El Bautista de Cibeles

Mateo (3:1-2): «En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto» escribe el evangelista sinóptico. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España y miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) podría ser una especie de Bautista económico-monetario moderno, que aunque habla desde Cibeles, en el centro de Madrid, sus palabras parecen perderse una y otra vez en el desierto hostil de la inmediatez. Acaba de presentar el Informe Anual del Banco de España, el mejor, más completo y más independiente informe sobre la economía española que, también como es tradicional, incluye una serie de sugerencias, algunas ya presentadas en los últimos años. El gobernador, sin duda, cree en la insistencia, como Winston Churchill, que sostenía que «si tienes que resaltar un asunto importante, no seas sutil, ni ingenioso. Utiliza un martillo pilón. Golpea sobre el punto una vez. A continuación, vuelve a golpear en el mismo sitio. Luego, golpea por tercera vez, con un tremendo mazazo».

El mensaje de ayer del predicador de Cibeles –uno de los grandes adalides de los estímulos y ayudas públicas para superar las últimas crisis–, no es nuevo, salvo en algunos detalles. Propone sobre todo un gran pacto de rentas y reclama al Gobierno un plan para sanear las cuentas públicas –déficit y deuda–, que se empezaría a aplicar cuando España acabe de recuperarse de la crisis y se hayan digerido los efectos de la guerra de Putin. El pacto de rentas, que debería incluir a los pensionistas, y el de política económica, acarrearían sacrificios, que habría que repartir –a partes lo más iguales posibles– entre empresarios, trabajadores y pensionistas. No lo dice, aunque está implícito en sus palabras, pero si no se hace y se aplican más a medidas populares como bonificar los carburantes –algo que beneficia más a los ricos que a los pobres–, sólo se conseguirá retrasar un tratamiento que cuando se aplique será más doloroso. El mensaje de Hernández de Cos, por ahora, se pierde en el desierto y en el ruido de la multitud y, sin duda, molesta al Gobierno, pero está decidido a perseverar como el Bautista hasta que se «enderecen las sendas», como escribió Mateo (3:3).

El Bautista de Cibeles

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