el salto que representaban dentro de su espacio político. Ni el Partido Comunista ni Izquierda Unida, en 1979 y 1996, sus respectivos topes de apoyo (23 y 21 escaños), lograron diputados en ninguna de las seis comunidades autónomas citadas.

Unidas Podemos se ha achicado en esas circunscripciones hasta calcar al PCE e IU, con la excepción de Zaragoza, que encaja dentro del escenario urbano al que hoy debe su botín electoral. Madrid, Barcelona y Valencia le reportan 12 diputados, un tercio del total. En Cataluña y la Comunidad Valenciana, además, se mezcla con el nacionalismo, un cocktail que es el según gran manantial morado (tres diputados en Euskadi, dos en Galicia, dos en Baleares, uno en Navarra).

Y la tarta se completa con Andalucía, donde el arraigo del PCE-IU le permite sostenerse con seis diputados. El diputado por Asturias ha sido casi un fijo del PCE a IU, que ya logró un escaño por Murcia hace 25 años. Así, la única excepcionalidad que Unidas Podemos establece con sus abuelos padres son los dos diputados canarios, donde produce el carisma de Alberto Rodríguez, hoy apartado por el Supremo.

Ese hundimiento en el España interior, impidió a Podemos enraizar y consolidar una estructura en toda España. En las Castillas, Extremadura, Aragón, La Rioja y Cantabria pasó de 40 puestos a 13 en los Parlamentos autonómicos.

En Castilla-La Mancha llegó a tener diputado por tres provincias y hoy no tiene representación; en Castilla y León tuvo procuradores por siete provincias (todas salvo Soria y Ávila y por duplicado en Burgos, León y Valladolid) y hoy sólo existe por las dos últimas; en Cantabria, pasó de tres a cero; en Extremadura, se dejó dos de los seis; en La Rioja, perdió la mitad de sus cuatro; en Aragón llegó a sumar 14 (cuatro en Huesca, dos en Teruel) y hoy le quedan cinco (tres de Zaragoza).

Batalla con Planas

Un declive acelerado que no le ha llevado a cambiar su discurso en tierras vaciadas. Al contario, Unidas Podemos intensifica su pulso con Luis Planas, ministro de Agricultura, a causa de la futura Ley de Bienestar Animal, que pone el foco en la situación de los perros de caza.

Pese a que los morados insisten en que el texto legislativo no afecta a esta actividad, el sector cinegético asegura no haber participado en la elaboración de la ley y denuncia que de manera encubierta lastra a un sector que es sustento para casi 200.000 personas. Unidas Podemos cree que Planas mantiene paralizado en el Consejo de Ministros, por presiones, la ley del ministerio de Ione Belarra.

Y esta semana los morados registraron en el Congreso una pregunta al ministerio de Agricultura en la que señalan que el «contacto» de este departamento con los «lobbies procaza» se encuentra in crescendo en los últimos tiempos y consideran que Planas trata de diferenciar legalmente a los perros domésticos de los empleados para la caza.

«¿Qué motivación existe en apoyar a un ínfimo porcentaje de la población, los cazadores, desprotegiendo a decenas de miles de canes?», pregunta el líder de Alianza Verde, Juan López de Uralde, a Luis Planas, a quien los ganaderos han pedido en las últimas horas que defienda al sector primario ante los «ataques» de Alberto Garzón.

El también líder de Izquierda Unida achaca, precisamente, a las cercanas elecciones autonómicas en Castilla y León la polémica en torno a la ganadería intensiva. Fue Alfonso Fernández Mañueco, acusó, quien lanzó la «bola» con «intereses partidistas». Horas antes aseguró que el «bulo», por el contrario, lo había cocinado a fuego lento el «lobby de ciertas grandes empresas que promueven macrogranjas contaminantes».

El resultado es el de una campaña electoral que llega incluso antes de la precampaña misma y con los principales partidos tejiendo su agenda en el corto plazo en Castilla y León. El propio Pedro Sánchez estará este domingo en Palencia con Luis Tudanca.

Lo cierto es que la cita electoral del 13-F será una fecha clave para los morados -por primera vez en esa autonomía, en coalición con IU-. Acuden por primera vez a unas elecciones desde la salida de Pablo Iglesias de la política y deberán sortear el difícil reto de articular un proyecto que haga de embrión del frente amplio que busca Yolanda Díaz.