La OTAN y la izquierda

La asamblea de la OTAN en Madrid, con el telón de fondo de la guerra en Ucrania, va a ser un acontecimiento, en el que el mundo occidental, básicamente la Unión Europa de la mano de Estados Unidos, va a prepararse para hacer frente a las nuevas amenazas y a los nuevos retos. Asistimos a un rebrote de la «guerra fría» o, como cree el papa Francisco, a los primeros ensayos, con fuego real, de la Tercera Guerra Mundial, más mundial que nunca, con el efecto inmediato de masivos movimientos migratorios descontrolados. Por eso hay pocas dudas de que no es esta «cumbre» de Madrid una reunión de trámite, un llamativo acto social para hacerse fotos, como creen los propagandistas de La Moncloa, convencidos de que este gigantesco y brillante escaparate va a sacar a Pedro Sánchez, el anfitrión, de la depresión en que se encuentra tras el varapalo andaluz.

En la izquierda española no acostumbran a sentir entusiasmo por los temas de Defensa. Siempre, salvo durante el mandato, ya avanzado, del socialdemócrata Felipe González, se han mostrado reticentes o abiertamente contrarios. Lo de «OTAN, de entrada no» es la prueba. A sus dirigentes históricos atraían más, durante mucho tiempo, los «cuarteles de invierno» en los que lucía la hoz y el martillo, que el Pentágono. El presidente Zapatero no se levantó del asiento en el desfile al paso de la bandera de Estados Unidos, y el presidente Sánchez llegó a sugerir la supresión del Ministerio de Defensa. Su conversión a la causa ha sido llamativa, con la promesa de subir al dos por ciento del PIB los gastos de Defensa, para irritación de sus socios de Gobierno.

Este resabio de falso pacifismo sigue presente en el alma socialista, lo mismo que el resabio republicano, pero donde está plenamente vigente, de manera combativa, es en el ámbito comunista y sus aledaños, que ahora forman parte del Gobierno de Sánchez. Esto conduce a la tremenda «paradoja española» de ver organizando y participando en manifestaciones de protesta contra la OTAN en las calles de Madrid a los miembros de un Gobierno que se encarga de organizar el importante evento. El propio presidente ha llegado a confesar que los de Unidas Podemos son un lastre. Lo normal sería que, después de esta comprobación, disolviera esa alianza tóxica, por muy «progresista» que se presente. La única razón que puede tener Pedro Sánchez para mantenerlos en el Consejo de ministros es el temor, ciertamente fundado, a que, fuera de él, le incendien la calle y conviertan en un infierno el final de la legislatura.

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