juanma Moreno Macarena Olona

En una reunión con alcaldes y portavoces del PSOE de Andalucía celebrada el viernes en la localidad de San Juan de Aznalfarache, el ministro de la Presidencia renombró a Juanma Moreno Bonilla. Según él, al presidente andaluz y candidato del PP hay que llamarlo «señor Olona Bonilla». «No se presenta el PP solo, no es una candidatura única. Se presenta abrazado a Vox. La candidaturaOlona Bonilla van de la mano y, por tanto, tenemos todos los días que explicar a los andaluces y las andaluzas qué supone que la candidatura Olona Bonillaconsiga gobernar Andalucía», señaló Félix Bolaños.

Lo dijo así, de corrido, precisamente el ministro que solo dos días antes había negociado con Bildu el apoyo de los de Arnaldo Otegi al decreto anticrisis del Gobierno. A cambio, que se sepa, de un puesto para Mertxe Aizpurua en la Comisión de secretos oficiales del Congreso. Más lo inconfesable.

Del episodio se extraen dos conclusiones. En primer lugar, la romería de ministros por tierras del Sur ha empezado; aunque está por ver que al candidato socialista, Juan Espadas, le sirva de ayuda, dadas las amistades parlamentarias de Pedro Sánchez y las cifras económicas que le acompañan.En segundo lugar, que el otrora hegemónico PSOE andaluz no tiene más carta que jugar que la del miedo a la ultraderecha. El miércoles, el día que Santiago Abascal adelantó la designación de Macarena Olona como candidata, un alto cargo de Ferraz reunió a un nutrido grupo de periodistas en el patio del Congreso. Y allí empezó a desgranar la teoría de que hay vida y esperanza para Espadas.

Según el PSOE, hay medio millón de indecisos en la izquierda

Las encuestas del PSOE, contó este dirigente, detectan medio millón de indecisos de izquierdas a los que la designación de Olona puede sacar de la abstención. En otras palabras: en el PSOE creen, o quieren creer, o quieren que sus votantes crean que Macarena Olona puede ser para Juan Espadas lo que Pablo Iglesias fue para Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas de hace un año: un regalo caído del cielo.

Y mientras este alto cargo de Ferraz trataba de convencer a la prensa de que sí se puede, la izquierda a la izquierda del PSOE-A continuaba con su gresca, fiel a sus costumbres. «Con la extrema derecha en las puertas, no es sensato azuzar ninguna pelea entre los que tenemos más cosas en común que cosas que nos separan», le sugirió el viernes Juan Carlos Monedero por Twitter a Teresa Rodríguez, que irá por libre a estas elecciones bajo la marca Adelante Andalucía.

A mayores, se supone que habrá una confluencia entre Podemos, IU, Más País y otras formaciones andalucistas que de momento no han hecho más que discutir entre ellas por todo. Por el candidato, por el nombre, por las listas…

Juanma Moreno contempla este inicio efervescente de la precampaña desde la barrera. Literalmente, porque el viernes se fue a los toros con Joaquín, el capitán del flamante ganador de la última Copa del Rey. En el PP andaluz no preocupa Espadas –«está demostrando ser un candidato inconsistente», señalan- y preocupa lo justo Vox. Insisten en que están en condiciones de sacar una mayoría muy amplia para poder gobernar en solitario y que daban por descontada la candidatura de Olona porque Santiago Abascal se juega el «ser o no ser», como dicen en el equipo de Moreno.

Y, en efecto, Vox va a por todas, según aseguran desde su dirección: Abascal no va a prescindir de uno de sus dos grandes activos en el Congreso –junto con Iván Espinosa de los Monteros– para que Olona acabe siendo la muleta de Moreno en el Parlamento de Andalucía. Quiere que sea su vicepresidenta. Abascal pedirá sí o sí la entrada de Vox en la Junta.

«¿Queréis firmeza?, ¿queréis ley?, ¿queréis orden? Pues vais a tener a Vox en San Telmo», se le escucha decir a Olona en un vídeo promocional lanzado por su partido días atrás.

«Nosotros a lo nuestro»

«Nosotros a lo nuestro, tenemos que marcar nuestro propio paso. Nuestra campaña será por y para Andalucía, centrada en los temas de aquí. Evidentemente habrá alguna referencia a la política nacional, pero las justas. No vamos a repicar mensajes nacionales. Nuestra obligación es mantener la campaña no contaminada», adelantan a El Debate desde el entorno del presidente andaluz y candidato del PP.

Ese «a lo nuestro» se traduce, según explican, en vender gestión y en no ir al choque contra ninguno de los rivales. Moreno no irá al choque contra Juan Espadas, de quien en el PP-A auguran que irá elevando el tono conforme avance la carrera electoral.

Tampoco contra su todavía vicepresidente, Juan Marín, porque los populares consideran que los exvotantes de Cs se están yendo de forma natural a las filas del PP y que, además, los dos o tres escaños que puedan sacar los naranjas (en el mejor de los casos) bienvenidos serán.

De la misma forma, Moreno no tiene la más mínima intención de confrontar con Macarena Olona. Porque los populares han encontrado una forma mucho más sibilina de rebatir a Vox: por vía interpuesta, que sea Cs el que lo haga y no Juanma Moreno.

Es, de hecho, a lo que ha dedicado buena parte de su tiempo Juan Marín desde que el presidente andaluz confirmó la convocatoria electoral para el 19 de junio. «No quiero a Vox, a la ultraderecha en el gobierno (…). Estoy convencido de que para el PP es incómodo llegar a un gobierno de coalición que no sea Cs», ha señalado el candidato de Cs en distintas entrevistas radiofónicas esta semana.

En todos los partidos saben que las elecciones empiezan de una manera y terminan de otra. En Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco comenzó con 39 escaños virtuales y acabó con 31 y un Gobierno de coalición. En la Comunidad de Madrid, cuando Ayuso disolvió la Asamblea regional y convocó los comicios los sondeos más optimistas le daban 60 escaños, y fueron 65. En el PP saben cuál será el termómetro más fiable: «Ver cómo Sánchez empieza viniendo con frecuencia y conforme avancen la campaña y los sondeos vaya desapareciendo», ironizan.

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