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Las decenas de miles de personas que el sábado abarrotaron la madrileña Plaza de Cibeles en protesta contra las políticas de Pedro Sánchez son, según María Jesús Montero, gente que quiere «volver a la España negra».

De puertas afuera, los socialistas se han dedicado a menospreciar una manifestación multitudinaria y unitaria. Pero intramuros de la Moncloa y Ferraz han tomado nota, porque lo sucedido en el epicentro de la capital no hace sino confirmar la peor noticia para el PSOE: a cuatro meses de las elecciones municipales y autonómicas, el centro derecha está muy movilizado. Lo que, sumado a la desmovilización de la izquierda, resulta un cóctel letal para Sánchez.

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Los socialistas son conscientes de lo complicado que va a resultar espolear al electorado de izquierdas para que salga de la abstención y vaya a votar masivamente, puesto que agitar el miedo a Vox hace tiempo que no les funciona (lo han vuelto a intentar con Castilla y León, y nada). Así que han decidido probar suerte a la inversa: su objetivo prioritario para el 28-M será que los votantes del PP, Vox y Cs se queden en casa.

En esa estrategia se enmarca el reciente fichaje del polémico consultor político Aleix Sanmartín, un profesional afincado en México con 15 años de experiencia en campañas electorales cuyos métodos son de sobra conocidos en el sector. Y criticados. La especialidad de Sanmartín no es movilizar a los propios, sino desmovilizar a los del adversario.

En España, su trayectoria empezó con José Luis Rodríguez Zapatero en 2008 y siguió con el exministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos. Más tarde dio el salto al continente americano de la mano del consultor José Luis Sanchis, donde alcanzó la fama y el éxito. Allí hablan de él como un «experto en guerra sucia». Hasta que, en 2018, los populares llamaron a su puerta.

«Aleix es una bomba de relojería. No tiene escrúpulos», señala a El Debate un dirigente del PP de Andalucía que lo conoce bien, puesto que Sanmartín ha trabajado en las dos campañas electorales de Juanma Moreno, especialmente en la de 2018 y solo tangencialmente en la de 2022. Otro popular andaluz añade: «Su especialidad son el juego sucio y las redes sociales. Se dedica a crear perfiles falsos y a intoxicar. Es un killer».

Lo más irónico es que, en paralelo al fichaje de Sanmartín, el PSOE acaba de crear un «comité contra la desinformación de la derecha». Con el objetivo de desmentir los «bulos» que, según los socialistas, difunden el PP y Vox contra los gobiernos socialistas.

De Sanmartín fue la idea de que Moreno iniciara aquella primera campaña a las puertas del puticlub –ya entonces cerrado– Don Angelo, en Sevilla, para denunciar que altos cargos socialistas se habían gastado el dinero de los parados en prostíbulos de Sevilla, Cádiz y Córdoba.

La campaña que acabó ante la JEC

Después de esa campaña, que llevó a Moreno a la Junta de Andalucía a pesar de que el PSOE ganó las elecciones, el entonces secretario general del PP, Teodoro García Egea, se fijó él y lo fichó para su equipo en Génova 13. Unas semanas antes de la repetición electoral de noviembre de 2019, apareció una misteriosa campaña en vallas de varias ciudades, páginas web y redes sociales llamando a los votantes del PSOE y de Unidas Podemos a abstenerse. Con mensajes como «Yo no voto» o «10-N, no contéis conmigo» junto a imágenes de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Supuestamente, la campaña había sido lanzada por simpatizantes de Más País. Eso querían sus auténticos creadores que pareciera, pero nada más lejos de la realidad. Pronto se descubrió que el responsable era un trabajador de la consultora de Sanmartín, aunque éste último alegó que su empleado había actuado por su cuenta y riesgo, sin su conocimiento ni permiso.

Errejón llegó a denunciar la campaña ante la Junta Electoral Central (JEC) por «generar un descrédito para (…) todas las fuerzas políticas de la izquierda que concurren a las elecciones del 10-N, favoreciendo de manera evidente a las fuerzas políticas del espectro de la derecha o incitando directamente a la desmovilización del voto».

Aunque Sanmartín es de Granada, estudió en España y llegó a militar en las Juventudes Socialistas, hace 15 años que vive en México (tiene la doble nacionalidad), su centro de operaciones y desde donde ha dirigido campañas electorales de aquel país y también de Panamá, Uruguay, El Salvador y República Dominicana. Ha prestado sus servicios tanto a candidatos de izquierdas como de derechas: «Independientemente de mis valores, a mí no me contratan para que yo les vote, me contratan para ganar elecciones. Si me contrataran para que yo les votara sería el voto más caro de la historia», decía él mismo hace unas semanas en un podcast organizado por la Asociación de Comunicación Política, ACOP.

Se prodiga poco en los medios de comunicación, pero en una entrevista que concedió a la revista de comunicación política C&E (Campains and Elections), resumió así su filosofía de trabajo: «Para mí la ética en elecciones la establece la legislación de cada país. Es ético todo lo que esté dentro de la ley. Se deben utilizar todos los medios que la ley permita para ganar una elección, que es para lo que nos contratan. Todo lo que permita la ley es legítimo, todo lo que esté fuera de la legislación es condenable y no se puede ni debe utilizar. Ahora bien, si la ley lo permite es mi obligación utilizar todos los recursos para lograr el objetivo de mi cliente, que generalmente es ganar una elección. De lo contrario estaría siendo desleal a quien me contrato y eso si no es ético». Y eso es lo que está haciendo para el PSOE.

El PSOE contrata a un estratega para desmovilizar a los votantes del PP y Vox: «Es un 'killer'» (El Debate) estratega

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