El pasado 6 de abril, Florentino Pérez respiró aliviado cuando el árbitro pitó el final del partido entre el Chelsea y el Real Madrid en Stamford Bridge. Los blancos habían logrado un marcador de 1-3 en el encuentro de ida de los cuartos de final de la Champions League y el resultado concedía cierto sosiego a su presidente, que esa misma tarde había tenido que hacer frente a los titulares que desvelaban sus intenciones de lanzar una oferta para comprar el negocio de autopistas de la italiana Atlantia. Pocas opciones más simbólicas que hacerse con las carreteras de un gigante internacional para encarrilar la nueva etapa de ACS. Sin embargo, no será un camino fácil.

Para intentar tomar el control de Atlantia (que ya es socia de la española en Abertis), Pérez se ha aliado con dos de los grandes fondos de inversión mundial en infraestructuras, el neoyorquino GIP (Global Infrastructure Partners) y el canadiense Brookfield, pero enfrente tiene a la todopoderosa familia Benetton, que posee el 33,1% de la italiana y quiere frenar el órdago del presidente madrileño. 

Fruto de esa intención, la empresa italiana, en alianza con el fondo estadounidense Blackstone, ha presentado este jueves una opa por el 100% de Atlantia a razón de 23 euros por título, lo que eleva la operación a unos 12.700 millones de euros. Ese precio valoraría a la empresa de infraestructuras en más de 20.000 millones y supondría una prima del 36,3% sobre el precio medio de las acciones de Atlantia en los últimos seis meses, según han explicado ambos socios a través de un comunicado. 

¿Qué quiere Florentino?

El interés de ACS por Atlantia refleja en realidad el proyecto de la constructora por dar un giro estratégico a su rumbo. No es un proyecto nuevo ni tampoco reciente, pero ahora encara su decisiva recta final tras varios años de inversiones y desinversiones que se completan con una profunda restructuración de la cúpula directiva.

Dicha restructuración vivirá una fecha clave el próximo 6 de mayo con el nombramiento de Juan Santamaría como CEO del grupo. El puesto estaba vacío desde la renuncia de Marcelino Fernández Verdes en septiembre y la llegada de Santamaría supondrá el empuje definitivo para el proceso de simplificación del grupo. «Es cierto que su actual estructura es compleja, con participaciones cruzadas entre filiales y diversas áreas de negocio en las que algunas tienen un gran peso, como Hochtief (42%), Abertis (21%) o Construcción (14%), y otras menos, aunque a cambio generen mucha recurrencia en los ingresos -como Concesiones (9%)- o puedan tener una gran proyección en los tiempos que corren -como Renovables (8%)-«, explica Antonio Castelo, Analista de iBroker.es.

A nivel de negocio, los focos apuntan hacia infraestructuras, concesiones de autopistas y renovables. La operación sobre Atlantia se enmarcaría en el interés de ACS de invertir en activos concesionales y sobre todo, en su aspiración de ser uno de los mayores gestores de autopistas del mundo. Atlantia tiene 48 concesiones de autopistas en 11 países y suma 9.300 kilómetros bajo gestión. Su principal marca en ese sector es Abertis, en la que controla el 50% más una acción, frente al 30% de ACS y el 20% menos una acción en manos de Hochtief. Además, la empresa opera cinco aeropuertos:Fiumicino y Ciampino (Roma), y Niza, Cannes y Saint Tropez, en Francia.

Dudas y obstáculos

En lo que respecta a la posible compra de Atlantia por ACS, el horizonte se plantea con más interrogantes que facilidades. «La primera cuestión es la de la estructura de la operación en cuanto al reparto de paquetes entre ACS y los fondos y la financiación de la misma. En este sentido, cabe recordar que ACS acaba de recibir el pago de los 5.000 millones de euros por la venta de los Servicios Industriales a la francesa Vinci, si bien esta cifra aún quedaría lejos de los 15.700 millones que capitaliza Atlantia», apunta Juan Tuesta en su análisis para Bankinter.

«En segundo lugar, habría que analizar el papel que pueda jugar el Gobierno italiano, quien ya en su día se mostró opuesto a la venta de Autostrade a un inversor internacional; y en tercer lugar, quedaría por ver si la operación se haría con el beneplácito del principal accionista (la familia Benetton) o si se trataría de una operación hostil», añade. 

En el consenso de los expertos, ninguno de los parámetros invita al optimismo. Así lo resume también Antonio Castelo: «Pensamos que ACS no tiene capacidad financiera para abordar la operación en solitario, al menos en unas condiciones que no le generen una gran tensión, por lo que debería de contar con el apoyo de al menos otro de los accionistas de referencia. Si no hay acuerdo previo será difícil plantear la operación y una OPA hostil no beneficiaría a nadie», apunta.

En su opinión, «una alternativa sería que los accionistas de referencia se pongan de acuerdo para trocear Atlantia y quedarse cada uno con la parte que más les interesase», pero no parece que los planes del accionista principal vayan en ese sentido, a tenor de la opa lanzada este jueves. Los mercados siguen atentos a la evolución de un escenario en el que la guerra de opas sobrevuela el futuro del gigante italiano.

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