Aragonès

Pere Aragonès, presidente de la Generalitat de Cataluña, ha vivido un sonoro ridículo en Bruselas, donde este jueves se reunió con el comisario de Justicia, el belga Didier Reynders, y ayer viernes lo hizo con el de Mercado Interior, el francés Thierry Breton.

Las reuniones habían sido presentadas por la Generalitat como la recuperación y normalización de la relación entre la administración catalana con las instituciones europeas, y Aragonès se hizo acompañar de un importante séquito de prensa catalana.

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Desde la Generalitat, en los días y horas previas al encuentro, se destacó que la reunión entre el comisario y el presidente autonómico versaría sobre Pegasus y el espionaje sufrido por dirigentes políticos independentistas. Pero la realidad es que a la finalización de la reunión Aragonès sufrió un varapalo que no esperaba. Desde la cuenta oficial de Twitter del comisario, se indicó que en el encuentro el comisario había hablado con Aragonès de «la importancia de garantizar la plena aplicación de las sentencias judiciales y el cumplimiento de las normas de seguridad nacional con la legislación de la UE».

El mensaje de Reynders hace referencia directa a la sentencia incumplida por parte de la Generalitat, mediante un acuerdo con Pedro Sánchez, según explicó Aragonès la semana pasada en una entrevista en TV3, sobre la aplicación de un 25 % de horario lectivo en español en los colegios de Cataluña.

Malestar en Bruselas

La decisión de lanzar este mensaje tras la reunión se tomó en Bruselas cuando se constató que desde la Generalitat se estaba instrumentalizando esta reunión para los fines políticos del independentismo. Las Comisión Europea es muy estricta con la neutralidad institucional, de hecho la preparación de la agenda de Aragonès en Bruselas fue el resultado de la colaboración de la oficina del Presidente de la Generalitat y la consejería de Exteriores catalana con la Representación Permanente de España ante la Unión Europea y el Ministerio de Exteriores, quienes fueron consultados desde el edificio Berlaymont, sede de la Comisión, sobre la idoneidad de las reuniones. Madrid dio el beneplácito a las reuniones sin el cual las mismas no se habrían llevado a cabo.

Desde 2015, poco después del referéndum del 14 de noviembre de 2014, cuando Artur Mas visitó Bruselas por última vez, ningún presidente de la Generalitat había sido recibido por un comisario europeo dado que la administración catalana con sus ataques a España se había convertido en un elemento incómodo para las instituciones europeas.

Aragonès había mantenido reuniones no institucionales tanto con Ursula Von der Leyen como con el vicepresidente de la comisión, el griego Margaritis Schinas. En ambas reuniones, celebradas aprovechando visitas de los dirigentes comunitarios a Barcelona, Aragonès había mostrado la voluntad de la Generalitat de recuperar la normalidad de las relaciones. El intento de manipular la reunión con Reynders es una señal de que la Generalitat sigue siendo una administración de poco fiar.

La Generalitat desconocía lo que iba a suceder

Ni Pere Aragonès, que asistió a la reunión acompañado por Meritxell Serret, flamante consejera de Exteriores de la Generalitat, que además estuvo fugada en Bruselas hasta hace poco más de un año, ni su equipo tenían conocimiento de que Reynders fuera a sacar a relucir en el encuentro el tema de la aplicación de la sentencia del catalán, ni mucho menos que luego lanzaría un comunicado a través de las redes sociales.

El mensaje posterior a la reunión cayó como un jarro de agua fría sobre la delegación de la Generalitat, acostumbrados a que en sus desplazamientos a Madrid todo sean parabienes a sus planteamientos políticos.

Desde Bruselas, fuentes conocedoras de la maquinaria comunitaria destacan la bisoñez de la Generalitat, que dio por terminada su labor al conseguir las reuniones y no hizo esfuerzo alguno en cerrar un orden del día de las mismas.

Puigdemont se quitó de en medio

Una de las incógnitas que quedaba por desvelar era si el presidente de la Generalitat y el expresidente Puigdemont se encontrarían en Bruselas. Tras la salida de Junts per Cataluña del Gobierno catalán, en la que Puigdemont tuvo un papel clave, las relaciones han quedado definitivamente rotas tanto en lo político como en lo personal. Ayer, Carles Puigdemont optó por poner tierra por medio y se fue a Frankfurt, donde el autoproclamado Consell de la República, que él preside, ha abierto una oficina. El objetivo de Puigdemont es crear una red de delegaciones paralela a las oficinas que está abriendo la Generalitat por todo el mundo.

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