El Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo traspasó este lunes una línea roja que su predecesor, Pablo Casado, se resistió a cruzar hasta su caída oficial hace apenas dos semanas: la formación de un Gobierno de coalición con la extrema derecha de Vox en una comunidad autónoma. Haciendo suyo gran parte del discurso del partido de Santiago Abascal, el popular Alfonso Fernández Mañueco ha sido investido presidente de Castilla y León, con un Ejecutivo en el que los ultras ocuparán una vicepresidencia y tres carteras –Agricultura, Cultura e Industria y Empleo–. 

El de la comunidad castellana y leonesa es un caso inédito en toda Europa, donde la extrema derecha gobernará por primera vez junto a un partido de la derecha tradicional. Pero el PP trata de escapar de la idea de un bloque con Vox y busca acotar ese pacto sin precedentes a un escenario coyuntural de la citada comunidad, rechazando también el cordón sanitario a la ultraderecha que sí han tejido los socios europeos del partido de Feijóo. 

El ejemplo más reciente es el de Los Republicanos franceses –los aliados del PP en el país vecino que, junto a los socialistas, se hundieron en las urnas este domingo–, que han pedido apoyar a Emmanuel Macron en la segunda vuelta de las elecciones francesas en las que el aún presidente se enfrentará a Marine Le Pen. 

Ante la connivencia del PP, Abascal considera que la alianza fraguada en Castilla y León debería trasladarse a otras administraciones tras las elecciones autonómicas y municipales previstas para el próximo año, e incluso habla ya de una coalición de PP y Vox de cara a las generales que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tiene previsto convocar hasta finales de 2023 o principios de 2024. El líder de la extrema derecha española asistió al debate de investidura que tuvo lugar este lunes en Las Cortes de Castilla y León, a diferencia de Feijóo, que se ausentó arguyendo problemas de agenda. La máxima representación del PP nacional fue la de la coordinadora de Participación Social y vicepresidenta segunda del Congreso, Ana Pastor. 

En Valladolid, Abascal aseguró que el acuerdo alcanzado con el PP es “una posible alternativa para toda España”, pero la nueva dirección de los popularesinsiste en que se trata de un caso puntual. Preguntado sobre una hipotética alianza a nivel estatal, el nuevo coordinador general del PP, Elías Bendodo, aseguró que ese escenario “es precipitado”. 

Feijóo irá a la toma de Mañueco “si la agenda se lo permite”

“El PP se va a presentar a las generales cuando se convoquen. Todavía no hay un horizonte lejano ni cercano de que se convoquen. El PP siempre sale a ganar las elecciones y a conseguir mayorías suficientes para no depender de nadie. Eso es lo que pretendemos. A partir de ahí iremos viendo situación a situación”, remarcó el número tres de Feijóo en rueda de prensa, tras la reunión del Comité de Dirección del partido, que tuvo lugar en la sede nacional del PP de la calle Génova de Madrid.

La dirección popular quiso además restar importancia al hecho de que Feijóo no acudiera a la investidura de Mañueco pese a ser el primer presidente elegido desde que se inició su mandato, el pasado 2 de abril, y a que sí acudió Abascal, el líder del otro partido de la coalición en Castilla y León. “Hoy [por este lunes] se está produciendo el debate de investidura”, recordó Bendodo. “En Andalucía el presidente nacional no asistió al debate de la investidura, asistió a la toma de posesión”, añadió, dando a entender que Feijóo sí irá a ese acto protocolario previsto para el día 19, aunque se resistió a confirmarlo. 

A pesar de ser preguntado una y otra vez, Bendodo aseguró que el líder del PP “tiene la intención de asistir” a la toma de posesión de Mañueco. Que tiene “interés” en acudir ese día a Valladolid y así se lo trasladó a su ejecutiva este mismo lunes. Pero en todas las ocasiones, el número tres de los popularesmatizó que Feijóo irá “si la agenda se lo permite”, y recordó que además de líder del principal partido de la oposición, su máximo jefe también es aún presidente de la Xunta de Galicia, por lo que podría tener responsabilidades ejecutivas que le impidieran acudir a la toma de posesión de Mañueco. 

En un complejo juego de equilibrios para justificar el acuerdo con Vox reivindicando a la vez su autonomía, el PP justificó este lunes algunas de las medidas más extremistas que exige aplicar el partido de Abascal mientras insiste en no extrapolar el acuerdo en Castilla y León al resto de España. En su discurso de investidura, Mañueco asumió, de hecho, el concepto de violencia intrafamiliar, la idea de “inmigración ordenada” y rehusó hablar de Memoria Histórica para defender una nueva Ley de Concordia, que “evita la utilización de la historia para dividir”.

Equiparar a Vox con Unidas Podemos

La dirección de Feijóo respaldó la adopción de algunos de los ejes del discurso de la extrema derecha por parte de su barón castellano y leonés. Bendodo exclamó en rueda de prensa que “ya está bien de que la izquierda haga política o con el pasado o con la violencia de género”, y consideró que las fuerzas progresistas hacen “un flaco favor a todas las partes porque cree que consigue algún rédito electoral”. El equipo de Feijóo trata así de justificar que Mañueco evitara hablar de violencia machista, pese a que así la ha llamado en los últimos años el PP, que forma parte del pacto de Estado contra esa lacra, y rechazara la legislación para proteger a las víctimas de la dictadura. 

Otros dirigentes del PP, como el portavoz en el Senado, Javier Maroto, justificaron su alianza con Vox en Castilla y León con el manido argumento que pretende equiparar a la extrema derecha con Unidas Podemos o EH Bildu, fuerzas con las que ha pactado el PSOE. A su juicio no se puede equiparar el cordón sanitario impuesto a Le Pen en Francia con el caso del partido de Abascal en España porque lo ocurrido en Castilla y León se ciñe a la “política autonómica” y de cuestiones prácticas como una bajada de impuestos, y no al contexto “en otras ubicaciones geográficas”.

En este escenario, el barón popular que se enfrentará este año a las urnas, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, trata también de alejarse del acuerdo alcanzado por su partido con Vox en Castilla y León. Todo ello a pesar de que él también gobierna gracias a la extrema derecha, si bien con un apoyo externo de la formación de Abascal que ha ido diluyéndose en los últimos meses, lo que le ha abocado a no poder aprobar sus Presupuestos y, por tanto, a tener que adelantar los comicios, aún sin fecha. 

Preguntado por si, llegado el caso, estaría dispuesto a introducir a Vox en su futuro Ejecutivo, Moreno Bonilla se limitó a asegurar este lunes, durante un acto en Cádiz, que lo que le “preocupa” es “Andalucía y los andaluces”, según unas declaraciones recogidas por La Voz del Sur. “Mi obligación como presidente es gobernar para todos y, cuando llegue el momento de las elecciones, es intentar generar una mayoría suficiente para poder gobernar en solitario”, remachó.

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