payasadas bien pagadas

Los más veteranos repiten estos días que en Moncloa deberían andarse con cuidado con esta política del choque frontal con el líder de la oposición no vaya a ser que, en estos tiempos convulsos, los ataques sirvan para reafirmarle todavía más en las encuestas. «Si atacamos y el adversario no entra en el juego, más que para quejarse del ataque, estamos echando piedras contra nuestro propio tejado y victimizando a quien queremos convertir en verdugo», sentenciaba este pasado viernes, en una conversación informal, uno de los presidentes autonómicos socialistas.

La estrategia de focalizar todas las energías en atacar y morder ya sirvió para que el PSOE ayudase a Santiago Abascal a erigirse en un referente nacional de la derecha y de la alternativa al Gobierno de coalición, recuerdan ahora en la izquierda, y el desenfreno con el que ministros y cargos socialistas repiten el argumentario escrito en Moncloa para destruir la imagen de Feijóo puede acabar dando los mismos frutos. Es verdad que se vota no a favor del tuyo, sino en contra del otro, pero construir el relato de que Feijóo es un radical peligroso, más rancio que todos los demás líderes que ha tenido la derecha, es una alteración tan exagerada de la realidad que por hiperbólica puede acabar sonando a payasada.

El dolor del PSOE no es Feijóo, sino un contexto económico y social en el que cada vez se sienten más autorizados aquellos que sostienen que Sánchez es gafe y buscan el sortilegio con el que conjurar los daños de su embrujo. Pero la experiencia en política demuestra que las crisis económicas se llevan por delante a los Gobiernos y que, aún hipotecando lo que no se tiene, es muy poco probable frenar el cambio de ciclo, como demuestran también los antecedentes.

Es posible que a estas alturas del partido tampoco haya muchas más alternativas para el PSOE que demonizar al adversario para frenar la desmovilización y la fuga de voto moderado al PP. Pero si en Moncloa escuchan a referentes del PSOE que les precedieron tomarán nota de que esta estrategia no convence a los que más experiencia tienen sobre el terreno en disputar elecciones. En los manuales de la mercadotecnia política está ya todo inventado, aunque algunos necesiten venderse como consejeros de última generación para ganarse, y bien ganado, el sueldo. El arte de la comunicación política lo han convertido en un negocio que consiste en que unos pocos creen que pagan por conseguir engañar a muchos, y el dinero acaba tirado.

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