Los narcos se mudan al Guadalquivir

«No tienen hora para actuar. Buscan que nosotros vayamos a otro sitio o nos llamen para otra cosa y aprovechan para entrar. Ellos están fuera, a unas 15 o 20 millas. Pero tienen puntos en la costa desde donde les dicen en todo momento cuál es nuestra posición. Incluso nos han comentado que los narcos tienen organizados grupos de Whatsaap con gente de Sanlúcar y a quien les da información potencialmente importante para poder alijar les hacen un bizum. Ellos saben cada movimiento nuestro».

Al otro lado del teléfono, un guardia civil que pide anonimato relata el cambio de escenario en la lucha contra el narcotráfico en Cádiz. La presión policial que se viene ejerciendo en la comarca del Campo de Gibraltar está llevando a los clanes a incrementar la actividad en el Guadalquivir -como no se veía en años, resaltan las fuentes- en su intento por introducir el hachís aguas arriba para después continuar con la distribución de la droga.

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Tal es el trajín de gomas (embarcaciones neumáticas que utilizan los narcos) que desde hace dos semanas se desarrolla un dispositivo policial conjunto que tiene como principal objetivo taponar el río, para lo que una patrullera de la Guardia Civil ha dejado temporalmente su base en Cádiz y no se despega de la zona. «Estaba previsto que durara una semana nada más, pero a la vista de cómo está la cosa han decidido prolongarlo hasta mitad de diciembre. El problema es que, si estamos allí, ellos intentan meter la droga por otro sitio», detallan.

El operativo cuenta con helicópteros y embarcaciones tanto de la Guardia Civil como del Servicio de Vigilancia Aduanera (Agencia Tributaria), así como agentes tanto del Instituto Armado -entre ellos el Grupo de Acción Rápida (GAR), la unidad de elite del Cuerpo- como de la Policía Nacional. Las fuentes comparan la dimensión de este episodio como el registrado «hace unos diez años», lo que motivó que se desplegara la Operación Arconada. La redada tomó el nombre del guardameta que defendió la portería de la Real Sociedad entre mediados de los 70 y finales de los 80 y que se proclamó subcampeón de Europa con España en Francia’84 a las órdenes de Miguel Muñoz.

Zonas de difícil acceso 

A finales del pasado mes de junio, en el curso de la Operación Baree, agentes adscritos al Organismo de Coordinación del Narcotráfico (OCON-Sur) -desmantelado a mediados de septiembre y dividido en distintas unidades orgánicas de Policía Judicial bajo la coordinación operativa del Centro Regional de Análisis e Inteligencia contra el Narcotráfico (CRAIN)- aprehendieron 14 toneladas de hachís y detuvieron a 49 presuntos integrantes de una organización que introducía grandes cantidades de esta droga por las costas de Cádiz y el río Guadalquivir. Los arrestados conocían el terreno y buscaban zonas de alijo de complicado acceso para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y de fácil huida para ellos.

Fue sólo unos meses después de que cayera en su casa de Coria del Río (Sevilla) el conocido como ‘El señor del Guadalquivir’, un narcotraficante que controlaba gran parte de la droga que entra por este río. La actuación, desarrollada por la Guardia Civil y la Policía Nacional, permitió la incautación de diez toneladas de hachís en los registros practicados por los investigadores en las provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva. 

«Por la presión que se está haciendo allí, estamos viendo que mucha gente de La Línea se está viniendo a esta zona y se ha desbordado. El volumen de trabajo en el Guadalquivir está siendo impresionante, con cinco o seis narcolanchas al día. Están buscando viabilidad en otros sitios porque tienen que introducir la droga. El domingo metieron dos embarcaciones por el río Guadalete y el miércoles por la noche se cogió otra en Sancti Petri [Chiclana de la Frontera] con 41 bultos», describen las fuentes. 

Están metiendo armas en las ‘narcolanchas’ y eso nunca había pasado», dice un guardia civil

Los agentes desplegados en la zona tienen instrucciones de extremar las precauciones. Hace algunas noches, cuando la patrullera de la Guardia Civil puso el foco sobre una narcolancha sorprendida en el río, la tripulación escuchó una detonación en la goma. Días antes se había producido un vuelco (como se conoce el robo de droga entre clanes) en un buque que transportaba fardos, subiendo narcos encapuchados y armados al barco y robando 170 bultos.

En paralelo, el Servicio de Vigilancia Aduanera intervino una embarcación neumática en el río en la que hallaron una pistola y 300 cartuchos. «Están metiendo armas en la narcolanchas y eso nunca había pasado. Desde la Comandancia han dado instrucciones para que los guardias civiles de tierra lleven puesto el chaleco antibalas, pero estos no sirven para los que trabajan en el mar porque si caen al agua se hunden por el peso. Hacen falta chalecos de flotabilidad con protección antibalas», explica un agente.

Un guardia civil del Servicio Marítimo cayó a principios de octubre al agua, junto a la desembocadura del Guadalquivir, cuando auxiliaba a un narco con hipotermia que viajaba en una embarcación semirrígida encallada a la altura de Chipiona. Otro de los traficantes -un ciudadano marroquí afincado en La Línea- lo empujó y logró escapar. Ya ha sido identificado pero no detenido.

Los agentes con los que ha hablado este diario se quejan de «falta de medios». Según aseguran, las patrulleras que utilizan están «muy batalladas» y con frecuencia «están averiadas o pierden aceite». Capitanía Marítima no les deja utilizar las gomas de alta velocidad decomisadas a los grupos criminales -están prohibidas por el Gobierno desde octubre de 2018 dentro de la estrategia integral de lucha contra las mafias- al no estar homologadas y carecer de medidas de seguridad.

«Llevamos sin cámara térmica portátil en las embarcaciones desde hace tres meses. Se averió y estamos utilizando de noche prismáticos», se queja un guardia civil. Cuando las estaciones que el Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE) tiene instaladas en Chipiona y en Bonanza (Sanlúcar de Barrameda) avistan una, les dan las coordenadas y la patrullera se dirige al punto para intervenir las narcolanchas y detener a los tripulantes en caso de que haya droga a bordo. En ocasiones, la persecución puede durar más de diez millas, como ocurrió a principios de semana.

Contrabando de tabaco

Otras fuentes consultadas por este diario llaman también la atención por el incremento de la actividad que en las últimas semanas se viene registrando en el río Guadarranque -cuyo nacimiento se encuentra en Jimena de la Frontera y la desembocadura en la bahía de Algeciras- por parte de organizaciones dedicadas al contrabando de tabaco. Bajan a Gibraltar a cargar las embarcaciones semirrígidas de alta velocidad y luego tratan de subir aguas arriba para distribuir la mercancía, normalmente cuando ya ha oscurecido.

«Es una feria. Cuando estaba el OCON-Sur bajaban dos o tres gomas y no todos los días. Siempre ha habido, pero no es normal la cantidad de embarcaciones que están subiendo y bajando el río Guadarranque y que están trabajando de noche», comenta un guardia civil destinado en la zona. «La zona de Levante de La Línea de la Concepción estaba muerta: había una o dos y ahora están trabajando tres y cuatro. Se avistan más gomones, hay más petaqueo (repostaje en el mar)…», apostilla.

El Plan Especial de Seguridad para el Campo de Gibraltar que el Ministerio del Interior desarrolla desde 2018 se mantendrá al menos hasta el próximo año, ampliándose el área de actuación a las provincias andaluzas de Sevilla, Granada y Almería. Según los últimos datos facilitados por el ministro Grande-Marlaska, en lo que va de año se han desarrollado 385 operaciones, que han permitido la incautación de 30 toneladas de droga (principalmente cocaína y hachís) y la detención de 670 personas.

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