Provocación y trucos estadísticos

Benjamin Disraeli (1804-1881), Mark Twain (1835-1910) y el político victoriano Charles Dilke (1843-1911) se disputan la paternidad del famoso dicho «hay mentiras, grandes mentiras y mentiras estadísticas», que serían las mayores de todas. La estadística más reciente, que no es mentira, pero tiene truco, ha dejado la inflación interanual en España en el 6,8 algo, que también por las medias estadísticas, supondrá una subida de las pensiones del 8,46% en 2023. Los pensionistas lo celebran, sin reparar en aquello de «pan para hoy y hambre para mañana», mientras, ya en vísperas navideñas, aumenta la bronca política y el inquilino de La Moncloa –convencido de cómo pasará a la historia– intenta colocar en el Tribunal Constitucional (TC), no sin provocación evidente, al exministro de Justicia, Juan Carlos Campo, y a una exasesora del ministerio de la Presidencia, Laura Díez. 

En el TC se acumulan los recursos de inconstitucionalidad sobre medidas adoptadas por este Gobierno y resultaría paradójico que dos de sus antiguos miembros tuvieran que decidir sobre sus propias decisiones, si no se autorecusan en esos asuntos. Sánchez, persigue, sobre todo, controlar el TC y, si lo logra, la renovación del Poder Judicial ya no le urgirá. Irene Montero, al mismo tiempo, parece decidida a montar un incendio cada día, quizá porque cree que le da votos, incluso frente a Yolanda Díaz. 

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Lo último ha sido acusar el PP de «promover la cultura de la violación» en un debate parlamentario, algo que hasta la presidenta del Congreso, Meritxel Batet, ha entendido que era ir demasiado lejos. La aspirante a candidata de Podemos no solo no se ha inmutado, sino que ha avivado el incendio. Todos esos enredos –y el futuro del ministro Marlaska– ocultan el que el Instituto Nacional de Estadística (INE) infravalora las tasas de inflación, según bastantes expertos. Por ejemplo, el INE solo tiene en cuenta la tarifa regulada para calcular la repercusión del precio de la luz en el IPC, cuando esa tarifa solo afecta al 40% de los consumidores. Eso, unido, a varias subvenciones –carburantes incluidos– obran el milagro, falso, de la inflación más baja de Europa. No hay mentiras estadísticas, es cierto, pero sí truco y jugar con la estadística es peligroso, y no está claro qué dirían Disraeli, Twain o Dilke.

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