el mayordomo de Sánchez

No quiero que Aragonès se emocione creyendo que es el mayordomo de la Corte. Era un cargo muy importante en la Corona de Aragón, ya que controlaba la Casa Real e, incluso, en algunas etapas, ejercía el gobierno del Reino y la administración de la Justicia. En el condado de Barcelona era el senescal. Desde la Edad Media hasta la Moderna, obviando las chorradas de los «cronistas» al servicio del independentismo, la importancia de los oficios cortesanos estaba en la función de su proximidad a la real persona. No quiero que Aragonès, con enormes lagunas en su formación académica, se haga un lío con estos conceptos tan simples. La Cataluña imaginaria nunca existió, Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, se casó con Petronila, hija de Ramiro II, rey de Aragón, y su hijo Alfonso II sería el primer rey de la Corona de Aragón que incluía el reino aragonés y los condados catalanes. Es decir, una unión dinástica donde ambos territorios, dotados de soberanía, pasaron a compartir un destino, aunque manteniendo sus instituciones. Nunca fue Cataluña. Por supuesto, no tenían una idea de nación y patria equiparable a la actual.

Por ello, el «catalán» Jaime I dividió sus reinos entre sus hijos, Pedro III de Aragón y Jaime II de Mallorca, aunque los territorios principales quedaron en manos de su primogénito. Por cierto, esta errónea decisión finalizaría con la derrota de los reyes privativos de Mallorca y el reino se incorporó a la Corona. Es lógico que los seguidores de Puigdemont, otro iluminado, descalifiquen a Aragonés tildándole de mayordomo de Sánchez. Lo consideran una marioneta de La Moncloa, lo cual es impreciso porque lo único que le importa es sobrevivir en el cargo que ocupa gracias a la magnanimidad de Junqueras. El líder de ERC también fue abucheado. Hubiera sido un exceso que lo consideraran el mayordomo de Felipe VI, el actual conde de Barcelona y rey de Aragón, que son algunos de los muchos títulos que corresponden al Rey. Aragonès es un personaje gris, tan fatuo y vanidoso como escaso de atributos para el ejercicio del gobierno. Lo normal es que estuviera entre los vociferantes independentistas que hicieron ayer el ridículo. Al menos, ha aprendido a medrar siguiendo los pasos de su abuelo franquista y su padre pujolista.

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Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).

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