Eliseo Aja

Durante el curso 1967-68, cuando estaba cursando cuarto de Derecho en la Universidad de Valladolid, un joven Eliseo Aja se acercó a Don Teodoro González, catedrático de Derecho Político de aquella universidad, para decirle que quería dedicarse a esta disciplina y le pidió que le orientara en su carrera y le dirigiera la tesis. 

Don Teodoro, un viejo liberal del exilio interior,  especialista en el régimen político británico, después de pensárselo un poco le respondió con la cortesía habitual de los profesores de entonces: «Mire usted, Eliseo, haría lo que me pide con mucho gusto, sabe cómo le aprecio desde que le tuve de alumno, pero soy ya mayor, estoy muy cercano a la jubilación y pienso que para usted sería más conveniente contactar con catedráticos de las generaciones jóvenes. Precisamente, el mes próximo he invitado al profesor Jiménez de Parga, uno de los mejores,  catedrático en Barcelona, para que pronuncie una conferencia en esta Facultad. Se lo presentaré indicándole que está interesado en ser profesor de la asignatura, es persona muy abierta y cordial, espero que se entiendan».    

En efecto, así fue. Tras la conferencia, Don Teodoro hizo las presentaciones, recomendó a Eliseo como a uno de sus grandes alumnos, al joven catedrático de Barcelona le cayó bien el futuro discípulo, le animó a perseverar y le ofreció toda la ayuda posible. En la despedida le dijo: «Cuando venga a Barcelona no deje de visitarme». Eliseo, ni corto ni perezoso, se matriculó el siguiente curso, el último de su carrera, en Barcelona, y una semana antes de empezar las clases se trasladó a dicha ciudad e, inmediatamente, maleta en mano, fue al despacho de Jiménez de Parga. «Aquí estoy, don Manuel, ¿se acuerda de mí»?

«Este era el auténtico Eliseo Aja, una persona osada y atrevida. Toda su vida fue así»

Este era el auténtico Eliseo Aja, una persona osada y atrevida, con una voluntad de hierro, gran capacidad de trabajo y dispuesto a asumir cualquier riesgo con tal de conseguir lo que se proponía. Toda su vida fue así. Nació y residió en Santander hasta empezar la carrera, acabó el último curso en Barcelona y después pasó a ser profesor en los Estudios de Derecho en Lérida, una extensión de la Universidad de Barcelona. Allí fue donde le conocí, allí comenzó una larguísima amistad solo interrumpida por su tristísimo fallecimiento en el día de ayer.  

Jiménez de Parga le acogió y protegió en lo que pudo: facilitándole clases particulares a los hijos de sus amigos y dejándole que instalara su lugar de trabajo en el seminario de la Facultad. Allí conoció al que sería su auténtico maestro, Jordi Solé Tura, el cual le inició en el estudio de la política y el Estado, aún no se sabía muy bien qué era el Derecho Constitucional al carecer España de Constitución. Ello llegaría con la Transición: en torno Solé – ponente constitucional – se formó un pequeño grupo de estudio sobre los temas que se planteaban en la ponencia para establecer los criterios más sólidos posibles. Eliseo coordinó este grupo con gran eficacia y allí se reveló como un auténtico líder. 

Una vez catedrático de Barcelona en 1982, empezó a organizar en equipo mil y un trabajos que sin su empeño tenaz nunca hubieran llegado a puerto. Su gran tema fue la organización territorial en comunidades autónomas. Junto a Joaquín Tornos, Tomàs Font, Enoch Albertí y Francesc Pallarés, coordinó un muy conocido manual sobre la organización de las comunidades autónomas, en parte fruto de debates entre profesores de toda España, siendo de gran importancia, incluso política, la reunión de Gerona en 1987: allí se establecieron las bases jurídicas para entender el Estado de las autonomías como Estado federal. 

Todo estos esfuerzos cristalizaron en un fundamental «Informe» sobre el Estado de las autonomías, publicado anualmente desde 1991 hasta hoy mismo, una pieza capital para el seguimiento de la evolución de nuestra organización territorial. Diez años después, gracias a su empuje y energía se fundó en Barcelona el Instituto de Derecho Público, del que fue el primer director durante años. Entrado este siglo pasó a formar parte del Consejo de Garantías Estatutarias de la Generalitat de Cataluña, del que fue presidente. 

«Nunca pensé que un hombre que había desplegado en vida tanto ímpetu, vigor y energía, podía dejarnos»

En los últimos años, la salud de Eliseo se debilitó seriamente. En tiempos, fue un arrebatado futbolista, ponía en el campo la misma pasión que en el estudio y en el trabajo, se enojaba seriamente si no ganaba, pero todo este coraje fue perdiendo fuelle cuando la salud empezó a menguar. Anna, su mujer, y Júlia, su hija, fueron su refugio de los últimos tiempos, un refugio seguro que no podía darle más amor ni más ánimos. Hasta ayer por la mañana en que recibí la noticia de su muerte nunca pensé, sin embargo, que un hombre que había desplegado en vida tanto ímpetu, vigor y energía, podía dejarnos. Pero así ha sido, descanse en paz.

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