La victoria en la guerra

Victoria. Paz. Libertad. Son los deseos que expresan los ucranianos con la llegada de las primeras nieves. El triunfo en Jersón, la única capital regional en manos de los rusos, celebrado en las calles por la población, mantiene viva la esperanza en que la victoria sobre el Kremlin sea posible. Pocos aventuraban que los ucranianos fueran a resistir como lo están haciendo cuando empezó la invasión hace ya casi nueve meses. Como ha dicho el ministro ucraniano de Defensa, Oleksi Reznikov, Ucrania está usando su aparente inferioridad en su favor: «Somos como David contra Goliat. Les estamos dando con tirachinas». 

En respuesta al avance en Jersón, Rusia ha intensificado los bombardeos sobre infraestructuras básicas con el fin de que la población padezca frío, hambre y sed. Los ucranianos, a pesar de ser víctimas de estos crímenes de guerra, además de los que padecen quienes viven bajo la ocupación rusa, siguen firmes en su apoyo a seguir adelante hasta la victoria: un 92% está a favor de continuar hasta vencer. El Kremlin pretende provocar otra gigantesca ola de refugiados y desmoralizar a los ucranianos para forzar un alto el fuego que les permita ganar tiempo. 

Este momentum que vive Ucrania en el campo de batalla ha llevado a que voces como el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, planteen si no habría que aprovechar la llegada del invierno para alcanzar un acuerdo con Rusia. Milley considera improbable a corto plazo una victoria militar ucraniana. Sin embargo, el general Valeri Zaluzhny, comandante en jefe de las tropas ucranianas, que suele ser muy discreto, le ha respondido tajantemente en una conversación telefónica, según informa el Financial Times: «Nuestro objetivo es liberar todo el territorio ucraniano de la ocupación rusa. No pararemos hasta conseguirlo bajo ninguna circunstancia… Para negociar, Rusia ha de dejar todos los territorios que ha tomado». 

Al general Zaluzhny y su generación se le atribuyen los éxitos que ha logrado Ucrania sobre el terreno, que habrían sido imposibles sin la ayuda de EEUU y numerosos aliados. Los lanzamisiles HIMARS han sido vitales para destrozar la artillería rusa. Pero serían mucho mayores si esa provisión de armamento fuera mayor y más moderna. Por ejemplo, si contaran con misiles ATACMS, con un alcance de 300 kilómetros. Pero de momento lo importante es que sigan recibiendo suministros. Hay riesgo de que empiecen a escasear. EEUU es de lejos el mayor sustento de los ucranianos: ha destinado más de 65.000 millones de dólares a la asistencia a Ucrania. En términos relativos, Polonia y los Bálticos también destacan por sus aportaciones. 

El Kremlin quiere forzar a Ucrania a negociar para detener la guerra, antes de que Rusia pierda. Pero sus planes fracasarán»ben hodges, ex comandante de las fuerzas de EEUU en europa (channel 4)

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En una reciente entrevista en Channel 24, el general Ben Hodges, ex comandante de las fuerzas de EEUU en Europa, expresa su admiración por los generales y soldados ucranianos y se muestra convencido de que pueden recuperar Crimea el verano próximo. Señala cómo tampoco funcionará lo que ahora pretende Moscú: provocar una ola de refugiados para que los gobiernos europeos se dividan y fuercen a Kiev a negociar. «El Kremlin quiere forzar a Ucrania a negociar para detener la guerra, antes de que Rusia pierda. Pero sus planes fracasarán… Los ucranianos no se van a dar por vencidos. Ahora los rusos matan civiles pero así no puedes ganar una guerra». 

El fracaso de Rusia

Para el analista de Inteligencia Jesús Manuel Pérez Triana, «la cuestión eran cuáles eran los objetivos de Rusia: la desmilitarización y la desnazificación, colocar un gobierno títere y convertir a Ucrania en un colchón. Rusia ha fracasado. El gobierno ucraniano está más vinculado a Occidente que nunca y está a las puertas de la UE. Ucrania no va a convertirse en un papel neutral y quieren garantías de su seguridad. Rusia ya perdió porque está en su plan B, una guerra de conquista territorial, pero el Kremlin lo puede presentar como una gran victoria si expande su dominio en el Donbás y mantiene el corredor terrestre con Crimea». 

Y añade Triana, autor de GuerrasPosmodernas.com, que «Rusia puede salir de la guerra como vencedora porque ha ganado en el plano táctico por esos dominios territoriales. Y Ucrania puede decir que vence porque ha impedido que Rusia lograra sus objetivos estratégicos. Si ahora acabara, los ucranianos tendrían la sensación de que podrían haber llegado a más. Los ucranianos quieren llegar a más». 

En su intervención telemática en el G20, Zelenski dijo que está convencido de que «es hora de que la guerra de Rusia pueda pararse». Ha señalado las condiciones para el fin de la guerra: reafirmar la integridad territorial de Ucrania, retirada de las tropas rusas del territorio ucraniano y pagar una indemnización por los daños causados. Además, han de buscarse garantías de seguridad para Ucrania con el fin de impedir nuevos ataques del Kremlin. A ello sumó seguridad nuclear, alimentaria y energética, liberación de todos los detenidos y restablecimiento de la justicia. El Kremlin respondió horas después con la mayor oleada de misiles sobre territorio ucraniano: un centenar. Un 70% fue interceptado. 

Como consecuencia de estos bombardeos, se produjo una explosión en territorio polaco, en la que murieron dos personas, y durante unas horas el mundo estuvo pendiente de saber si Moscú había atacado un país de la OTAN y sus consecuencias. Tanto el gobierno polaco como la OTAN determinaron que todo indicaba que se trataba de un incidente: serían restos de un misil de fabricación rusa lanzado por Ucrania para defenderse de los rusos. En último término, la responsabilidad sería del Kremlin. Era otra señal más de que cualquier error puede degenerar en una escalada mayor aún que la que estamos viviendo. 

Guerra contra una autocracia

También es un recordatorio de que la guerra que se libra en Ucrania afecta a Europa, es una guerra en Europa. Estamos viendo las consecuencias económicas, pero también está en juego el curso de la democracia global, como sostiene Francis Fukuyama en un artículo titulado Por qué Ucrania ganará en Journal of Democracy. «Un fracaso militar ruso tendrá repercusiones políticas globales…Una derrota rusa echará por tierra su narrativa sobre las ventajas de un régimen autocrático y dará impulso a las democracias». 

Ucrania resiste porque la democracia se puede proteger, es fuerte, más que las autocracias donde los ciudadanos son tratados como esclavos»volodymyr yermolenko, ‘ukraine world’

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El filósofo y periodista Volodymyr Yermolenko, director del proyecto multimedia Ukraine World, recuerda que los ucranianos «viven bajo los bombardeos cada día. La gente en Europa no se imagina lo que es vivir así. Libramos una guerra contra un régimen autoritario que ha de ser destruido. Rusia ha de perder de forma que cambie el sistema político en Rusia, como lo hizo el imperio soviético después de Afganistán». Y añade: «Somos resilientes pero la ayuda del mundo es necesaria. Ucrania resiste porque la democracia se puede proteger, es fuerte, más que las autocracias, donde los ciudadanos son tratados como esclavos. Esto queda demostrado en esta batalla. Por eso los soldados ucranianos están motivados».

Considera que «las presiones para negociar por parte rusa sobre Occidente no son buenas noticias. La cuestión es sobre qué negociar: cómo recuperamos los territorios ocupados y cómo asegurarnos que esta guerra no debe repetirse. Rusia debe asumir las responsabilidades, pagar indemnizaciones y debe cambiar su Constitución porque ha incluido territorios ucranianos». 

Por la victoria a la paz

Convencidas de que la victoria ucraniana será un hecho están las fundadoras del Centro Internacional para la Victoria de Ucrania, con base en Varsovia. Olena Halushka, que recientemente ha mantenido contactos con parlamentarios en Madrid, explica a El Independiente que lo primero que hay que aclarar es que solo la victoria conducirá a la paz, una paz sin victoria ucraniana no será una paz duradera. 

«Las claves son dos: el éxito en el campo de batalla y estamos probando que podemos ganar desde el punto de vista militar. Es importante porque siempre es más fácil a apoyar al que va ganando. Y otra cuestión es cómo hacemos llegar las historias de los que están en territorios ocupados. Las narrativas rusas se basan en que no cambiará nada en los territorios que ocupan. Tenemos que explicar al mundo que la gente en ocupación viven un infierno». Y añade: «Romper con Rusia es una cuestión existencial para Ucrania. Queremos volver a la familia europea. En el campo de batalla se ve cómo estamos dispuestos a pagar el precio. Somos conscientes de que vale la pena». 

Su compañera, Tatiana Sevchuk, asegura que «si Ucrania recibiera todo lo que necesita, en defensa aérea y artillería, la victoria podría decidirse en primavera» y lamenta que no se hubiera empezado a suministrar armamento antes a Ucrania, cuando eran evidentes las intenciones de Rusia. A pesar de que la ayuda occidental es clave, incluso EEUU hace diferencias entre armas ofensivas y defensivas, para evitar una escalada y el temor a una guerra nuclear, y sigue siendo gran parte del arsenal que reciben de origen soviético. En todo caso, son optimistas y otra de ellas, Maria Golub, da por hecho que en 2030 Ucrania será miembro de la UE. 

Borja Lasheras, senior fellow en CEPA y autor de Estación Ucrania, es de los primeros que defendía que Ucrania podía ganar esta guerra. «La pregunta es cuáles son los parámetros de la victoria. Si es que Ucrania libera gran parte del territorio ocupado por Rusia desde el 24 de febrero, esa victoria es posible. Ucrania puede recuperar gran parte del territorio perdido siempre que reciba munición suficiente de Occidente. Y va para largo. Ucrania lleva la iniciativa desde el verano y va a continuar. Aventuro que romperán el corredor terrestre en el sur. Zaporiya y Melitópol están en el objetivo. Ucrania necesita recuperar el acceso al mar por viabilidad y para evitar más violaciones de derechos humanos”. Según Lasheras, una vuelta a las fronteras de 1991 costaría muchas bajas, si bien para recuperar Crimea lo fundamental es atacar las líneas de suministros de Rusia, como Ucrania ha demostrado en Jersón. 

Las esperanzas de paz pasan por la derrota de Rusia y por el fin del régimen de Putin»borja lasheras, autor de ‘estación ucrania’

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«Ucrania es la primera interesada en terminar la guerra: el objetivo ruso es destruir Ucrania. Si no es para mí, dice Putin, que sea un país arrasado. Ucrania quiere acabar la guerra bien. Rusia no quiere negociaciones reales hasta que estén debilitados”, apunta Lasheras, que ha viajado en numerosas ocasiones a Ucrania desde 2008. Sin embargo, la paz real está ligada a cambios en el Kremlin. «Las esperanzas de paz pasan por la derrota de Rusia y el fin del régimen de Putin. La paz no pasa por el alto el fuego sino por la derrota táctica del ejército ruso y su degradación y que no sean capaces de ganar la guerra. Putin ha apostado todo por esta guerra y no puede perderla. Creo que no la va a ganar”. 

Desde Moscú, Andrei Kolesnikov, senior fellow en el Carnegie Endowment for International Peace, coincide en que Putin no está dispuesto realmente a terminar la guerra. «Ambos bandos están muy lejos de la victoria, sea cual sea. Putin puede anunciar la victoria en cualquier momento, y la población (en general) lo aceptará debido a que estamos asistiendo a una fatiga de la guerra. Pero él es un presidente de la guerra, y gran parte de la sociedad y de la elite, son halcones». No ve tampoco perspectivas de conversaciones de paz. «Todo por desgracia continúa y continuará. Jersón no deja de ser un episodio en esta guerra interminable. Para Ucrania, sin embargo, lo importante es que reciba de Occidente equipos de defensa aérea que le permitan reducir, al menos parcialmente, los enormes daños de los bárbaros ataques con misiles».

Realistas, optimistas y revisionistas

De momento, el apoyo en la mayor parte de los países europeos a los ucranianos se mantiene pero puede haber divergencias a la hora de determinar cuándo y qué hay que negociar. El politólogo Ivan Krastev se refiere en un artículo recienteen The New York Times a las tres líneas de pensamiento sobre cómo debería acabar esta guerra: los realistas, los optimistas y los revisionistas. 

«Los realistas creen que el objetivo de Europa debería ser que Rusia no gane, Ucrania no pierda y la guerra no se extienda», señala y pone como ejemplo al presidente francés, Emmanuel Macron. Es decir, la victoria ucraniana debe tener sus límites. «Para los optimistas el fin de la guerra no solo es una victoria ucraniana sino el fin de Putin… A Rusia no solo hay que pararla sino derrotarla». Los europeos del Este y los Verdes alemanes sostienen esta tesis. Y los revisionistas abogan por debilitar tanto a Rusia que acabe desintegrándose. Ahí estarían los Bálticos y Polonia. Krastev apunta que ahora estás divisiones pueden «poner en riesgo la unidad europea y lo veremos cuando la presión pública para empezar a negociar vaya en aumento». Hay temor en Ucrania a que Occidente les fuerce a aceptar lo inaceptable. Aunque también Moscú teme una humillación vergonzosa.  

En todo caso, hablamos de la victoria de Ucrania pero va más allá. Timothy Snyder ha expuesto las diez razones por las que la victoria de Ucrania es crucial para todo el mundo. Y el primer argumento sintetiza como en realidad se trata de un imperativo moral que debería guiar a la comunidad internacional: «La victoria de Ucrania es la única manera de conseguir la paz. Una victoria rusa conducirá a más agresiones. Una capitulación de Ucrania conllevará más atrocidades en suelo ucraniano. La única manera en que esta guerra debe terminar es con un éxito en el campo de batalla tal que Rusia crea que le interesa negociar». 

A su vez, Snyder señala siete factores determinantes en los conflictos armados por las que está convencido de que Ucrania ganará: «Tiempo, economía, logística, terreno, modo de combate, moral y estrategia. Además, cuentan con la opinión pública internacional». Al menos, de momento. Nos falta, como decía el ministro Reznikov, librarnos del miedo. «Nosotros hemos dejado de estar asustados. Ahora falta que lo hagan los europeos». 

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