millón de votos

En el PSOE no daban ayer crédito cuando vieron cómo el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, se descolgaba conduros ataques contra el líder de la oposición, el gallego Alberto Núñez Feijóo, actuando más como cargo socialista que desde la institucionalidad que le exige la responsabilidad que ocupa. Un desahogo que socialistas interpretaron con un «error», que solo sirvió para abonar la tesis de que Moncloa utiliza el CIS como una herramienta al servicio de su estrategia política.

Moncloa bracea contra una corriente en contra, en la que no acaba de encontrar la vía para detener la fuga de votos socialistas que hoy podrían votar al PP si se celebraran elecciones. Esta es la gran obsesión de Pedro Sánchez y de su equipo de «fontaneros».

La ofensiva fiscal y el discurso de los pobres contra los ricos no está alterando, tanto como esperaban en Moncloa, las previsiones demoscópicas. En el «sanedrín» de Sánchez manejan también otros estudios distintos al CIS oficial, y ahí no hay maquillaje para esa bolsa de desafección hacia el «sanchismo», que puede cifrarse en el millón de votos que podrían dejar de estar con el PSOE para irse al PP de Feijóo.

Esto explica que Moncloa esté obsesionada con dinamitar la imagen de Feijóocomo un líder solvente y, sobre todo, moderado y de centro. El presidente del Gobierno insistió ayer en esa línea en el duelo dialéctico que mantuvo con Feijóo en el Senado, y el líder popular respondió al ataque, en lo que convirtió al debate en un pulso electoral para ver quién ganaba en el cuerpo a cuerpo.

Los movimientos de Moncloa están trasladando al PSOE la sensación de que los planes no están saliendo conforme a lo previsto. La ofensiva fiscal ha contenido la caída de Pedro Sánchez en las encuestas, pero no lo suficiente antes de entrar en un tiempo en el que, aunque el Gobierno siga dispuesto a gastar lo que haga falta para atender a los más vulnerables, y para contener el malestar social, el círculo a su alrededor se hace cada más pequeño por la presión de la evolución económica.

Los Presupuestos que tramita el Congreso son un brindis al sol y así lo están diciendo los principales organismos y servicios de estudio, que coinciden, además, en tumbar la previsión de crecimiento del Ejecutivo. En Moncloa querían confiar en que el mero enunciado de los nuevos impuestos a los «poderosos», a las grandes fortunas, a bancos y energéticas, marcaría un punto de inflexión en la remontada. Pero, sin embargo, no está teniendo la fuerza que esperaban. El Gobierno todavía tiene colchón de gasto con la recaudación extraordinaria y con los fondos europeos, si bien también asume que 2023 será un año más complicado que 2022 porque la crisis se agravará y la tensión energética durará más de lo esperado.

De hecho, ya se están preparando para prorrogar algunas de las ayudas puestas en marcha, y no solo por motivos electorales, por el coste de suprimirlas en plena campaña electoral, sino también porque asumen que seguirán siendo necesarias para sostener a los sectores más vulnerables de la sociedad. El calendario aprieta porque, una vez que pase la Navidad, ya no habrá más que campaña electoral.

Aquí entran las dudas en Moncloa sobre el acuerdo del pacto en Justicia con el PP a estas alturas de la legislatura y sin tener claro por dónde saldrán las próximas citas electorales.

En el nivel más técnico los negociadores sostienen que el acuerdo pueda estar hecho, desvinculándolo de la dureza con la que ayer se atacaron en el Senado Sánchez y Feijóo. Pero este pacto desmonta por completo el argumentario socialista que se intenta sostener en la idea de que el líder del PP es un radical, con el que no es posible llegar a acuerdos. ¿Y entonces, cómo se explica que hayan podido hacerlo en materia de Justicia? El eslogan se cae, de la misma manera que el pacto también genera un problema a Sánchez con sus socios. La reforma del sistema de elección, que exige el PP, el PSOE sólo puede validarla si es un compromiso que no le ata a futuro.

«Si Sánchez acepta reformar la ley supone que renunciamos de por vida a los doce vocales de procedencia judicial, porque Jueces para la Democracia no saca más de uno o dos», sentencian.

En el PSOE y en el Partido Popular esperan con atención a conocer el acuerdo para examinar a sus respectivos líderes. «Hay poca salida más allá de que Sánchez se comprometa, para luego liarla, y que el PP sea capaz de oler la jugada y no tragar», precisan fuentes jurídicas.

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