Carmen Calvo

Ocurrió hace aproximadamente un mes. Según adelantan fuentes de Moncloa y Ferraz a THE OBJECTIVE el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, citó a finales de septiembre a su exvicepresidenta, Carmen Calvo, al Palacio de la Moncloa. Una comida en la que Pedro Sánchez sorprendió a su ex número dos con la oferta para encabezar la candidatura socialista al Ayuntamiento de Madrid con la intención de que el prestigio de la veterana socialista sirva para contener el esperado golpe de mayo de 2023 en la capital de España. Sorpresa porque, según adelantó el diario El Español y confirman fuentes socialistas a este periódico, Sánchez prometió a Calvo la presidencia del Consejo de Estado llegado el momento de la sustitución de María Teresa Fernández de la Vega. 

Una promesa que le hizo al ser destituida como vicepresidenta con la crisis de gobierno en julio de 2010 y que motiva el rechazo de Calvo al jefe del Ejecutivo. La respuesta fue un no que fuentes socialistas resumen de esta forma: «Carmen tenía aspiraciones más altas» y encajó con cierto malestar que el presidente cambiara la propuesta apalabrada de una presidencia de gran poder institucional a una candidatura destinada a la derrota con la única esperanza de suavizar la debacle socialista al Ayuntamiento de Madrid. 

El rechazo de Calvo hace un mes se tradujo en el nombramiento de otra veterana socialista para la presidencia del Consejo de Estado: la exministra Magdalena Valerio, un perfil «de menor formación jurídica y capacitación de Calvo» con el que se pone en evidencia que no hay muchos dirigentes que se puedan permitir decirle que no a Pedro Sánchez. El entorno de Calvo explica a este diario que «le agradece mucho al Presidente su oferta» y que está «para trabajar para el PSOE siempre y sin parar ahora como diputada». 

Advertencia de la ‘ley trans’ 

Sin embargo, en esa comida también se abordó el asunto que motivó la caída en desgracia de Calvo: su enfrentamiento con Irene Montero a cuenta de la ley trans. Según relatan fuentes socialistas, durante ese almuerzo en Moncloa, la actual presidenta de la comisión de Igualdad del Congreso y exministra del ramo advirtió al presidente de que mantener en la ley el derecho de autodeterminación de genero «dividirá al colectivo feminista» penalizando electoralmente al PSOE. 

Una advertencia que ignore presidente del Gobierno, determinado a que la norma vea la luz manteniendo el derecho de autodeterminación de genero que para el socialismo clásico de quienes Calvo es máxima representante, supone el borrado jurídico de la mujer. En contra de las tesis que sostienen que Sánchez mantiene ése derecho dentro de la ley porque es fruto del acuerdo entre Carmen Calvo y la ministra de Igualdad, Irene Montero, su negativa a modificar la actual redacción del proyecto de ley, que salió adelante con la oposición interna de Calvo supone un triunfo en parte del colectivo LGTBI frente a las feministas clásicas del PSOE. 

Un enfrentamiento enquistado en el tiempo desde hace años y que motivó la repentina salida de Calvo del Ejecutivo junto a José Lis Ábalos e Iván Redondo. Según fuentes socialistas, la vicepresidenta se vio «superada» por el ala feminista de las juventudes del partido, más afín a la teoría queer que defendía el socio minoritario de la coalición, Podemos, y la ministra Montero en particular. El enfrentamiento entre Calvo y Montero llegó a niveles superlativos en la primera parte de la legislatura, hasta el punto de que ambos equipos aireaban que «no se soportan» y se acusaban abiertamente de torpedear la negociación los unos y de chapuza jurídica los otros. 

Tras las maniobras dilatorias del PSOE en el Congreso ampliando el plazo de enmiendas al articulado del texto, el tiempo parece dar la razón a Carmen Calvo en la medida en que las dudas en la Moncloa motivan al menos el calendario previsto para su aprobación definitiva. Fuentes socialistas explican que ella busca su rehabilitación política y vuelta a la primera línea pero no a costa de ceder en su legado ideológico feminista, y mucho menos para enfrascarse en una carrera electoral madrileña abocada al fracaso político. «Madrid es un entierro. Quien vaya, va para perder con humillación», explican fuentes de Ferraz. Y por ello, la de Calvo es sólo una de las múltiples renuncias que ha recibido Pedro Sánchez en su búsqueda de un candidato para la primera plaza municipal de España. 

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