La negra noche de la traición

Era tan de noche el jueves 24 de noviembre que se hizo viernes. Y fue entonces, de madrugada y mientras la nación dormía, cuando 188 diputados votaron la impunidad del golpe de Estado en España, porque eso significa eliminar el delito de sedición. Queda abierto el camino a la repetición legal de la sedición catalana, que ya no será el delito más grave de todos, porque hunde el edificio completo de las leyes, la peor traición que los países de nuestro entorno condenan con penas tan duras como la cadena perpetua, sino el ejercicio de un derecho: el de trocear el Estado y hundir la Nación.

Años defendiendo España y la Libertad

En 1999, veinte años después de publicar Lo que queda de España, en el que denunciaba el plan de imponer la enseñanza sólo en catalán a los alumnos de lengua materna española, lo reedité con un Prólogo sentimental y un epílogo balcánico. El prólogo, ampliado, se convirtió en «Barcelona años 70, La ciudad que fue». El epílogo, denunciando que la sumisión de la izquierda al nacionalismo y de la derecha a la izquierda llevaría a España a una tragedia como la de los Balcanes, se ha actualizado este noviembre.

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Creo que por esas fechas publicó Pío Moa Contra la balcanización de España, y muchos más libros: los de Jesús Lainz, los del grupo de Gustavo Bueno o de antiguos socialistas como César Alonso de los Ríos, todos abundando en el mismo aviso: era evidente que el PSOE, en su estela de traiciones a la nación, estaba más que dispuesto a romper España para mantenerse en el Poder. Ese mismo año, en vísperas de la mayoría absoluta de Aznar, publiqué en La Ilustración Liberal Viaje al centro de la nada, recogido en Con Aznar y contra Aznar, sobre el vaciamiento ideológico del PP, por entonces el único partido de oposición al socialismo. De nada sirvieron mis libros ni los de los demás. Bueno, de algo sí: sembraron la rebeldía ante el voto cautivo del PP, que, cuando Rajoy traicionó a sus votantes, produjo sucesivamente la creación de Ciudadanos, UPyD y Vox.

Es tan grave lo ocurrido y lo que fatalmente se prevé para 2024, que uno se ve obligado a hacer arqueo de lo que ha hecho en todos estos años para impedir el desastre nacional que se nos viene encima. Sinceramente, no puedo reprocharme nada: hoy existe un núcleo intelectual irreductible a las falacias del nacionalismo y el socialismo, infinitamente más amplio que en 1998, cuando tras la muerte de Antonio Herrero, me tocó empezar a dirigir programas de radio de amplia audiencia. En los cinco años al frente de La Linterna y los seis de La mañana de la COPE promocioné de forma sistemática a los historiadores que negaban la leyenda rosa de la guerra civil y a los economistas que negaban las virtudes de la socialdemocracia. Moa, Martín Rubio, De la Cierva, De la Vega, Jon Juaristi, Mikel Buesa y los muchos intelectuales catalanes y vascos que destaparon o actualizaron los crímenes y trolas del comunismo en la Guerra Civil y del pujolismo, el aranismo y el terrorismo tuvieron cabida y hasta peana en mis programas. Y con la ayuda de los Recarte, Velarde, Cabrillo, Huerta de Soto, Belloso o Bernaldo de Quirós, popularizamos la maravillosa Escuela de Salamanca, madre aristotélica de la escuela austríaca de Economía. Creo que sin ideas no hay política, y tampoco política duradera sin base ideológica y moral. En el periodismo escrito llevo cuarenta años, casi a columna diaria, y he mantenido el mismo afán, obsesivo, de hacer pedagogía liberal y nacional.

No es malo perder, si se sabe por qué

Así que al votarse en la ya madrugada del viernes la liquidación de España, porque lo es, con póliza de seguro parlamentario y plazos fijos, debo reconocer que mi esfuerzo y el de muchos otros desde la llegada de la democracia, gracias a la Transición pactada de falangistas y comunistas, ha sido insuficiente. No baldío, que no hay desdoro en ser vencido si se lucha por lo que uno cree, pero sí incapacidad de vencer a los enemigos de la Nación y la Libertad. Hay que reconocerlo, si se aspira a seguir luchando. Y quien, como decía al principio, desde 1979 no ha hecho sino advertir del peligro para los españoles y nuestras libertades si seguíamos el camino de la componenda o la traición con nuestros enemigos, tiene que reconocerlo.

En sólo dos días de infamia, la Guardia Civil ha sido expulsada de Navarra por Sánchez y la ETA, en rigor por la ETA de Sánchez, convertido en Consejero Delegado de la banda, dejando 211 asesinados en sus cunetas. Otegui, como es lógico, se ha jactado de que «el Gobierno del PSOE y Podemos está sostenido por los que nos queremos ir». Cierto. Y ese apoyo vital tiene un precio, que es la suelta de los asesinos, la entrega de Navarra y la votación del etarra como presidente del País Vasco. No se opondrá el PNV, a quien corteja un PP desnortado. Sánchez, también en funciones de Consejero Delegado del golpismo catalán, ha anulado el delito de sedición, de acuerdo con Junqueras, que ya ha dicho que «la próxima vez será más barato». Como que el referéndum separatista lo promoverá Sánchez. De paso, ha anulado el delito de ir encapuchado y ha reducido a la nada el de ocultar una violación, un cadáver y hasta un asesinato, caso de Diana Quer. Al lado de todo esto, la Ley del «sí es sí»parece asunto menor, si no soltara violadores en masa, y los socialistas, comunistas y separatistas, que hacen y deshacen a su antojo, no defendieran esa Ley, por suya, aunque los suelte.

La evasión de Feijóo y los jabalíes de Vox

Y ante este panorama, ¿qué ha hecho la Oposición? Ruido y nada. Feijóo se ha citado orgullosamente con Sánchez en su próximo debate de investidura. Y a cambio de esa seguridad futura -pendiente de las urnas, no pocas veces esquivas- ha renunciado gallardamente a toda acción presente. En el debate del Senado, esta semana, tras enumerar en dos minutos las atrocidades más recientes de Sánchez, no hizo la merced de remitirnos a los ciudadanos la presentación de la moción de censura, que las atrocidades que denunció hacían moralmente obligada: la presentaremos por él en las urnas, allá por el mes de mayo. ¡Y nosotros creyendo que eran elecciones municipales autonómicas, fijas en el calendario y no regalo de Feijóo! Así que la responsabilidad de presentar una moción de censura contra Sánchez no la tienen él y todos sus diputados, sino nosotros con nuestro único voto. Qué suerte tenemos. Y qué generoso con su esfuerzo el presidente del PP.

Abascal dejó que sus diputados hicieran en el Congreso las tres cosas que, según Ortega, no se deben hacer: «el payaso, el tenor y el jabalí». Carla Toscano hizo suya la disparatada idea de la secta El Yunque, según la cual la suelta de violadores es algo que está perfectamente premeditado. No se dice por quién ni para qué, pero como eso acredita su malignidad, basta. Cierto que, en ese caso, no se sostiene la tesis de la incompetencia de Irene Montero, que sería la malévola, pero inteligente ejecutora, de esa satánica conspiración. Pero la diputada de Vox, imbuida de superioridad moral y estética, no podía dejar pasar la tentación de exhibirse ante Montero como una mujer que no ha necesitado a un hombre para prosperar en política.

Yo creo que, sin Abascal, que, hasta donde sé, es un hombre y de Amurrio, no lo habrían hecho ni ella ni todos esos diputados de Vox que andan por ahí tuiteando y encantados de conocerse. Proclamarse superior intelectualmente a Montero es como presumir de respirar. Hasta los peces con branquias. Y tras darle el balón de oxígeno que tan angustiosamente necesitaba, sigue presumiendo de su hazaña, que fue decirle lo que otros llevamos años diciendo, incluso yendo al banquillo por hacerlo. Toscano descubrió la pólvora, para presumir y aunque la aprovechara la criticada. Podría haber reseñado los violadores que, en el momento de su «irrintzi», ya habían salido de la cárcel gracias a la Ley Montero, pero también en Vox hay políticos cuyo ego está por encima de las víctimas del socialismo.

Y entre bravucones y desertores, Sánchez va ganando

Luego llegó el momento trágico, aunque en formato tragicómico, de Víctor Sánchez del Real, que quiso superar, ante un hemiciclo vacío, la torpeza política de Toscano, de la que dijo: «una mujer de Vox tiene más hombría que todos los diputados zurdos». Toscano lanzaba besos a los que la aplaudían, todos de su partido, y el diputado extremeño se deschaquetaba y ofrecía su pecho y su nuca a los comunistas, ninguno presente, para que le disparasen. Ante esta exhibición de lo que Unamuno llamaba «el cerebro cojonudo», cabría preguntarle: «Es posible toda esa hombría o hembría que rebosáis. ¿Y qué?». Y añadir: «¿De qué me sirve su hombría y la tuya, si habláis para vosotros mismos, olvidados de la Nación que decís defender?»

Total, que, entre bravucones y desertores, los que se pasan y los que no llegan, Sánchez nos lleva a toda prisa hacia la República y la liquidación de España. No se dirá que no se avisó de lo que podía suceder y ha sucedido, ni de que no se advirtió de lo que podía pasar y está pasando. Qué rabia da.