Estupor en el PSOE

Una semana «caótica». El bochorno inundó esta semana el Partido Socialista desde sus inicios. Apenas 24 horas después de la manifestación masiva en defensa de la sanidad en la Comunidad de Madrid, el PSOE madrileño priorizaba sus cuestiones orgánicas a los intereses de la ciudadanía con la presentación de su candidata, Reyes Maroto, acompañada de media docena de ministros, entre los que se encontraba uno de los ideólogos de la convocatoria, Félix Bolaños. Un desayuno informativo que, según relatan fuentes socialistas a THE OBJECTIVE, se planificó la semana anterior en una reunión entre Moncloa y algunos cargos socialistas obviando el previsible éxito de la convocatoria en las calles de Madrid.

«¿Pero a quien se le ha ocurrido presentar hoy a Maroto en lugar de capitalizar la manifestación?», preguntaban con indignación fuentes de Ferraz al comprobar que los «errores de estrategia de Moncloa» permitían a la líder de Más Madrid, Mónica García, rentabilizar en solitario la manifestación masiva y apuntalar su posición de líder de la oposición como segunda fuerza en la Comunidad. Algunos no daban crédito ante la estrategia gubernamental que mandó a cinco miembros del Consejo de Ministros a la puesta de largo de la candidata al Ayuntamiento de Madrid y ministra de Industria. 

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La presencia de la vicesecretaria general y ministra de Hacienda, María Jesús Montero; la portavoz, Isabel Rodríguez, la vicepresidenta, Nadia Calviño y los ministros Félix Bolaños, Pilar Alegría y Miquel Iceta, provocó además un hecho insólito: que la reina emérita Doña Sofía prescindiera en un acto oficial de la presencia del llamado ‘ministro de jornada’, un miembro del Gobierno que acompaña a Doña Sofía en actos oficiales, cumpliendo el protocolo y que, en esta ocasión tuvo que cubrir una secretaria de Estado. 

«Cuando el jefe se va, se desata el caos»

Fuentes socialistas manifestaban su estupor a este periódico y achacaban el desatino a la «ausencia del jefe», Pedro Sánchez, en la cumbre del G-20 en Bali y Corea. «Siempre ocurre cuando se va. Se desata el caos y errores de planificación de la agenda. Parece que nadie controla el partido y la Moncloa. ¿Hay alguien al mando?», se preguntaban quienes apuntaban a la planificación del acto por parte del ministro de Presidencia, Félix Bolaños, en coordinación con el secretario de Organización, Santos Cerdán, y el secretario del PSOE madrileño, Juan Lobato. 

«A veces parece que nos hacen la estrategia nuestros enemigos», denuncian otras fuentes socialistas respecto al otro acontecimiento coordinado entre varios del Ejecutivo: la orquesta de ministros que abrieron la puerta ese mismo lunes a reformar el delito de malversación junto al de sedición. Desde la ministra de Defensa, Margarita Robles, en TVE, a la portavoz, Isabel Rodríguez, en Onda Cero y el de Presidencia, Félix Bolaños, en la cadena SER, el Gobierno se eclipsó a sí mismo con un coro de voces que argumentaron sin tapujos que «no es lo mismo un corrupto que se lleva el dinero a su bolsillo que el que no». 

Una coral ministerial que provocó una cascada de críticas externas y un alivio de críticas internas entre los territorios. El malestar de los barones con una reforma que cuestiona la bandera de lucha contra la corrupción con la que Sánchez accedió a La Moncloa a través de la moción de censura fue entrando en resonancia en el partido. Desde Bali, el propio Sánchez aparcó la política internacional del G-20 para centrarse en las cuestiones domésticas sin descartar una reforma de las penas de malversación para favorecer «la concordia entre catalanes».

Montero incendia la judicatura

Era lunes y aún quedaba el resto de la semana hasta que se produjera el escándalo por la excarcelación de agresores sexuales tras la rebaja en las penas de la ley del ‘sí es sí’. Escándalo jurídico y político desde el momento en que la ministra de Igualdad, Irene Montero, descargó su responsabilidad en los jueces a quienes acusó de «machistas» y «fachas con toga», en palabras de un miembro de su equipo. En el Palacio de la Moncloa tuvieron que mandar un cortafuegos, que ejerció desde la portavocía gubernamental, Isabel Rodríguez, mandando todo respeto a los jueces, el de Todo el Gobierno. 

Pero la mecha había prendido y era demasiado tarde para sofocar el incendio. Muchos de los presidentes autonómicos, ministros, y hasta sus propios compañeros de Podemos exigían una rectificación y una corrección de la ley y la oposición en bloque, la dimisión.  Por eso, el presidente Sánchez tuvo que mandar un nuevo tranquilizante desde Corea al renegar de la modificación legislativa y alinearse con su ministra de Igualdad al abogar por la unificación de la aplicación a través de la jurisprudencia del Tribunal Supremo.

Un terremoto político de difícil solución porque Montero ha quedado aislada, sola y sumida en el más profundo descrédito pero al tiempo está garantizada su permanencia en el Consejo de Ministros. Fuentes gubernamentales dan cuenta de su malestar con lo ocurrido pero también niegan que sea consciente de su responsabilidad en el error. El presidente Sánchez llegó a ultima hora del viernes a España tras participar en la cumbre del G-20. Su retorno tranquiliza a muchos porque recupera los mandos de la planificación de la estrategia que esta semana ha brillado por su ausencia. Como ilustraba un alto cargo: «Cuando el gato no está los ratones bailan». 

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