padre de la niña de Canet

Se llama Javier Pulido y hasta hace muy poco nos referíamos a él como «el padre del niño de Canet». Tampoco conocíamos su cara. Pero ha decidido que no se va a esconder más. Eso no significa que no tenga miedo, al contrario: no ha sido fácil ni lo está siendo para él y su familia. «Claro que tengo miedo, dice, «pero el miedo es, como en Dune, la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Así que solo tengo dos opciones: agachar la cabeza o afrontarlo. Y he decidido afrontarlo».

Le veíamos por primera vez el pasado lunes a las puertas del juzgado número 12 de Barcelona, donde declaraba como testigo después de personarse como acusación particular contra los que publicaron mensajes de acoso contra él y su familia en las redes sociales. Pero su historia se remonta a meses antes, aunque siempre la han contado otras voces. Hoy es él mismo quien, por primera vez, lo explica todo. «En Cataluña hemos normalizado que la lengua vehicular en los colegios sea el catalán y que el español esté desaparecido», explica. «Ya cuando yo era pequeño era así, hace mucho tiempo de esto. Incluso el español se impartía en catalán, exactamente igual que como si fuese una lengua extranjera. A mí en el colegio, por ejemplo, me llamaban Xavi, cuando yo me llamo Javi, con J», apunta.

Pero es cuando se convierte en padre y su hija empieza el colegio cuando Javi, con J, se plantea que la legalidad no es eso a lo que se han acostumbrado. «Hablé con la directora sobre el plan lingüístico», cuenta, «sobre si se ajustaba a la norma. Ellos conocían la legalidad, pero iban a aplicar lo estipulado, que era seguir con el catalán como lengua vehicular, así que salí de allí igual que entré, sin conclusiones. Y ahí es cuando me planteo dar un paso más y, después de hablarlo con mi mujer, nos ponemos en contacto con la AEB (Asociación para la Escuela Bilingüe) y nos informamos. Esto es en 2019: Urquinaona ardía en ese momento, en la calle había una tensión brutal y pensamos que, si lo hacíamos, mejor con más gente. No queríamos encontrarnos solos».


Claro que tengo miedo, pero solo tenía dos opciones: agachar la cabeza o afrontarlo

Hasta quince familias en el colegio estaban interesadas en reivindicar el derecho de sus propios hijos a recibir las clases en castellano que contempla la ley. «Y nos reunimos todos con Ana Losada (la presidenta de la AEB). Pero todas ellas acabaron desistiendo. Unos preferían ahorrarse problemas o reproches de sus vecinos y conocidos. Otros, trabajaban en la administración y temían sufrir consecuencias. Algunos, incluso reconocían abiertamente sentir miedo. Así que nos vimos solos».

Llegó la pandemia y con ella se paralizaba todo, incluidos los colegios. Y es en 2021, cuando ya empezábamos a retomar una relativa normalidad y Cataluña vive también una cierta calma (con los presos por el procés ya en la calle), cuando parecía el momento idóneo para presentar la denuncia pertinente y reclamar que se cumpliera la ley. Justo en ese momento y no en otro, el Tribunal Supremo desestima la admisión a trámite del recurso presentado por la Generalitat de Cataluña y se hace firme la sentencia del Tribunal Superior de Justicia que obligaba a que todos los colegios de Cataluña sean bilingües.

«Y ahí empezó todo», explica Javier. «No dieron nuestros nombresabiertamente, porque hubiese sido ilegal, pero sí se señala que hay una familia de Canet que ha dado ese paso. No se aportaba ninguna prueba ni ningún documento, no podían hacerlo, pero ya estaban señalando aunque no se filtrase el nombre. Nosotros optamos por no decir que éramos nosotros, por negarlo, al ver la que se estaba armando. Lo sabían algunos íntimos y mis padres, pero nadie más. Aunque en realidad todo el mundo podía saber que era yo, porque nunca he escondido mis ideas, pero no lo podían acreditar de ningún modo. Eso nos daba cierto espacio». Un espacio y un respiro que solo duraría hasta que los padres del colegio se personaron en el procedimiento judicial y pudieron ver su nombre. «Desde ese momento empieza la pesadilla», asegura.

Una pesadilla que fue, en realidad, la explosión de un odio casi atávico en un pequeño pueblo y por parte de rostros conocidos. «Gente que estaba en mi día a día», comenta Javier, «con quien compartía días de playa y tardes con los niños. Incluso personas que habían estado cenando en mi casa días atrás, de pronto miraban para otro lado o evitaban cruzarse y coincidir conmigo. Las miradas de odio eran constantes». Consiguieron mantener a la niña al margen de la situación, lejos de todo hostigamiento. Pero el resultado de ese acoso ha sido una inmensa sensación de soledad y la sensación de abandono e indefensión.

«Entre los padres del cole hay gente muy militante y con mucha presencia en redes y a partir de ahí se inicia el incendio», explica. Un fuego que, Javier tiene esa convicción, fue orquestado y alentado desde el Gobierno autonómico y medios afines para señalar a un enemigo común. Los mensajes de acoso y odio se sucedían y multiplicaban y desde las redes se alentaba a «hacer pasar un infierno a esta familia» con el fin último de disuadir a cualquiera que se plantease seguir sus pasos, y defender sus derechos, por miedo a esa violencia mediática y hostigamiento.


Ha llegado el momento de dar la cara. No podemos seguir callados y claudicando

Y llegó el punto de inflexión, un momento de sufrimiento tal que «me dije a mí mismo que tenía que hacer algo», recuerda. Lo que pudiese, aquello que estuviese en su mano, por poco que fuera. «Pero tenía que hacer algo para tratar de romper esta dinámica que hemos normalizado aquí de vivir con miedo. Quiero contribuir a que la gente deje de hacerlo, deje de normalizarlo. Porque normalizarlo es legitimarlo, darle carta de naturaleza. Necesitamos que se nos escuche, que se sepa lo que estamos viviendo. Ocultarme me ha venido muy bien durante un tiempo, pero ha llegado el momento de dar la cara, de que se sepa lo que ocurre. No podemos seguir callados y claudicando», señala.

Al respecto, Javier recuerda una anécdota que es muy sintomática del clima que se vive actualmente en Cataluña hoy: «Me reuní con una profesora del colegio para hablar del tema. Tuvimos que hacerlo casi como delincuentes, hablando bajito en la mesa del fondo de un bar. Ella me decía que los profesores eran en realidad todos muy abiertos y muy comprensivos, que la mayoría de ellos se hacía pasar por independentistas sin serlo para poder vivir con tranquilidad. Lo que me estaba contando es que tenían que fingir para conservar su puesto de trabajo. Y lo hacía con una normalidad absoluta. Eso es desolador. Imagina cómo debe ser la presión para que tu vida cotidiana sea hacerte pasar por algo que no eres, ocultar tus ideas para que tu día a día no sea invivible».


Muchos profesores se hacen pasar por independentistas para conservar su puesto de trabajo

Esto, que deja helado a cualquiera, da una medida de lo que puede suponer dar la cara como está haciendo ahora Javier Pulido. «Se puso en funcionamiento todo el aparato político y mediático para perseguirnos», explica, «pero es que se está utilizando sistemáticamente todo el poder para poner la educación al servicio del partido, de la ideología. Antes disimulaban algo, pero ya no. Incluso Pere Aragonés se permite salir y decir abiertamente que se quiere construir la nación alrededor de la lengua. Estamos normalizando que se construya, haciendo uso de nuestros servicios públicos, una idea de Nación que atenta contra la idiosincrasia de los ciudadanos y sus libertades. El fin último no es otro que cortar el vínculo con España, a la que consideran un país extranjero. Y mediante la lengua pretenden esa separación. Si yo hubiese pedido el 25 por ciento en inglés, me aplaudirían y apoyarían. A ellos les da igual el catalán, no es a favor del catalán ni es por protegerlo: es contra el español, para marginarlo y despreciarlo: para separarnos».


A ellos les da igual el catalán, no es a favor del catalán ni es por protegerlo: es contra el español

Ante esta situación, Javier considera que este problema, que es «de todos los españoles», debe afrontarse de manera distinta a como se está haciendo hasta ahora: «Con paciencia y pedagogía, sin caer en el insulto ni lo ofensivo. Sin violencias. Insistiendo una y otra vez en nuestras explicaciones y argumentos».

Por ello, este padre espera expectante, pero también con preocupación, la manifestación del próximo domingo 18 en Barcelona a favor del bilingüismo, de la presencia de ambas lenguas oficiales en las escuelas. «Tengo la esperanza de que la gente vea en este día la oportunidad de romper ese miedo, esa parálisis. De sentirse menos solos y de atreverse a salir. Espero que lo hagan. Que vengan a manifestarse con nosotros por lo que es de todos, por la educación. Les diría a todos ellos que salgan a pedir que el Gobierno deje de instrumentalizar la educación tratando de modificar la sociedad y convirtiéndola en la que a ellos les gustaría. Es un abuso de poder que pretende crear la sociedad del futuro a su medida. Eso nos implica a todos, tengamos o no tengamos hijos. Y no es un problema exclusivamente de Cataluña: es de España. Los catalanes somos españoles. Yo invitaría a todos mis compatriotas a asistir el domingo, a que nos echen una mano a los españoles que vivimos aquí», sentencia.

padre de la niña de Canet

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