ataque a Sánchez

Las elecciones autonómicas de este año, en Castilla y León y en Andalucíano se espera que sean comicios de fuerte movilización. Serán de fidelidades y en clave local, anticipan los gurús electorales de los dos partidos. Pero esto no quita para que sean también unas elecciones muy importantes tanto para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como para el líder de la oposición, Pablo Casado, y, por ello, los dos las plantearán como un duelo en clave nacional en el que medirán sus fuerzas y sus discursos.

El «modelo Ayuso» está encima de la mesa porque funcionó en unas circunstancias complejas, y mejor de lo esperado. Por eso, en el PP creen que seguir colocando en el centro de la diana al jefe del Ejecutivo, y buscar el choque con él, también desde el plano autonómico, es la mejor salida que tienen a su alcance para intentar neutralizar a Vox en las urnas. «La clave está en tener liderazgo nacional y en la gestión de nuestros gobiernos».

La oposición cree que la política nacional juega a su favor, y que los líderes autonómicos socialistas no lo tienen fácil para sacudirse el desgaste del presidente del Gobierno cuando todavía no ha dado tiempo a que la recuperación económica se sienta en las carteras de los ciudadanos.

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Doble “caravana”

En Castilla y León, el primer examen electoral, el PP exportará el modelo de la doble «caravana», la del presidente del partido y la del candidato. Una estrategia que ya inauguró el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, con tan buen resultado que le llevó a una mayoría absoluta.

Casado tendrá su agenda, muy intensa, y centrada, sobre todo, en ciudades intermedias. Y el candidato, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, llevará más el peso en el mundo rural y en las capitales de provincia. El jefe de la oposición y el candidato coincidirán, en principio, sólo en tres actos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, apoyará en la campaña en Castilla y León, y también lo hará en Andalucía, a falta de que se fije la fecha de la convocatoria.

Los partidos afrontan el diseño de sus estrategias sobre la convicción compartida respecto a que son elecciones en las que la movilización será difícil. Entre el frío, la pandemia y la falta de ambiente político, «lo natural es que muchos no voten», reflexionan en la cocina electoral del PSOE.

El líder, un complemento

Aunque políticamente sean relevantes, es difícil que ocupen mucho espacio en los medios nacionales, y esto explica, según el PP, que el protagonismo lo lleve Mañueco en las «plazas» prioritarias y que Casado actúe de complemento, igual que hizo el ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy con Feijóo.

Estas próximas elecciones autonómicas serán, ante todo, un termómetro para la fuerza territorial de Vox y su capacidad de condicionar los gobiernos del PP, ahora que Ciudadanos (Cs) emite señales de un derrumbe irrecuperable. Hay estudios desmocópicos, que manejan los partidos, que están detectando que la caída tan fuerte de la formación naranja está llevando a que comience a haber voto de este partido que llega al PSOE.

Como confirman todos los sondeos, el grueso se está yendo a las arcas del PP, pero la caída en apoyo popular de Cs es tan radical que hasta el voto más escorado al centro izquierda, que en su día apoyó a Albert Rivera, también está volviendo a las siglas socialistas.

Confrontación

Aunque los estrategas electorales creen que en estos comicios, a diferencia de lo que ocurrió en la Comunidad de Madrid, el voto no se decidirá tanto por la variable nacional, la confrontación de Sánchez y Casado será un elemento central de los discursos y contaminará la relación entre los dos líderes para todo lo que queda de Legislatura.

El objetivo del PSOE es que Vox esté lo más fuerte posible. Si no gobiernan, y las encuestas las tienen en contra, al menos que estas elecciones, y las andaluzas, sean la excusa para poder movilizar a la izquierda bajo la agitación de la manida pancarta de la amenaza de la extrema derecha.

Estudios internos del PP apuntan a que esa dependencia de Vox está en el aire, y la pregunta es cómo de grande será. El PSOE parte de una situación en la que puede resignarse a seguir fuera del Gobierno en Castilla y León si, a cambio, puede decir que el PP está atado a Vox, y que esa ecuación es la supuesta amenaza que se cierne sobre La Moncloa. La estrategia socialista para dar aire al partido de Santiago Abascal se amplificará desde Madrid. Es la tirita que busca Sánchez para poner sordina a sus derrotas.

En el caso de Andalucía, la derrota socialista tiene un coste mucho más alto, que no podría compensar, ni siquiera, con la posibilidad de que el actual presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, tenga que depender en el futuro del pacto con el partido de Abascal.

En Génova se nota el optimismo. En las direcciones autonómicas, sin embargo, lo rebajan y piden cierta prudencia porque «hay muchas variables» que no se pueden controlar desde el mando del partido y que pueden echar por tierra las expectativas. Variables que van más allá de Vox y de las plataformas del mundo rural.

Ayuso arranca el año en clave nacional

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tiene esta mañana el apoyo de la cúpula del partido en el desayuno informativo que protagoniza. En la comitiva nacional está el secretario general, Teodoro García Egea. No está Pablo Casado porque sigue aún confinado, después de haber dado positivo en covid. Génova y Sol tienen todavía pendiente de resolver la fecha del próximo congreso regional, en el que se decidirá la presidencia del PP de Madrid. Ayuso ya anunció en septiembre su candidatura a ese puesto. La asistencia de García Egea al acto de Ayuso entra dentro de una normalidad básica, que se convierte en noticia por el pulso abierto por el control de la organización madrileña y las lecturas del mismo en clave nacional. En el partido confían en que esta tensión se rebaje lo máximo posible para que no afecte al calendario electoral de este año.