ETA delata a Sánchez

Desde que Tejero entró pistola en mano en el Parlamento, no había vivido la sede de la soberanía nacional una humillación como la que esta semana le han infligido el partido de la ETA y el partido de Sánchez, con el apoyo de un periodismo decididamente abyecto, que sonreía junto a la editora del pasquín delator de la banda etarra durante los peores años del terror.

La ETA se ha revelado como actor decisivo en la tragedia de la continuidad de Sánchez en el Poder, al precio que le vimos dispuesto a pagar: el que sea, excepto él. La salida de la Esquerra supuso la entrada de la ETA en la compañía de la izquierda real, la única que existe, aunque el PP se empeñe en imaginar que existe el PSOE, y que hay firmar pactos con el Gobierno que insisten en llamar «de Estado», como si el Estado se llamara Sánchez.

Sánchez le tomó el pelo al PP

Sánchez decidió antes de la moción de censura, y por eso lo echó su partido de la Secretaría General, que llegaría al Poder junto a la ETA, los separatistas catalanes y los comunistas de Caracas. Nada le hará cambiar. Y menos, el PP, que en el carteo de Montero y Bravo ha quedado bastante en ridículo. Se le han visto tantas ganas de votar con el Gobierno, aunque fuera esa patraña que achaca la ruina económica a la invasión de Ucrania, que cuando al fin votó «no», pareció exhalar: «¡qué lástima!». Y lo era. pero no por el PSOE, que hizo con el PP como con Casado y Arrimadas: usarlos en las negociaciones con sus únicos socios, los partidos antisistema, sino por la obstinación de Feijóo en seguir el mismo camino del chasco.

¿Qué necesita el nuevo presidente del PP para aceptar que no existe el PSOE, y que Sánchez está dispuesto a pactar con cualquiera, siempre que ese cualquiera no sea un partido de derechas o español, que tanto da? ¿A qué vienen esas declaraciones, tras la exhibición de poder de la ETA sobre el Gobierno, de que «los puentes con el Gobierno no están rotos», cuando los únicos puentes que no ha roto el PSOE son los que le permitan hacerse con el control, de la Justicia, para rematar el régimen? ¿O es que piensa Feijóo que basta su sola presencia para detener la demolición del régimen constitucional que votó masivamente la nación en 1978, para que la Izquierda en el Poder abandone sus planes de liquidar toda oposición?

Por desgracia, si la sobreactuación de la portavoz bildutarra, adulada por el Comando Mediático Madrid, delató el modo de supervivencia que Sánchez ha diseñado para sí, y del que somos rehenes todos los españoles, también comprometió la esperanza en que Feijóo lleve al PP por un camino de resistencia y alternativa, no de complicidad y alternancia, al despotismo de los partidos en el Poder, en el que el PSOE es sólo uno y no siempre el más importante, porque Sánchez siempre cede ante los demás. Dicho de otro modo: si tras el alarde de prevaricación de la Presidenta del Congreso para meter a terroristas y golpistas en el CNI, y tras el alarde de sumisión del Gobierno a la ETA, Feijóo mantiene que se debe pactar con Sánchez lo único que Sánchez quiere pactar, que es la entrega del Consejo General del Poder Judicial, sin modificar como pide Europa el sistema de elección, habría que asumir que no se puede contar con el PP para echar a Sánchez.

Una estrategia equivocada

Imagino que la postura del PP en las Cortes obedece a que Feijóo entiende que la mano tendida es una estrategia perjudicial para Sánchez y beneficiosa para él como candidato. Pero entregar el CGPJ tras rendir el Tribunal Constitucional y el de Cuentas, y tragar todas las fechorías de la Fiscal General del Estado, no sería un episodio más del clásico tira y afloja bipartidista. Lo de Sánchez no es una estrategia de partido sino un Golpe de Estado en toda regla, por lo judicial y no por lo militar, pero golpe al fin, e infinitamente más grave que el que en 1981 intentó Tejero.

Feijóo se equivoca si cree que tiene tiempo para que madure una estrategia de desgaste del Gobierno porque lo que se está desgastando es el Estado, a pies del Gobierno. Lo imagino consciente del riesgo, pero eso no supone que acierte en su diagnóstico ni en su política. En estos días de ignominia, su portavoz parlamentario Olano dio una imagen de solvencia oratoria muy superior a la habitual del PP, y muy parecida a la que personalmente ofrece Feijóo, que parece que has pasado de la Liga Smartbank a la Champions.

Pero categoría intelectual y eficacia política son cosas distintas. El discurso de Olano era bueno para una investidura presidencial de Feijóo, no frente a la prevaricación de Batet y el irrintzi de la ETA. Para eso, el tono adecuado era el de la indignación, es decir, el de Macarena Olona. Temo que Feijóo pensara al oírla lo que dijo contra Cayetana cuando colocó a Iglesias en la aristocracia del crimen político: «No se pueden perder los papeles». Hay algo peor que perderlos, que es no tener papel y esperar que te lo den. Y en Andalucía comprobará que hay actores dispuestos a escribir su propia obra. Ojalá me equivoque yo, pero creo que Feijóo se está equivocando de pleno.

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