Cuando espías a tus socios

Si espiar a los adversarios políticos está mal, hacerlo a tus socios es innombrable. Ni estética ni moralmente tiene justificación. «Es que eran delincuentes». Vale, pues entonces no te alíes con delincuentes, y si te asocias a ellos, no les espíes. Tan fácil como eso. Tan complicado como que ahora, para justificar lo que no es justificable, hay que echarle la culpa al CNI y cortarle la mollera a su directora. Porque con Margarita no se atreven. La cuerda siempre se rompe por la parte más débil. Y en este caso la débil es Paz Esteban, jefa del servicio secreto, que supuestamente se dedicaba a fisgonear por su cuenta, sin que Sánchez o su tropa supieran nada. ¿Alguien lo cree?.

Vamos a ver, ni el CNI ni la CIA ni el FSB ruso van por libre. Trabajan a las órdenes de sus gobiernos. En el caso español, hacen un informe cada semana para el Ejecutivo. Informe en el que cuentan con pelos y señales qué hizo fulano, de qué hablaron zutano y mengano, a quién o quienes visitó perengano. Y no son recortes de Prensa. Son seguimientos, vigilancias, escuchas para las que hay que pedir permiso a un juez del Supremo. Antes de eso, si son políticos, hay que contar con la luz verde de la autoridad competente, civil por supuesto. Tienen la suerte en Moncloa de que Paz Esteban es una funcionaria de dilatado compromiso con el Estado, y que no va a cantar. Porque si cantara, rodaría todavía alguna que otra sesera más. Pero la directora del CNI no dirá nada. Cogerá sus bártulos y cambiará de despacho sin más.

Solo que igual eso no calma a los socios independentistas y comunistas, que huelen debilidad y quieren ser compensados. El precio lo va a fijar Aragonés, pidiendo primero, como siempre, más dinero y tralará, pero sobre todo que se desclasifiquen las autorizaciones para espiarle: los motivos, fechas, el nombre de los jueces, los protocolos firmados y quién los rubricó. Quieren sangre. El problema es que el presidente no debe ni puede soltar a Margarita, la ministra mejor valorada, ejemplo durante la pandemia, Filomena, con el Volcán, con Afganistán y con la guerra. Si suelta a Margarita gana Bolaños y gana Marlaska, pero pierde el PSOE, y hay elecciones en Andalucía ya.

Cuando espías a tus socios

Cosa distinta es el instrumento. Pegasus no debería estar permitido. Es un sistema atroz de cabo a rabo. Entra en tu teléfono y en tu casa, irrumpe en tu vida privada, sabe cuáles son tus cuentas, tus contactos, tus informes médicos y aficiones, las fotos y los videos de tu familia. Arguyen sus defensores que sólo tienen acceso a él los Estados. Seguro que no. Pegasus o sus imitaciones acabarán siendo comprados por empresas, corporaciones, instituciones, partidos y ricachones. La vida entera de cualquiera radiografiada a través de un sms que te infecta, un mensaje de WhatsApp, un enlace a tu aplicación preferida. Estamos inermes ante el ojo de Orwell que transgrede todas las normas y nos hace vulnerables.

No es de recibo espiar a nadie, salvo por razones de Estado, es evidente. Pero espiar a tus amigos, a tu familia, a tus compañeros o socios, es de lo peor. Por eso lo tiene tan difícil el Gobierno.

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