Jersón: la tumba de Putin

Nunca viene nada bueno de una guerra, pero tiene razón el compañero NavarroJersón podría ser la clave del hundimiento de Rusia. Ojalá también lo sea de Putin. No es poco, pero apenas es nada si lo comparamos con el nihilismo del pueblo ruso. Me temo que la desidia esclavista rusa persistirá después de Jersón. Sigue siendo la gran fuerza del tirano Putin. La reacción de la sociedad rusa ante la invasión de Ucrania por parte de su ejército nos deja aturdidos. La pasividad de los habitantes de Rusia después de seis meses de una guerra desastrosa certifica el espíritu esclavo de esta sociedad. El comunismo soviético por un lado, y la dictadura de Putin por otro, ha conseguido que el tradicional nihilismo ruso se haga odioso e insoportable para cualquier ciudadano normal del mundo occidental.

Putin no está solo. Ahora no me refiero a los miles de propagandistas que tiene en Occidente; unos, como los políticos, cobran y bastante, otros, como cientos de desarrapados mentales obsesionados con la «geopolítica», trabajan gratis para Putin. Pero nada de eso es equivalente al apoyo que tiene el déspota en el interior de Rusia. Sí, la vida cotidiana en Rusia no ha sido afectada por la guerra. Los rusos viven como si no existiese la invasión rusa de otro país. Han cosificado a Ucrania y, de paso, a sus soldados. La mentalidad esclavista de este pueblo siempre ha jugado a favor de Putin. Callan, o peor, se alimenta en sus propias casas de nacionalismo y apoyan al dictador.

Dejemos aparte a las minorías, miremos de frente a las masas en las grandes ciudades y en los pueblos, en las zonas industriales y en el mundo rural, y levantemos acta de lo obvio: los rusos tragan con todo y no presta atención a la tragedia. La masa hace oídos sordos a la guerra. Puede parecer increíble para quienes viven en sociedades abiertas o, al menos, no tan cerradas como la rusa, pero lo cierto es que los rusos pasan de la guerra. Les da igual ocho que ochenta. Una tercera parte del ejército ruso en Ucrania ha caído. Han sido abatidos ocho generales y decenas de oficiales. Pero nadie protesta. Pocos se sienten afectados por esta tragedia. Tampoco se le presta demasiada atención al número de bajas: entre 45.000 y 60.000 soldados han perdido la vida en los frentes de combate. Las cifras son escalofriantes para cualquier sociedad civilizada, pero para los rusos parece una cuestión menor. No sienten ni padecen, o eso parece. El gobierno de Putin ha reclutado a todo tipo de personas jóvenes, incluido miles de criminales que llenaban las cárceles, para llevarlos al frente, pero nadie se da por aludido.

Y nadie crea que el silencio en la calle es compensado con la indignación en la vida privada. Al contrario, los recintos privados, la vida en la comunidad familiar, son los principales lugares para alimentar el odio y el resentimiento contra Ucrania. Seis meses de guerra no han sido suficientes para que a este pueblo se le remueva la conciencia. ¿Logrará despertarlos de su letargo esclavista la contraofensiva de los ucranianos para recuperar el 15% de territorio ocupado por el ejército ruso en este medio año de guerra? Lo dudo. La mentalidad nihilista e irracional del ruso sobrepasa cualquier barrera imaginable. No moverán un músculo. Les importa una higa los desmanes de su líder. Pero el poco prestigio que le quedaba a Putin fuera de Rusia sí se verá seriamente afectado; por el contrario, el espíritu liberal y libertario de los habitantes de Ucrania crece y crece. La contraofensiva de Ucrania fue anunciada por su presidente hace un mes. Lo prometió y ha cumplido.

El día 29 de agosto será histórico para los ucranianos, porque comenzó la contraofensiva. Según los expertos en cuestiones militares, la campaña para recuperar Jersón, la única ciudad importante en manos de los rusos, será contada en las Academias Militares de todo el mundo. La primera línea de defensa rusa fue abatida por completo por las fuerzas militares ucranianas. Los tres puentes que comunicaban las dos orillas del río Dnieper fueron volados y dejaron aislado al ejército ruso en el lado derecho. Nadie descarte que en las próximas semanas Ucrania reconquiste Jersón. Putin quedará totalmente deslegitimado ante el mundo entero y dependiendo de China. Y, lo que es peor, Ucrania se convertirá en una potencia militar, la gran barrera de la UE, para detener a Rusia. En fin, Jersón será, seguramente, el final de la guerra, pero quizá no el de Putin, porque un pueblo de esclavos lo apoya.

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