estrategia del PP

El PP ha hecho suyo, con la reforma laboral del Gobierno, el “no es no” que impulsó en su día Pedro Sánchez para rechazar la investidura de Mariano Rajoy. A pesar del debate interno que está suscitando esta postura y de las voces que apuestan por una abstención, Pablo Casado lo tiene claro: si Moncloa no logra el apoyo de sus socios de investidura, solo podrá salvar al Ejecutivo Vox… Y no el PP.

Esa es, de hecho, la consigna que la dirección nacional del partido ha trasladado al Grupo Popular del Congreso “desde el minuto uno” después de conocerse el pacto entre el Gobierno y los agentes sociales y la aprobación de la propia reforma por parte del Consejo de Ministros.

En el PP admiten que el texto pactado por Trabajo, patronal y sindicatos “no es tan malo” como el esperado, pero supone una “enmienda” a la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy en 2012: “Al final, es una contrarreforma, una enmienda a una medida nuestra y que funciona. Por eso, no podemos apoyarla”.

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La abstención, sin embargo, empezó a sonar con fuerza en las filas populares como una “vía intermedia” posible. Desde Génova, sin embargo, esa puerta siempre estuvo cerrada. Primero, se destacó que la reforma venía de un decreto y no de un proyecto de ley, por lo que podía ser recurrible, incluso, ante el Tribunal Constitucional

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Además, en el PP destacaron las dudas que el texto generaba en importantes empresarios, que trasladaron a la sede nacional del partido la petición de “no ceder ante Sánchez” como había hecho Garamendi.

Una nueva pinza PSOE-Vox

Más allá de estos argumentos jurídicos y económicos, en Génova y en la dirección del Grupo Popular en el Congreso vieron, desde el primer momento, una oportunidad para forzar una nueva pinza entre el Gobierno y Vox, como la que se produjo hace justo un año, en enero de 2021, para sacar adelante el decreto de los fondos europeos.

Como ya sucedió hace doce meses, el Gobierno no tiene, ni mucho menos, atados los apoyos necesarios para sacar adelante la reforma laboral. ERC y Bildu mantienen a día de hoy su rechazo al texto si no se introducen importantes modificaciones, y el Ejecutivo solo podría sacarlos adelante con el ‘sí’ de PNV y de Ciudadanos. 

Los nacionalistas vascos se muestran más proclives a ese voto favorable que la formación naranja, que por el momento solo confirma que está dispuesta a no rechazarlos. La abstención de Cs, y el ‘sí’ de los cuatro diputados del PDeCat, podría no ser suficiente para garantizar la mayoría absoluta, siempre y cuando ERC, Bildu, Más País y Compromís se mantengan en el ‘no’-

De esta forma, tal y como pasó en enero de 2021, el Gobierno necesitaría, sí o sí, la abstención del PP… o de Vox. Si ese escenario se produjera, en Génova lo tienen claro: “Que sea Vox el que vuelva a salvar a Sánchez”.

Los dirigentes del PP consultados recuerdan que, hace un año, “una llamada de Carmen Calvo a Espinosa de los Monteros, que nunca nos han explicado, salvó al Gobierno con el decreto de los fondos europeos”. Ahora, insisten desde la dirección del Grupo Parlamentario, si Sánchez no cuenta con sus socios de investidura, deberá volver a recurrir a la “muleta de Vox”.

Distancias con Vox y Cs

El Partido Popular, con esta postura, vuelve a marcar distancias con sus grandes rivales electorales, Vox y Ciudadanos, en un momento clave: a poco más de un mes para las elecciones autonómicas en Castilla y León.

En Génova dan por hecho que los de Inés Arrimadas “harán lo que haga falta” para salvar la reforma laboral, “a pesar de que va en contra de su liberalismo con el fin de la flexibilización y la temporalidad”. Sobre Vox, las mismas fuentes insisten: “Habrá que ver qué votan si el Gobierno les necesita… y qué les ofrece Moncloa a cambio”.

La maniobra para marcar distancias con Vox y Ciudadanos, además, supone todo un aviso a navegantes sobre el escenario postelectoral en Castilla y León: “Nuestro objetivo es gobernar en solitario porque tenemos diferencias con estos partidos, aunque también hemos demostrado que podemos llegar a acuerdos”.