General genial

Ayer, domingo 20 de marzo, Ramón Pérez-Maura escribió de un amigo suyo que falleció hace veinte años.

Tener al General Vernon Walters como amigo despierta en mí la más sana de las envidias. Siempre lo admiré profundamente, y de la libertad de una parte del mundo tiene el General Walters mucha culpa. Conversador único. Para mí, modestamente, el político más importante e inteligente del siglo XX, por encima incluso, de Churchill y Adenauer. Hablaba siete idiomas, dos menos que la Duquesa María de Metternich, descendiente del canciller austriaco que organizó el Congreso de Viena y engañó a Napoleón. Así que alguien le preguntó a la Duquesa, ya octogenaria:

-¿Es cierto que habla a la perfección nueve idiomas?.

Y ella, modesta, respondió:

-No, no, qué exageración. Lo que sé es callarme a la perfección en nueve idiomas.Como narra Ramón Pérez-Maura, Vernon Walters fue Director Adjunto de la CIA con cuatro presidentes de los Estados Unidos. Embajador volante. Héroe de la Segunda Guerra Mundial. Asistente personal de los Presidentes Roosevelt, Eisenhower, Truman y Bush padre.

Embajador con Reagan en la ONU y Bonn, cuando cayó el muro de Berlín. Visitante frecuente de Su Santidad El Papa, San Juan Pablo II, el polaco de la Fe de la Iglesia perseguida por el nazismo y el comunismo, al que informaba de los planes y movimientos del Ejército soviético, con un solo testigo, su ayudante, el comandante Lee Martiny, que terminó ordenándose sacerdote de la Iglesia Católica. Walters era un católico convencido, practicante y profundo.

Tenía una extraña afición. Se conocía todas las estaciones de metro de cuantas ciudades en el mundo disponían de ese medio de transporte. Si se inauguraba una nueva estación en Madrid, en Londres o en Moscú, Walters las visitaba, las analizaba y archivaba sus datos. Su primera imagen en España coincide con la visita del Presidente Eisenhower a nuestro país, donde fue recibido por el que era Jefe del Estado, el General Franco. Aquella visita significó mucho para España, y se interpretó como un espaldarazo a las claras del mundo libre a favor de la política anticomunista del Generalísimo. Walters acompañó a Eisenhower como asistente uniformado.

Y se cuenta de él una anécdota muy divertida. Vernon Walters no sólo hablaba un español admirable. Dominaba el argot, el lenguaje de la calle, las palabras figuradas y los giros metafóricos. Hablaba, con un leve acento anglosajón como un castizo de Lavapiés. Lo demostró en una encerrona que le montó la pobre Mercedes Milá en TVE, a la que zarandeó verbalmente con su inteligencia y su humor.

En Madrid, en una recepción al Presidente Eisenhower, Vernon Walters reparó en un General del Ejército Español que lucía sobre su uniforme, en el pecho izquierdo, la Medalla Militar, una condecoración de altísimo reconocimiento castrense. Los hombres inteligentes acostumbran a ser curiosos, y Vernon Walters se dirigió al General Español con la cortesía militar al uso.

–Mi General, perdone mi curiosidad. ¿Esa Medalla Militar individual cuándo le fue concedida?

El General se mostró animoso y agradecido por la pregunta.

–Durante la Guerra Civil, por el tiro que me pegaron en el Pingarrón.

El General fue uno de los defensores que resistieron el ataque del Ejército rojo-republicano al monte Pingarrón, al nordeste de Madrid. Pero Vernon Walters, con su dominio del argot y su humor, siguió la conversación por otros derroteros:

– ¿Y a pesar del tiro en el Pingarrón ha podido usted tener hijos?

Personaje único. La libertad, que hoy quieren arrebatarnos, le debe mucho al General y Embajador Vernon Walters, el hombre al que todo cabía en su privilegiada inteligencia.

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