Griñán y Sánchez

Hojeo muy por encima el relato apocalíptico de José María Zavala, viejo compañero de El Mundo cuando empezaba a descubrirse la cochambre amoral del socialismo español desde 1982. Singularmente, el caso Juan Guerra, que visto hoy parece una broma de mal gusto gastada a fondo por Felipe Gonzálezpara liquidar a Alfonso Guerra, fue el primero de una partida de porquerías que daban una idea de qué respeto sentía ese PSOE por la democracia y sus valores. Nada nuevo, por otra parte. Así que tras leer inquietantes frases del Papa sobre la realidad de una tercera guerra mundial ya entre nosotros desde la invasión de Ucrania, de la que implícitamente culpa ¡a la OTAN! («ladrando a las puertas de Rusia»), es lamentable que tenga que dedicar unas líneas a la actualidad del caso ERE. Pero en fin.

Como saben, la Fiscalía Anticorrupción de Sevilla se opuso esta semana pasada a suspender la pena de cárcel al expresidente de la Junta de Andalucía y del PSOE, José Antonio Griñán, y pide que ingrese en prisión por el caso de los ERE fraudulentos de la administración socialista andaluza. En realidad, lo que ha pedido la Fiscalía es que no se permita a los condenados en firme por el Tribunal Supremo a penas de cárcel, esperar a que el gobierno de Pedro Sánchez decida si indultos sí o indultos no, a quiénes y de qué envergadura. O sea, que pueden ingresar en prisión de forma inmediata si alguien no lo remedia.

Es comprensible que el nombre de José Antonio Griñán sea el más aireado, por haber sido nada menos que presidente nacional del PSOE, pero, en realidad, son bastantes más los condenados a penas de cárcel, algunos con penas superiores a los seis años impuestos a Griñán por la sentencia definitiva del Supremo. Pero, como siempre en la vida, hay pobres y ricos incluso en las papeletas del indulto del Gobierno. Los cuatro más «pobres» de los condenados con José Antonio Viera, exconsejero de Empleo y ex secretario del PSOE de Sevilla; Antonio Fernández, exconsejero de Empleo; Agustín Barberá, ,exviceconsejero de Empleo y Juan Márquez Contreras, exdirector general de Trabajo de dicha Consejería. Todos ellos fueron condenados a una pena de prisión de 7 años, 11 meses y 1 día, pero Márquez ha visto atenuada su condena a tres años.

No se lo creerán pero me encontré casualmente hace poco con uno de estos cuatro condenados. Conversamos durante unos minutos. La conclusión del razonamiento compartido es que, de haber indultos a los «ricos», sólo uno de los restantes pisaría la cárcel. Uno la eludiría por razones de edad, otro por razones de salud y otro por razón de su reducción de pena. Al final, de los «cuatro golfos» sólo iba a quedar uno, el de Cádiz. En concreto, Antonio Fernández, lo cual emite radiaciones sulfurosas peligrosas para Pedro Sánchez, como las emiten los mensajes salvavidas contrarios a todo tipo de indulto que proceden de su gobierno.

Sabido es que Sánchez no conoce la compasión ni conoce el nosotros. Sólo sabe de sí y resiste por y para sí. Es evidente que el PP está en horas bajas debido a la ambigüedad de Alberto Núñez Feijóo, envuelto en la telaraña judicial y herido por sus picotazos antiliberales. Pero es igualmente evidente que, de concederse los indultos la imagen de que un secretario general del PSOE borre las condenas de ex altos cargos del PSOE, uno de ellos presidente nacional, no va a ser positiva y todas las encuestas lo señalan. Cierto es que cuatro mil o más personas han pedido el indulto para Griñán, olvidando a los demás. Pero tan cierto es que más de 60.000 firmas se recogieron contra tales indultos y que los indultos a golpistas y delincuentes no gozan de buena prensa, sobre todo en plena crisis de la Justicia española.

El efecto inmediato de un indulto inesperado y fulminante volverá a situar al PP y a Vox a las puertas de una victoria electoral, pese a Tezanos, y tendría un impulso proporcional al número de indultados. Ninguno de los condenados ha pedido perdón , ninguno ha manifestado arrepentimiento, ninguno ha mostrado compasión por todos los andaluces a los que no ayudaron aunque tuviesen derecho. Si Pedro Sánchez decide indultar sólo a Griñán, se ganará el odio eterno de los restantes, odio que puede traducirse en cantes incómodos y filtraciones peligrosas y no evitará el coste electoral.

Si los indulta a todos, que la justicia es un cachondeo socialista quedará más que claro para todo españolito de a pie, tendría una grave repercusión electoral y Pedro Sánchez, personalmente, quedará marcado para siempre.

Pero, ¿y si no indulta a nadie? ¿Superarán los beneficios electorales de una «justiciera» y cainita operación presidencial a los costes de una sublevación interna acompañada de revelaciones escandalosas y decisivas? ¿Se harán daño unos a otros, Griñán a Sánchez, especialmente? La experiencia dice que no, que en la oscuridad partidista las cosas se arreglan. Es lo que debe estar reconcomiendo la moral de los aspirantes a la medida de gracia. A nadie le cabe duda de que Sánchez hará lo que le venga mejor a él mismo. Lo único que no le viene bien es el reloj. Tic, tac. Tic, tac. Podría ser un apocalipsis, pero tan pequeñito…

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