cuadro macro

La realidad ha podido con la política-ficción. Tras el ejercicio de funambulismo que supuso el año pasado sostener unas cuentas públicas cuyas previsiones de crecimiento para el PIB fueron un 50% superiores al dato final y, sobre todo, con la necesidad de presentar un plan de estabilidad creíble a Bruselas, Nadia Calviño ha revisado a la baja el cuadro macro de España.

El Gobierno de España ha remitido a la UE unas estimaciones en las que afirma que nuestro país crecerá un 4,3% en 2022, un 3,5% en 2023 y un 2,4% en 2024. Esto supone, para el año en curso, una rebaja con respecto al cuadro macro aprobado para los presupuestos de 2,7 puntos porcentuales o, lo que es lo mismo, un 20% menos.

España, por lo tanto, confirma el temor planteado unas semanas atrás por el FMIy confirma que será el único país, junto con Japón, que no recuperará los niveles de riqueza previos a la crisis del Covid 19 este año. Siempre que el escenario planteado por el gobierno se cumpla lo haremos durante el primer semestre de 2023 y, por lo tanto, tardaremos (al menos) un año y medio más que el resto de la UE en recuperarnos de la pandemia. 

Una situación agravada por el hecho de que esto se produce en el contexto de mayor estímulo fiscal de nuestra historia. De hecho, según el cuadro macro presentado por el Gobierno de España, y a pesar de estar en niveles de máximos históricos en términos de recaudación como consecuencia de la inflación, el Ejecutivo prevé un déficit del 5% para este año, del 3,9% para 2023 y del 3,3% para 2024.

Todo lo anterior, en un contexto en el que el Ministerio que encabeza Calviño prevé un deflactor del consumo (una medida similar al IPC) del 6,1% para este año que se reduce drásticamente al que viene y se queda por debajo del 2% desde entonces.

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Esto, que no dejan de ser cifras, es importante traducirlo a un lenguaje que entendamos todos: El Gobierno plantea un escenario de crecimiento económico muy débil, inflado artificialmente con esteroides por la situación de unas cuentas públicas que están fuera de los principios de estabilidad presupuestaria de Bruselas (máximo del 3% de déficit público y del 60% de deuda pública) y envueltas con un Rosario a ver si algún tipo de presencia sobrehumana obra el milagro de que la inflación vuelva a cauces normales pronto y no se lleve por delante buena parte de la renta disponible de las familias.

Ante tal sucesión de despropósitos debemos hacernos varias preguntas.

La primera: ¿Es creíble este nuevo escenario macro? Difícilmente. Tanto es así que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ya ha advertido de que podría quedarse corto y el Consejo General de Economistas ha incidido en que sus previsiones siguen siendo las de una economía que crece entre un 3,7% y un 3,9% este año, es decir, entre 4 y 6 décimas menos de lo que dice el Gobierno. Esta semana también hemos conocido datos preocupantes, como son:

⦁ La EPA ha dibujado el peor primer trimestre desde la crisis de 2012, con una pérdida de 100.000 empleos y un incremento del paro que multiplica por 2,5 el promedio entre 2016 y 2019.
⦁ La tasa de crecimiento del PIB español ha sorprendido a la baja en el primer trimestre del año (crecimiento pírrico del +0,3%), con el consumo privado siendo el principal lastre de la economía.
⦁ La inflación continúa subiendo a un ritmo inaceptable (8,8%), y cada vez es más evidente que el carácter temporal era otra excusa más para evitar asumir la situación con la firmeza que requería.
⦁ Y, por último, el índice de comercio minorista ha caído un 3,8% mensual en el mes de marzo y ya acumula 3 de los últimos 4 meses en negativo.

O, dicho de otra manera: La cadena de revisiones a la baja que hemos venido viendo en los últimos meses nada ha tenido que ver con la guerra de Ucrania (aunque nos lo hayan vendido así); buena parte de todas esas estimaciones en las que se basa el Gobierno para afirmar que las que ha enviado a Bruselas son acorde con casas de analistas ya están obsoletas, y la evolución a la baja es más que evidente.

¿Qué le queda a España por delante?

España no ha sido el único país que ha decepcionado con el dato de crecimiento económico. Recordemos que Alemania ya presentó una tasa de crecimiento trimestral negativa para el último trimestre de 2022 (-0,3%) y esta semana Estados Unidos también ha sorprendido a la baja con una caída del -1,4% en el PIB del primer trimestre. Esto ya de por sí es una mala noticia, pues nos enfrentamos a un escenario internacional en el que dos de las principales potencias a nivel mundial muestran problemas de crecimiento y eso supone un riesgo a la baja para el sector exterior, que es uno de los que mejor ha evolucionado.

Pero, además, hay notables diferencias entre los motivos que subyacen tras el dato de Estados Unidos y el de España: Mientras que en el primer caso la reducción es debida a un menor impulso del consumo público, en nuestro caso es debido a un parón en el sector privado. O, dicho de otra manera: los efectos de la inflación ya golpean en la renta disponible de los hogares y empresas españolas y hay varios indicadores que lo ponen en evidencia. Por citar solo algunos:

⦁ La matriculación de vehículos se ha desplomado un 30% en el mes de marzo. En 2022 se siguen vendiendo un 50% de vehículos menos que en marzo de 2019, cuando la pandemia ni tan siquiera se vislumbraba en el horizonte.
⦁ La demanda de electricidad acumula caídas del 3% en los 3 primeros meses del año.
⦁ Y el Banco de España ya ha advertido de que hay 94.000 millones de euros en préstamos a PyMEs al borde de ser considerados morosos, con lo que la tasa de morosidad podría dispararse hasta superar el 10%.

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El BCE ya ha advertido de que va a reducir notablemente el volumen de compra de deuda pública, y eso dejará al Gobierno de España con la necesidad de financiarse en los mercados privados por valor de 100.000 millones de euros en los últimos seis meses. En la última subasta de deuda pública a tres años, los tipos subieron medio punto, y debemos esperar una reducción en los plazos de amortización de la deuda.

Tampoco debemos descartar una subida de tipos por parte del máximo organismo monetario de la UE, que añadiría aún más presión a los tipos de interés públicos y privados. Y, por último, no debemos descartar un shock financiero en Estados Unidos, que se sume a la delicada situación de China. Los síntomas de sobrecalentamiento en Norteamérica son evidentes, las condiciones de financiación están empeorando notablemente y el apalancamiento del sector privado ha ido a parar a los mercados de renta variable, que, junto con la renta fija, se están desplomando.

En momentos de máxima incertidumbre como ahora hay un principio que cualquier gestor conoce: Prepárate para lo peor, y así podrás gestionar lo que venga. A Nadia Calviño nadie le exige que acierte con sus previsiones de crecimiento. Lo que sí que se le exige es un cuadro macro que sea capaz de soportar unas decisiones de política económica adecuadas. Y no está ocurriendo ni una cosa, ni la otra.

El Gobierno de España sólo está centrado en recaudar lo máximo posible para seguir manteniendo una estructura de gobierno megalómana y unas redes clientelares lo suficientemente amplias para llegar a las siguientes elecciones con un mínimo de opciones de ser reelegidos.
Lo pagaremos todos los españoles, como lo pagamos en la crisis de 2008. El cuadro macro y las últimas medidas adoptadas para luchar contra esta crisis dejan a España en una situación de debilidad extrema.

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