la Reina Midas

Palacios de película, inmuebles en Regent Street, joyas de valor casi incalculable. Y caballos de pura raza, valiosas colecciones de sellos y obras de arte; e, incluso, participaciones directas en grandes empresas. Todo eso y mucho más cabe en el inmenso patrimonio de los Windsor, alimentado durante siglos por los negocios de la familia real británica y engordado, más si cabe, durante el largo reinado de Isabel II.

La Reina de Inglaterra deja en manos de sus herederos un patrimonio tan grande que ninguna publicación especializada ha sido capaz de valorar en su justa medida. Isabel II es multimillonaria gracias a los bienes atesorados a lo largo de la historia por la estirpe de los Windsor, pero también por acertadas decisiones de inversión que le han permitido gozar de un lustroso patrimonio personal. El Sunday Times lo valora en 412 millones, mientras que otras publicaciones -como The London Rich- elevan la suma por encima de los 500 millones.

Lo que es difícilmente calculable es el patrimonio total de los Windsor. Forbes estima que podría alcanzar los 88.000 millones de euros. En esa cifra estaría recogido el valor de todas las tierras y propiedades inmobiliarias, más las participaciones empresariales. No todos los edificios vinculados históricamente a la Reina son propiedad de la familia. Por ejemplo, el Palacio de Buckingham o el Castillo de Windsor están en manos del Estado británico, aunque están cedidos para el uso exclusivo de la Casa Real.

Isabel II es multimillonaria gracias a los bienes atesorados a lo largo de la historia por la estirpe de los Windsor, pero también por acertadas decisiones de inversión
La Reina de Inglaterra sí tiene escrituradas, no obstante, otras propiedades históricas. Las más conocidas son los Castillos de Balmoral y de Sandringham. También es dueña de las fincas de Kesington y Tutbury. Y la aldea de Ghoatland, conocida mundialmente gracias a la película ‘Braveheart’.

La mayor porción de la tarta patrimonial de Isabel II procede del Ducado de Lancaster. Tanto el título como el dinero han pasado de monarca en monarca desde el siglo XV. La tradición continuará, por tanto, con su sucesor en el trono. Bajo el paraguas del ducado están todas las hectáreas de terreno cultivado y los metros cuadrados de suelo urbano alquilados.

De la Corona depende también la sociedad Crown Estate, que gestiona determinados inmuebles de valor extremadamente alto, como muchos de los edificios históricos de Regent Street, una de las principales arterias de Londres. Crown Estate cede buenas parte de las ganancias al Tesoro británico, pero reserva una buena tajada para la Casa de los Windsor.

La Reina no paga impuestos ni está obligada a rendir cuentas sobre su patrimonio ni sus ganancias (a diferencia de monarquías como la española). Sí recibe, no obstante, una importante asignación del Estado por la vía presupuestaria. La última cifra conocida es de 2020 y suma 114 millones de euros para gastos oficiales de viajes y manutención.

La Reina no paga impuestos ni está obligada a rendir cuentas sobre su patrimonio ni sus ganancias, pero recibe una importante asignación del Estado por la vía presupuestaria
La inmensa fortuna cosechada le ha permitido, asimismo, contar con una de las mejores colecciones de sellos de Europa. Y de joyas, valoradas, según algunos cálculos, en cerca de 5.000 millones.

Isabel II y su familia, además, son consideradas como una marca en sí misma. Fue la consultora Statista la encargada de realizar una comparativa entre el valor de mercado de todo lo que rodea a los Windsor y otras grandes compañías privadas. El resultado del estudio es llamativo: sólo Facebook, Amazon, Google y Apple valen más que la Reina y su cohorte. Su valor de mercado es superior a empresas como Microsoft o Disney, e infinitamente más grande que Netflix, la plataforma que tanto dinero ha ganado explotando los secretos de su reinado.

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