El PP de Feijóo pasa a poner letra a su alternativa económica. El periodo de adaptación del nuevo equipo se da por concluido y para la nueva dirección llega el momento de exponer con hechos las diferencias que quieren marcar con la etapa anterior. No se dan más tiempo porque entran «en tiempo electoral» y Feijóo se juega su futuro en Moncloa en las próximas elecciones autonómicas andaluzas.

De momento, el anuncio de la intención de recuperar relaciones con la patronal y con los sindicatos se concreta esta misma semana, y con una foto, además, cargada de simbolismo, porque Alberto Núñez Feijóo ha decidido recibir en la sede nacional del partido a los máximos representantes de las dos principales centrales sindicales. El martes es la cita. El miércoles, está convocada la reunión del Comité Ejecutivo, donde, entre otras cuestiones, abordarán el nuevo plan económico de la etapa Feijóo. El nuevo responsable de economía y consejero de Hacienda de la Junta de Andalucía, Juan Bravo, lo tiene ya prácticamente terminado. A partir de ese momento, el plan estará listo para otro movimiento con el que el nuevo equipo del PP quiere caracterizar al nuevo tiempo: su intención es enviarlo a Moncloa, como supuesta base de negociación.

La reunión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el jefe de la oposición, en Moncloa, sirvió para constatar las diferencias económicas, y que este ámbito, la economía, será el gran campo de confrontación entre las dos alternativas de gobierno, a izquierda, con apoyo nacionalista e independentista, y a derecha, según todas las encuestas sobre la base de un acuerdo entre PP y Vox. En este último caso lo que falta por solventar es si la diferencia entre los dos partidos será lo suficientemente amplia como para que, de tener opciones de gobierno, Feijóo pueda hacerlo en solitario y sin coalición.

Sánchez y Feijóo saben que de aquí a las elecciones tienen que confrontar con dos modelos opuestos, sin nexos de conexión, y que, además, a los dos les interesa sobre actuar en la diferencia porque éste es uno de los terrenos en los que se decidirán las próximas elecciones generales. Moncloa está convencida de que su política económica no puede pactarla con la derecha porque eso les penalizaría electoralmente en el pulso que mantienen con sus socios, por lo que de aquí a que se celebren las generales no habrá ningún gesto de acercamiento hacia el principal partido de la oposición. Tampoco le interesa a los populares, salvo cuestiones coyunturales.

El PP de Feijóo lo sabe, pero también sabe que a Pablo Casado le afeaban internamente que fuera a rebufo de la acción del Gobierno y que no dedicase más esfuerzos a vender su alternativa. Feijóo enviará su programa a Moncloa después del Comité Ejecutivo de esta semana, y, a partir de ahí, empezará a entonar el discurso de que si el presidente del Gobierno no baja los impuestos «es porque no quiere» puesto que ellos «le ofrecen una alternativa a la de Podemos».

La inflación y unos precios disparados son la espada de Damocles que se cierne sobre la cabeza del jefe del Ejecutivo. El Gobierno pide calma con el mensaje de que ésta es una situación coyuntural, que no durará más allá de unos meses. Pero no se les pasa por alto que la inflación tumba Gobiernos y que su pronóstico de que la espiral de precios acabará pronto puede ser más deseo que realidad porque ni siquiera tienen en sus manos todos los instrumentos para hacerlo realidad. De momento, siguen a la espera de la respuesta definitiva de la Comisión Europea a la propuesta de Madrid y Lisboa para desvincular el precio del gas de la electricidad. Y, luego, está el factor exógeno de la duración de la guerra de Ucrania.

Mientras el Gobierno de coalición echa cuentas y habla de una crisis de meses, en el PP de Feijóo hacen lo propio pero con la vista puesta en unas elecciones andaluzas que esperan que, esta vez sí, a diferencia de lo que ocurrió con los comicios de Castilla y León, marquen un punto de inflexión en las tendencias demoscópicas e incluso en su relación de fuerzas con Vox.

El líder de la oposición quiere jugar todas sus cartas en el terreno económico, no sólo contra Sánchez, sino también contra el líder de Vox, Santiago Abascal. Tiene detrás una experiencia de gestión de la que carece Abascal, y sus resultados al frente de la Xunta los convertirá en una carta de presentación a nivel nacional en un momento en el que la política es un combate de eslóganes, tuits y mensajes simplificados que se desvanecen con la misma rapidez con las que se actualizan las webs informativas.

Con Feijóo regresa el liderazgo clásico, en el que el contenido es más importante que el adorno. Cree que Sánchez es un vendehúmo y que Abascal es un político populista que se aprovecha de la mala gestión socialista para subir escalones con propuestas mágicas que no tienen más recorrido. Ahora está por ver si esta vuelta a la política de siempre tiene o no tiene recorrido en una sociedad cada vez más cansada de la falta de respuestas de la política tradicional a sus problemas. El PP tiene un agujero en el nuevo electorado, entre los más jóvenes. Y tiene también un problema en nichos en los que Vox ha entrado con una fuerza que parece imbatible por el momento: inmigración, seguridad ciudadana, campo, por ejemplo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí