Para Juanma Moreno, esta Semana Santa ha sido de reflexión y recogimiento. Más que ninguna otra. El presidente de la Junta de Andalucía debe decidir antes de que termine abril cuándo convoca elecciones; en medio de las turbulencias económicas y con su socio de Gobierno, Juan Marín, rogándole que le deje unos meses más, consciente de que la suerte de Ciudadanos está echada.

Para los populares, las andaluzas son mucho más que unas elecciones autonómicas. Son el primer examen para la nueva dirección nacional, y de su resultado dependerá que el pacto con Vox en Castilla y León tenga segunda parte en Andalucía. Ya se lo dijo Alberto Núñez Feijóo a los miembros de su comité de dirección el pasado lunes: los éxitos y fracasos se miden en las urnas, tan sencillo como eso. Palabra de quien obtuvo cuatro mayorías absolutas en Galicia antes de dar el salto a la política nacional.

Moreno lleva meses deshojando la margarita. A principios de año se inclinaba por convocar en junio, pero después vio las barbas de Alfonso Fernández Mañueco pelar cuando, en febrero, el castellanoleonés consiguió una mayoría insuficiente que le ató a Vox. Y cambió de idea. Sin embargo, el efecto Feijóo, la endiablada situación económica y la inflación desbocada han hecho que se replantee el calendario.

Esta Semana Santa, Sevilla huele a azahar y a elecciones. Tradicionalmente, en Andalucía los comicios en primavera siempre han ido bien a quien los convocaba. A mayores, adelantar las elecciones ese medio año daría margen al nuevo Ejecutivo para elaborar unos Presupuestos de 2022 y no seguir con los de 2021 prorrogados. Eso dicen los suyos.
En el equipo de Juanma Moreno afirman que no van a marcarse expectativas públicamente

Sea como fuere, el presidente andaluz y su equipo tienen clara una cosa: no repetirán el «gran error» que los populares cometieron en Castilla y León, cuando pusieron unas expectativas tan altas que la victoria acabó pareciendo una derrota. «No vamos a hacer como en Castilla y León. Las expectativas que las marquen otros», resumen desde el entorno del presidente andaluz a El Debate.

Durante la campaña castellanoleonesa volaron cuchillos entre el PPCyL y la dirección nacional de Pablo Casado y Teodoro García Egea. En Madrid y Valladolid se culparon mutuamente de haber puesto el listón tan alto que se convirtió en una soga al cuello. En realidad, fueron esas expectativas las que hicieron que Mañueco se tirara a la piscina y dinamitara su Gobierno para llamar a los castellanoleoneses a las urnas.

Fuera de quien fuese la culpa, Mañueco empezó la precampaña virtualmente en 39 escaños y acabó la noche electoral del 13 de febrero con 31 (a 10 de la mayoría absoluta), y gracias. Lo que se suponía que iba a ser una victoria tan aplastante como la de Isabel Díaz Ayuso en Madrid terminó siendo un Gobierno de coalición, con un vicepresidente y tres consejeros de Vox.

mañueco gallardo
Mañueco y García-Gallardo se felicitan en las Cortes, el pasado lunesEFE
«La convocatoria depende de nosotros mismos, no de Vox», señalan las mismas fuentes. Y sí, solo Moreno tiene el poder de convocar, pero es innegable que los populares andaluces miran por el rabillo del ojo a los de Santiago Abascal. El barómetro publicado a principios de abril por el Centro de Estudios Andaluces (Centra), dependiente de la Consejería de Presidencia, daba a los de Abascal 22 escaños, frente a los 12 que tiene ahora.

Más que la izquierda

La gran esperanza del PP andaluz es obtener por sí mismo más que la suma de toda la izquierda, y no es descabellado. En esa encuesta, el PSOE (30-31), Podemos (10) y Adelante Andalucía (0-1) se quedarían por detrás de los 43-44 de Moreno. Pero, aun así, el popular seguiría estando muy lejos de los 55 escaños de la mayoría absoluta.

Lo de la izquierda andaluza va camino del drama. El PSOE sigue procesionando en su particular estación de penitencia, pagando por la corrupción. Su candidato, Juan Espadas, es casi un desconocido fuera de Sevilla. Por más que, durante los últimos meses, Andalucía haya sido un constante ir y venir de Pedro Sánchez y sus ministros para sacar en la foto a Espadas.

Pedro Sánchez en un acto con Juan Espadas
Pedro Sánchez, en un acto con Juan EspadasEP
Y el espacio a la izquierda del PSOE es un guirigay. Podemos quiere constituir un «frente amplio» con Izquierda Unida y Más País para plantar batalla a Moreno, pero de momento no se ponen de acuerdo en el candidato ni en el resto de la lista. Un espacio en el que no estará Adelante Andalucía: Teresa Rodríguez, que en 2018 fue la candidata de las izquierdas, acabó peleada con Pablo Iglesias y esta vez se presenta en solitario.

El relato

Si los planes de Moreno han ido cambiando, su relato también. Inicialmente, el detonante de las elecciones iba a ser el dique que Vox y el PSOE estaban poniendo a la acción de gobierno. Por ejemplo, tumbando los Presupuestos de 2022, como ocurrió en noviembre del año pasado.

Pero desde entonces, la legislatura ha seguido avanzando y las asperezas parlamentarias entre Moreno y Vox, limándose. Los de Abascal le han ayudado a aprobar varias iniciativas prioritarias para la Junta de Andalucía, como su decreto de simplificación administrativa. No hay bloqueo.

En los últimos días, los populares andaluces han empezado a difundir la consigna de que, en términos políticos, la legislatura está acabada y sus objetivos, cumplidos. Por tanto, ya no hablan siquiera de adelanto que haya que justificar, simplemente de elegir una fecha u otra pensando –afirman– en los andaluces.

El anuncio de las elecciones no irá acompañado, en ningún caso, de una ruptura abrupta con Ciudadanos, otra diferencia respecto a lo ocurrido en Castilla y León. En tierras andaluzas la coalición con Cs ha funcionado, y Moreno no quiere hacer leña del árbol caído. «Ciudadanos se está disolviendo por sí solo, no nos hace falta rematarlo», opina un diputado del PP andaluz.

Ni les hace falta ni tampoco les interesa: en Andalucía, a diferencia de lo ocurrido en casi toda España, Cs se nutrió electoralmente en 2018 de exvotantes del PSOE. Para los populares sería mejor que se quedaran en Cs a que volvieran al PSOE. Aunque, a juzgar por las encuestas, no parece que Espadas vaya a recuperar votantes, sino a perder más que Susana Díaz.

La última palabra la tiene Juanma Moreno. «La cosa está abierta, aunque cada vez menos», sostienen, crípticos, los suyos.

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