batacazo

«Sánchez no tiene ya margen para no agotar la legislatura. Y al PP le conviene que la legislatura se agote porque hacen el cálculo de que cuanto más tiempo pase, mejor les irá a ellos». Este análisis, de un expresidente del Gobierno socialista, sintetiza con bastante precisión el estado de opinión con el que vuelven a la actividad en los dos principales partidos tras el parón estival. Las fuerzas que componen la mayoría de investidura saben que necesitan sostener el bloque todo lo que puedan porque sólo la reedición de este bloque les puede garantizar mantener el control de La Moncloa. Y este bloque no es operativo para tomar decisiones impopulares, que pueda exigir la actual coyuntura económica, pero sí seguirá representando su papel para sacar adelante algunas de las medidas más icónicas del programa progresista, como se vio esta semana en el Congreso.

Todos saben que esto no quiere decir que la mayoría de investidura esté mejor engrasada ni que vaya a aflojarse la tensión interna a medida que se aproximen las elecciones autonómicas y municipales, pero Sánchez sí arranca el nuevo curso político con capacidad, salvo sobresalto impuesto por las consecuencias de la guerra en Ucrania, para exprimir su mandato y presentarse a las próximas elecciones. Eso sí, no sólo como líder del PSOE, sino como el líder de esta «mayoría Frankenstein», la única opción que tiene el PSOE para mantenerse en el poder.

Además, la parte morada del Gobierno, las ministras Irene Montero e Ione Belarra, y también el ministro Alberto Garzón, no quieren que su estancia en el Consejo de Ministros se termine antes de tiempo. Fuera hace mucho frío, y en el núcleo de Podemos, en el que sigue moviéndose la figura de Pablo Iglesias, la estrategia se orienta a desestabilizar las posibilidades de la opción que quiere encabezar Yolanda Díaz, desde el convencimiento de que no tendrá éxito en las urnas, y atrincherarse en el Congreso, dando por hecho que, como apuntan las encuestas, la coalición no podrá reeditarse tras esas elecciones. El presidente Sánchez sabe que la parte morada del Gobierno no está por la labor de hacer el «sacrificio» de «dejar el coche oficial», y esto le blinda también en su necesidad de agotar la legislatura: pero estar no quiere decir que vaya a haber estabilidad ni esfuerzo conjunto en la gobernanza de la crisis.

La sensación de que electoralmente la batalla está perdida, que se siente especialmente en las organizaciones territoriales, da pie a que desde la oposición sostengan que el Gobierno va a gestionar estos próximos meses bajo el principio de que «el que venga detrás, que arree». Gasto no sostenible, y políticas dirigidas a contener en la medida de lo posible la conflictividad social, pero que agravan el problema a futuro de las arcas españolas. El alcance de las dificultades a las que tendrá que hacer frente el próximo Gobierno lo conocen en las «fontanerías» tanto del PSOE como del PP y el contexto electoral dinamita cualquier acuerdo y también la posibilidad de que se apunte con transparencia a las decisiones que se deberán adoptar a medio plazo.

«La política son ciclos, y no hay Gobierno que aguante una crisis económica de esta envergadura. Es evidente que la economía decidirá las próximas elecciones autonómicas y municipales, y también las generales. Y que la derecha tiene espacio para crecer por tres factores: el cambio de liderazgo, la desaparición de Ciudadanos y la necesidad de la opinión pública de buscar refugio en partidos que creen que les dan más seguridad en etapas de dificultades económicas». La reflexión es de un exministro socialista, si bien coincide con la que se escucha en gobiernos autonómicos del PSOE y en algunos ámbitos de la izquierda.

Además de considerar que los efectos de la crisis económica son devastadores para sus opciones, a esto se añade el desgaste del liderazgo del presidente del Gobierno, circunstancia que agrava los temores en la izquierda hacia las elecciones de mayo. Basta con hurgar un poco en las federaciones socialistas y en Podemos para concluir que la hipótesis de un «batacazo» está encima de la mesa, y que un Gobierno tan simbólicos como el de la Comunidad de Valencia aparece en las lista de «bajas» que creen que podrán tener que asumir en ese examen electoral.

Mientras, en la dirección popular creen que el tiempo les beneficia y que el curso que ahora se inicia no puede más que aumentar el desgaste del Gobierno por la coyuntura europea y nacional. Las comunidades gobernadas por el PP miran con distancia al debate sobre el ahorro energético y pasan la pelota al tejado del Gobierno, para que siga aguantando el peso de proponer las restricciones. Y es que de fondo está la convicción política de que este debate acabará siendo impopular y también tendrá un coste para la coalición. La justificación es que falta una política energética de entidad, en la que se abran debates como el de la nuclear o el carbón, pero este pulso también se sostiene en una razón electoral que no pasa por alto en la estrategia de los populares. En Génova preparan además la liturgia para la foto con el líder de Vox, Santiago Abascal. Sin prisas, y dentro de una ronda amplia de contactos con otras fuerzas políticas en la que Abascal sea uno más de un plan para explicitar que Feijóo sí habla con todos, «a diferencia de lo que hacía la anterior dirección del partido». Ahora, si se trata de medir la importancia de las fotos, para Génova vale más la que pueda hacerse con el PNV que la que tenga que hacerse con Vox.

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