Fuera de aquí

Un hombre negro en una plaza de una ciudad española, en medio de una multitud de jóvenes. No en medio; rodeado. Uno de los jóvenes se le acerca y le saca una foto con el móvil, sonríe mientras lo hace. Otros abuchean, gritan y pitan. Se escuchan cosas como “Que te pires”, o “Fuera de aquí”. Algunos de los jóvenes le van tanteando. Se le acercan por delante, pasan a su lado, le señalan con el dedo. En un momento, uno de los provocadores se aleja y el hombre intenta escupirle. Era lo que estaba esperando otro de los jóvenes, que se lanza contra el hombre negro e intenta darle un puñetazo en la cara. El hombre lo esquiva sin mucho esfuerzo. El joven, vestido como es habitual en la tribu, se prepara para intentarlo de nuevo. Otro valiente guerrero se le acerca por detrás e intenta envolverle la cabeza con la tela que lleva al cuello, el joven aprovecha para lanzar el puño por segunda vez y tampoco lo consigue. El hombre se ha quitado la tela para que no se la quiten, mantiene la calma y controla la situación. Controla la situación significa que hace frente a unos quince jóvenes, mirando a uno y otro lado para que nadie pueda conseguir lo que el primero de ellos ha intentado sin éxito por dos veces.

El vídeo dura unos cuarenta segundos. No dura más porque alguien hace su trabajo. Al comienzo del vídeo: “Venga, no grabes esto, venga, no me jodas. Que no grabes”. Después de los puñetazos: “Eh, eh, eh, dejad de grabar eh. ¡Dejad de grabar! A ver a quién llegan las multas luego, eh”. Después de que le griten que se vaya de aquí: “¡Ni se te ocurra grabar nada, eh!”.

Los científicos sociales habrían dicho que la crispación proviene de la derecha, que la oposición genera violencia y que los profesores de derechas están creando una nueva horda de adolescentes fascistas

La reacción a este tipo de imágenes suele ser tirar de imaginación. “Y si llega a pasar en Madrid”. “Y si los jóvenes llegan a ser cayetanos, ultraderechistas, fascistas”. Es un error. Evidentemente, si los jóvenes hubieran sido fascistas madrileños -perdón por el pleonasmo- habríamos visto las imágenes en todos los telediarios, en todas las tertulias y en todas las tribunas de prensa durante una semana. Después habrían venido los análisis técnicos. Los científicos sociales habrían dicho que la crispación proviene de la derecha, que la oposición genera violencia y que los profesores de derechas están creando una nueva horda de adolescentes fascistas que siembra el terror por las calles. Lo habrían dicho aunque no se hubiera producido ese episodio, y lo dirán dentro de unos días a pesar de que los jóvenes que salen en ese vídeo no son fascistas, sino antifascistas. Varios de los que rodeaban al hombre llevaban sudaderas y camisetas del movimiento antifascista. El que exigía que no se grabara nada llevaba una camiseta en la que se podía leer “Hortaleza Antifascista”. Así que al final sí hay vínculo madrileño, pero la agresión no ocurrió en la capital de las alertas sociales, sino en un lugar de España al que se le presta mucha menos atención. La pista la da la sudadera de otro de los jóvenes que rodean al hombre: “GUDARIAK DIRELAKO. AMNISTIA!”. Porque son gudaris, amnistía.

La agresión se produce en Navarra. La tela que el agredido llevaba al cuello era la bandera de España. El vídeo dura unos cuarenta segundos, pero no es difícil saber qué es lo que ha pasado antes y después. No hace falta imaginarlo, basta con tirar de hemeroteca: Alsasua, Rentería, Miravalles, Barakaldo, Bilbao, Sestao, Mondragón. Durante los últimos seis años ha habido muchos otros casos en los que la juventud antifascista ha desplegado impunemente su arsenal de agresiones, insultos y amenazas siempre contra un mismo objetivo: los españoles que no renuncian a serlo. Y siempre con el mismo objetivo: que los españoles lo sean en otro sitio. El ‘Alde hemendik’ que grita uno de los jóvenes de Pamplona vale para Lázaro Luis Pons, el hombre con la bandera de España en medio de la plaza de Navarra. Vale para los guardias civiles, como recordó Bildu, el socio del Gobierno nacional, hace unos días, y como recordaron los jóvenes antifascistas de Alsasua hace algunos años. Y vale para cualquier partido político que no acepte que País Vasco y Navarra son realidades políticas y sociales absolutamente separadas de España, como recordó también EH Bildu en las últimas elecciones generales.

La mayoría de las agresiones ideológicas en España son cometidas por jóvenes antifascistas, pero siempre encontramos alguna excusa

Lázaro Luis Pons es cubano. Conoce bien a los antifascistas. Cuba es una dictadura desde hace décadas, y es una dictadura antifascista. En España aún hay mucha gente que otorga al movimiento una especie de virtud ideal, aunque la realidad es tozuda. La mayoría de las agresiones ideológicas en España son cometidas por jóvenes antifascistas, pero siempre encontramos alguna excusa. Eso no es verdadero antifascismoDicen que son antifascistas pero no lo son, y la mejor de todas: Dicen que son antifascistas, pero en realidad son fascistas

En España el antifascismo va de la mano de los nacionalismos periféricos. Mediante la política y la violencia de baja intensidad los dos movimientos han conseguido eliminar de facto cualquier expresión nacional en regiones como Navarra, el País Vasco o Cataluña. Puede hacerse, pero tiene consecuencias. Y después de las consecuencias llega el toque final, el análisis periodístico, político y científico: van provocando, para qué se meten ahí si saben lo que va a pasar.

Olvidamos que “ahí” es también España, que la agresión fue el 12 de octubre y que probablemente tengan razón cuando dicen lo que siempre dicen en el Día de la Hispanidad: no tenemos nada que celebrar.

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