hidrógeno verde

Es la molécula más pequeña de la naturaleza y su versión verde hace honor a ese tamaño: hay que buscar casi con lupa dónde se genera hidrógeno verde en Europa. Su presencia es, a día de hoy, anecdótica en el universo energético. Y aun así, esta semana la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguraba: «El hidrógeno puede cambiar las reglas del juego para Europa»

El objetivo de Bruselas es conseguir pasar del nicho que tenemos ahora a un mercado masivo. El martes se anunció la creación de un Banco Europeo del Hidrógeno. Dotado con 3.000 millones de euros servirá para construir esta nueva dimensión. Ese dinero daría para adquirir 10 millones de toneladas de este combustible de origen renovable. Problema: no hay prácticamente producción de hidrógeno verde en la UE. Eso es precisamente lo que se quiere cambiar. 

«Es un problema tipo: ¿qué es antes, el huevo o la gallina? Todo el mundo quiere hacer hidrógeno verde. Hay muchas empresas interesadas, pero al final necesitas a alguien que te lo compre. Hay algunos proyectos que no salen por este motivo», explica Eugenio Trillo, director de la consultora Lean Hydrogen. «El banco europeo lo que hace es casar la producción con el consumo». 

Este empujón es fundamental, según este experto, para que surjan más proyectos y se generen lo que se conoce como ‘economías de escala’: mayor producción, menor coste. 

¿Quién me compra este hidrógeno verde?

La diferencia, como siempre, está en el precio. La economía ya utiliza mucho el hidrógeno en sus procesos industriales. El problema es que para conseguir esa molécula de Hse contamina. Por eso se le llama ‘hidrógeno gris’. La versión verde es la que consigue el mismo resultado, pero con fuentes renovables. 

  • Las empresas pagan por la versión gris de hidrógeno un euro el kilo (pero ya sabemos que contamina). 
  • La verde, digamos ecológica, cuesta tres o cuatro euros el kilo. Necesita una planta fotovoltaica o eólica para producirse.

«El Banco del Hidrógeno absorberá esa diferencia de dos euros. La empresa seguirá pagando a un euro el kilo pero será hidrógeno verde. El productor recibirá los tres euros el kilo», explica Trillo. Este mecanismo — una especie de subvención que también se ha anunciado en EEUU — hará más atractivos los proyectos ligados a la industria. «Es fácil buscarle un hueco al hidrógeno verde en plantas industriales y químicas donde se dan consumos muy grandes de esta molécula», sostiene este experto. 

El proyecto de Iberdrola con Fertiberia en Puertollano (Ciudad Real) es un ejemplo de este tipo de alianzas. Ahora mismo supone la central más grande de Europa. Una planta solar cerca de la industria genera la electricidad suficiente para producir el hidrógeno verde que luego se utiliza para fabricar fertilizantes libres de emisiones de CO2.

Se espera que con la creación del banco este tipo de proyectos se multipliquen. La escala de las instalaciones y el desarrollo de más tecnología permitirá disminuir precios hasta igualar la versión gris con la verde. Este abaratamiento ya lo hemos visto en otras energías renovables: los costes de la fotovoltaica se han reducido un 90% en una década. 

¿Para qué más puede servir?

El hidrógeno tiene muchas más aplicaciones: es también un combustible. 

  • Puede sustituir a la gasolina y al diésel. «Se prevé que el despliegue del hidrógeno sea muy importante en el transporte: trenes, autobuses, camiones… Sobre todo, en la movilidad de grandes distancias porque permite mayor autonomía», explica María Concepción Paz Penín, directora del Cintecx en la Universidad de Vigo. En la ciudad de Barcelona ya hay ocho autobuses alimentados con hidrógeno y se espera llegar hasta 60 en los próximos años. 
  • Puede sustituir al gas natural en la industria. «En muchas empresas los consumos térmicos son muy altos y están basados casi todos en el gas. Con la crisis que tenemos es una necesidad imperiosa aunar esfuerzos. El hidrógeno es una oportunidad», sostiene Martin Ibarra, jefe transición energética del Gobierno de Navarra. 

El complemento de las renovables

El hidrógeno es una molécula muy abundante pero no viaja sola. Para conseguir separarlo de su compañero hace falta una fuente de energía. La eólica que pueda sobrar un día de mucho viento, en lugar de perderla, se puede utilizar para aislar el hidrógeno del agua (H2O). 

  • Quedarse con el H2 y liberar el oxígeno a la atmósfera. 
  • El gas se puede almacenar bien inyectar en la red nacional o guardarlo para cuando sea necesario generar electricidad.

«Promover hidrógeno es promover renovables. No tiene sentido sin una planta eólica o fotovoltaica asociada«, argumenta Trillo. Aquí es donde radica una de las fortalezas de España: tenemos ya muchas renovables y el objetivo es que el 70% de la electricidad se genere con fuentes de origen verde en 2030. Las previsiones que se manejan es que vamos a tener capacidad para producir todo el hidrógeno verde que nos hará falta y nos sobrará. Los inversores y la propia Comisión Europea vaticinan que nos convertiremos en un gran país exportador. Uno de cada cinco proyectos a nivel mundial eligen España. 

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