El Betis gana

El Betis de Pellegrini es hoy un equipo rabiosamente ganador. Suele ganar jugando bien al fútbol, pero también lo hace en actuaciones más prosaicas, sin tanto destello ni tanto remate, como ocurrió ante Osasuna, para enlazar un fantástico nueve de nueve que lo lleva a ser ahora mismo, en espera de que jueguen Real Madrid y Villarreal, el líder de la Liga. Su fuerza es difícil de responder, el viento le sopla fuerte de popa porque hace muchísimo en el campo para que así sea.

Y si el partido da un giro súbito y se complica, como sucedió en el minuto 74 conla tarjeta roja a Pezzella, discutidísima por los béticos, la afición sigue los pasos de Luiz Henrique, Guardado y Joaquín, se inscribe y se erige en el undécimo jugador para que no hay lugar a la duda: el Betis es un señor equipo, cuajado, maduro, que es cada vez más difícil de doblegar. Y que ya luce la virtud de los realmente buenos: gana por inercia.

Ni un remate claro tuvo Osasuna en los 23 minutos largos que se jugaron entre la expulsión del argentino, que propició el debut del central Luiz Felipe, que debió relevar a Borja Iglesias para tapar la vía de agua abierta con la decisión de Jun Martínez Munuera de expulsar a Pezzella. El argentino dejó los tacos en el gemelo de su par al despejar y el valenciano vio voluntariedad en esa acción.

Hasta ese momento, nadie daba un duro por Osasuna en el Benito Villamarín. Si acaso, el pequeño grupo de navarros incrustado en ese imponente graderío con más de 52.000 personas. Pero por entonces, los verdiblancos llevaban el control absoluto de la situación y sólo faltaba un segundo gol para sentenciar un pleito que Borja Iglesias, acaso el jugador con más confianza de toda la Liga hoy día, puso ya cuesta abajo con un obús en el primer remate de su equipo, a los 35 minutos de juego.

Que el Betis tardara tanto en rematar refleja que no empezó el partido como Pellegrini preveía. El chileno, algo más aliviado después de que su club le inscribiera poco antes del partido a tres jugadores más, repitió el equipo inicial que había saltado a la hierba seis días antes en Mallorca. Que a su vez fue el mismo que se estrenó en el Villamarín con la goleada al Elche.

Pero el juego no sonaba tan afinado como ante los ilicitanos. Para neutralizar esa avalancha de jugadores verdiblancos que suelen llegar al área, Jagoba Arrasate dispuso una línea de cinco zagueros. Rubén Peña se abría a la cal y otro lateral derecho, Nacho Vidal, se cerraba para respaldar en el área a los centrales Unai García y David García. Eso, cuando el Betis salvaba esa audaz presión adelantada de los pamploneses, algo que le costó en la primera media hora a los verdiblancos.

Apenas hizo daño Fekir con sus zigzagueos, tampoco Juanmi con sus carreras diagonales hacia el área para aprovechar el tiralíneas de William Carvalho, mientras que Rodri se perdía en caracoleos inocuos. Así, durante media hora larga. Ni una llegada. Ni un remate que llevarse a la boca.

Ocurre que este depredador Betis de Pellegrini a veces parece que no está, las menos, pero en realidad siempre está ahí. Al acecho. Con las zarpas afiladas y listas para dañar. Osasuna estaba dando un curso defensivo. Incluso fue más allá y se animó a colarse por un pasillo interior. El Chimy Ávila, muy impreciso hasta entonces, dibujó una sutil dejada al primer toque para Moi Gómez, que se coló hasta zona de remate y soltó un zurdazo raso tan ajustado, que burló la mano de Rui Silva y fue a estrellar la pelota en la cepa del poste izquierdo del guardameta luso. El balón rebotado le cayó a Rubén peña, pero Rui Silva respondió a su tiro.

Y en la primera indecisión defensiva de Osasuna, en el corto espacio entre que Moncayola ordenó a Nacho Vidal que se ocupara de Borja y que la marca se fijara, el gallego soltó un latigazo violentísimo que sorprendió a Sergio Herrera.

Fue un golpe seco al mentón del rudo equipo pamplonés. Y liberó al Betis de sus grilletes. Sobre todo a William Carvalho, la finura hecha futbolista. Dio un pase mágico a Álex Moreno que no recibió a puerta vacía Borja por poco (44’) y poco después empezó a bailar como sólo él hace dentro del área y sólo le faltó más rosca a su parábola.

Pellegrini vio que Rodri no terminaba de entrar y recuperó a Canales para la segunda parte. También debutó luego Luiz Henrique. Pero el partido no se puso para él. Se puso para otro nuevo inscrito que jamás falla: la afición. Cómo empujó. Y cómo disfruta.

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