Desde 1932, el nacionalismo vasco celebra el “Aberri Eguna” (día de la Patria, se supone que vasca) el domingo de la Resurrección del Señor. Para un partido ultracatólico cuyo fundador Sabino Arana dejó escrito su pensamiento xenófobo, racista y machista, el simbolismo religioso estaba claro. Se trataba de enlazar la resurrección de la patria vasca con la Resurrección de Cristo. Ciento diez años después, los nacionalistas de todo tipo, “moderados” radicales, proetarras, continúan el mismo talante originario, y aunque aprovechan el domingo de Resurrección ya no lo celebran de modo unitario.

El PNV, de vuelta a la Plaza Nueva de Bilbao, se ha centrado en Guernica. La formación que lidera el Gobierno vasco aprovechó la alusión del presidente Zelenski en el Congreso de los Diputados, quien comparó el bombardeo de Guernica en 1937 con las masacres rusas en la guerra ucraniana, olvidando que los muertos fueron 126 y se produjeron en el marco de una guerra civil donde eran vascos muchos de los combatientes del bando nacional. En su manifiesto afirman que aquí todavía quedan muchas fosas por descubrir, que serían muchas más si pusieran el mismo empeño en hallar las que todavía ocultan los cadáveres de miles de fusilados en la zona republicana.

Bildu ha elegido Pamplona. Y mandó a Otegui hace unos días como heraldo de la buena nueva en forma de soflama. Delante del monumento a los Fueros afirmó que venían “a la vieja capital de la nación vascona”. Lanzó dardos envenenados contra el PP, UPN y Cs porque mientras para sus militantes y votantes tienen por capital Madrid, nosotros, los vascos, tenemos como capital Pamplona. Anunció además que sería una manifestación “masiva, euskaltzale, abertzale, independentista, soberanista, de izquierdas y profundamente antifascista”. Es decir, todo el pensamiento totalitario, antidemocrático y sembrador de odio que para imponer la igualdad en la pobreza defienden quienes se han convertido en socios preferentes del Gobierno de Sánchez y de Chivite. Los socialistas navarros quedaron excluidos de la demonización. En otros tiempos, cuando muchos como Otegui no dudaron en justificar e, incluso dirigir la “socialización del conflicto”, que golpeó también con saña a miembros del PSOE. ¿Dónde quedaron sus líneas rojas?

El pueblo navarro posee un altísimo nivel de autogobierno. Nosotros decidimos en todo aquello que nos afecta exclusivamente a los navarros y colaboramos con el Estado español en todo cuanto redunde en beneficio del conjunto de los españoles

Por último, le diré a Otegui que no mancille lo que significa la estatua de los Fueros. Quizás engañe a algún desinformado hablando de que Pamplona fue y volverá a ser la capital de la nación vascona, aunque ahora pretendan que Euskal Herria sea sinónimo de Navarra. Madrid es la capital de España. Pamplona es la capital de Navarra. Y el pueblo navarro posee un altísimo nivel de autogobierno. Nosotros decidimos en todo aquello que nos afecta exclusivamente a los navarros y colaboramos con el Estado español en todo cuanto redunde en beneficio del conjunto de los españoles entre los que se encuentran -y se benefician de qué manera- los propios vascos. No se trata de dónde esté la capital sino de quien manda en ella. Y si entráramos en la nación que nunca existió Navarra quedaría engullida en el conjunto vasco, cuya población es muy superior a la nuestra y, por tanto, sería el nacionalismo vizcaíno quien tomaría las decisiones que sólo a nosotros nos corresponden. 

El discurso de Otegui me recuerda al de Putin. Para el etarra nunca arrepentido, Navarra es la Ucrania de Euskal Herria. Sepa el que en los años de la transiciónse dedicaba al secuestro y la extorsión de los que luchábamos por la libertad, la democracia y nuestra foralidad, que teníamos muy presente el lema de los infanzones de Obanos grabado en el Palacio foral justo en frente del monumento a los Fueros: “¡Por la libertad, pueblo libre en pie!”. Y conseguimos movilizarlo en las urnas.

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