Ciudadanos

Todos éramos conscientes de estar asistiendo a los últimos coletazos electorales del partido naranja, pero quién nos iba a decir que, en lugar de morir matando, los de Arrimadas se iban a suicidar a la japonesa, dejando al descubierto lo peor que anidaba en sus entrañas para vergüenza de muchos de los millones de sus antiguos votantes.

Resulta incomprensible que, ante el adelanto electoral en Castilla y León o el que se prevé en Andalucía, Ciudadanos haya decidido volver a enarbolar una bandera que se ha demostrado fracasada, como es la de liderar una supuesta lucha contra el advenimiento del fascismo personalizado en Vox. Para ello no solo están recurriendo a la brocha gorda, sino a comparaciones y equivalencias con las que exhiben un execrable relativismo moral más propio de formaciones como Podemos que de un partido que se autoproclama liberal: no hay divergencia ideológica ni tacticismo electoral que justifique equiparar a Bildu con Vox.

Este pasado fin de semana, los economistas Daniel Lacalle (PP) y Toni Roldán(Cs) se enzarzaron en un debate en Twitter a cuenta de los pactos. El que fuera diputado popular recriminó al actual director del ESADE la disposición de los naranjas a apoyar gobiernos con la ultraizquierda mientras se niegan a hacerlo si de ellos forma parte Vox. La respuesta de Roldán fue la de mostrar su disgusto con los gobiernos populistas en general, para seguidamente calificar a los del partido verde de abiertamente racistas, nacionalistas, xenófobos, reaccionarios, negacionistas con la ciencia, populistas económicos, anti-europeístas pro-Trump y dudosamente demócratas.

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Ante este rosario de calificativos por parte de alguien que lleva meses insistiendo en la necesidad de ofrecerse abiertamente a pactar con el Gobierno a pesar de los continuos desprecios de los de Sánchez, entenderán que la que suscribe le interpelase para que diese su opinión sobre Bildu, uno de los muchos socios del actual Ejecutivo. Y la respuesta del Sr. Roldán fue un escueto: «Pues muy parecidito a Vox, en versión País Vasco, Lupe». Yo no salía de mi asombro y muchos dirigentes y votantes de Ciudadanos, tampoco. Así que me van a permitir que le dirija al susodicho unas palabras, que hago extensivas a otros miembros del partido que suscribieron sus reflexiones, entre ellos Francisco Igea, el candidato a la Junta de Castilla y León.

Bildu es un partido que no solo no condena el terror, el asesinato y la sangre en nombre de un fin político, sino que además lo justifica, lo ensalza y hunde sus raíces en el brazo político del terrorismo etarra. Bildu homenajea a los ejecutores de miembros del partido socialista con el que ahora pacta y en breve pretende gobernar en el País Vasco. Bildu ampara a quienes segaron la vida de inocentes de forma cobarde, arrebataron hijos a sus padres y dejaron huérfanos a cientos. Bildu representa al zulo, al impuesto revolucionario, al tiro en la nuca y a la bomba en el centro comercial. Bildu es la mierda hecha política, Sr. Roldán.

Y ya que tanto gusta usted de reconocerse en los estándares europeos, ya le digo yo que no va a encontrar en Europa ningún partido que gobierne con apoyos semejantes. Porque por mucho que a usted le pese, Sr. Roldán, la realidad es que el partido socialista al que usted se empeña en redimir para aplacar su mala conciencia, prefiere gobernar con la mierda infecta que es Bildu a hacerlo con Ciudadanos.

Como le expliqué en nuestro intercambio tuitero del otro día, ni el populismo, ni el nacionalismo, ni la eurofobia son delito, pero el terrorismo y su exaltación sí. Vox es el partido en el que militan o con el que simpatizan algunas de las víctimas, mientras que Bildu es el partido que representa a los ejecutores. Es lamentable que usted los meta en el mismo saco recurriendo a etiquetas que pueden predicarse fácilmente de otros muchos partidos de la escena nacional, a algunos de los cuales también prefiere Sánchez como socio antes que a la formación en la que usted milita, por cierto.

Tampoco quiero dejar de recordar que la democracia, además de predicando, se defiende obrando, y que mientras Ciudadanos apoyó sin fisuras estados de alarma inconstitucionales que el sanchismo instrumentalizó para sustraerse del control de los pesos democráticos, fue Vox el que los recurrió ante el Tribunal Constitucional.

Pero lo más lamentable de todo es, posiblemente, que ante la reacción suscitada por su execrable comparación, el domingo intentase explicarse escribiendo una serie de tweets encadenados en los que fue incapaz de usar la palabra «terroristas» para referirse a Bildu o a su entorno. «Miembros directamente relacionados con episodios de violencia», los llamó usted. Con lo bien que se le da el etiquetado corto y escueto cuando se trata de Vox y lo que le cuesta sintetizar si los descritos son los filoetarras. Da qué pensar.

Un liberal, que es como usted gusta de posicionarse en el espectro político, sabe reconocer los peligros de banalizar el mal de los que advertió Arendt y tiene muy presente la paradoja de Popper, que llamó a los demócratas a tolerarlo todo menos la intolerancia, a la que identificó con la incitación y la justificación de la violencia. Deje usted de blanquear a los intolerantes etarras y llámelos por su nombre.

Pero no sería justo terminar este artículo sin agradecer a gente como José Ramón Bauza o Fernando Navarro, personas relevantes dentro de Ciudadanos, por mostrar abiertamente su desacuerdo con su comparación y ser capaces de anteponer la dignidad y el honor a las convulsiones electorales de su partido. No es necesario que compartamos los postulados ideológicos de Vox para criticar la barbaridad indecente que supone asemejarlos a los herederos de ETA.