La ex directora de El País Soledad Gallego-Díaz tituló su último artículo dominical  “Mentir debería costar el cargo”. Increíble, pero cierto. Previa defenestración de Antonio Caño, le pusieron al frente del diario de Prisa seis días después de la toma de posesión de Pedro Sánchez como presidente. Desde entonces, el líder de la coalición que Rubalcaba bautizó como Frankestein se ha beneficiado de una labor de normalización periodística de sus mentiras diarias.

A mediados de mayo de 2018, Sánchez declaró con la solemnidad habitual que los independentistas catalanes eran “como Le Pen”. Una semana después, presentaba la moción con la que lograría la presidencia gracias al voto de los golpistas del 1-O, “los Le Pen españoles”, según el doctor Sánchez. Sí, mentir debería costar el cargo.

Pero ahí sigue, sustentado por un ejército de propagandistas serviles que, financiados por un sector del Ibex -¡ay!-, armaron un storytelling, una fábrica de cuentos que ahora coordinan García Ferreras desde La Sexta y Óscar López desde la Moncloa. Prisa -SER y El País- avala con la credibilidad ganada en el pasado la madre de todas las falsificaciones, la destinada a hacernos creer que en España la extrema izquierda no existe.

Obreros de una factoría publicitaria, se saben consagrados a la misión de “demostrar” la amenaza de peligrosos radicales de derecha y a ocultar la de quienes utilizan retórica izquierdista

Siguen el método denunciado por Orwell: “Hacer que las mentiras suenen veraces”. Diariamente, batallones de activistas mediáticos al servicio del sanchismo se dirigen al tajo con el fin de ocultar los hechos que puedan dañar la imagen de la coalición de gobierno. Obreros de una factoría publicitaria, se saben consagrados a la misión de “demostrar” la amenaza de peligrosos radicales de derecha y a ocultar la de quienes utilizan retórica izquierdista.

Así se entiende que la vicepresidenta Yolanda Díaz  ose decirle al mundo con descaro que su Partido Comunista (PCE) representa la “democracia genuina”. Ella y todos los demás coaligados saben que una mayoría de medios de comunicación impone el lenguaje público que conviene y decide sobre la conversación que interesa en cada momento. Crean realidades alternativas y marcan la agenda a todos los demás, sanchistas o no. Ellos deciden de qué mascarillas se habla y de cuáles no.

Estos días, entre los ejercicios de brega propagandística, destacan los destinados a mentir sobre los apoyos a Vladímir Putin. El periodismo sanchista se ha centrado en hacer creer que sus aliados están en la extrema derecha -Vox-Le Pen-, como si el genocida ruso matizara ideológicamente a la hora de buscar compinches. Catherin Belton en novecientas páginas de investigación muy seria –Los hombres de Putin. Cómo el KGB se apoderó de Rusia y se enfrentó a occidente, 2022-, demuestra que al sátrapa, para su objetivo de debilitar a la Unión Europea, le sirven la extrema derecha y la extrema izquierda.

Para España, los antecedentes muestran que Putin se ha servido de independentistas, de Podemos,  del PCE, o de anticapitalistas como Íñigo Errejón. Todos ellos, como Marine Le Pen, son entusiastas enemigos de la OTAN, nuestro único sistema nacional real de defensa colectiva. Ahí está la pista de Russia Today (RT), principal arma de propaganda del dictador, o la votación en la ONU con Cuba liderando el frente pro-Putin.

No hay visita a Kiev que borre el escándalo de medio gobierno disparando contra la Alianza Atlántica. A esconder todo esto se dedica el periodismo sanchista día tras día

Un repaso al listado de visitadores de la televisión putinesca, incluidos Rodríguez Zapatero y Carles Puigdemont, aclara las cosas. Destacan Pablo Iglesias y el expresidente chavista de Ecuador, Rafael Correa -entrevistador estrella de RT-, promotores de un “manifiesto por la paz” que podría haber firmado el propio Putin. No hay visita a Kiev que borre el escándalo de medio gobierno disparando contra la Alianza Atlántica. A esconder todo esto se dedica el periodismo sanchista día tras día, bombardeo tras bombardeo.

La misma disciplina emplean en tergiversar los resultados electorales franceses. Si se les hace caso, en Francia ganó Pedro Sánchez. Eso, a pesar del desastre total de “la compañera Ana Hidalgo” (1,7%) y del hundimiento del voto de la izquierda monopolizado por “el camarada Mélenchon”, cuya suma representa la opción “sanchista” francesa. Pero, ganó el liberal Macron.

Los votantes franceses están preocupados por el crecimiento de precios, por la pérdida de poder adquisitivo. Esta ha sido la principal motivación electoral para el 60% de la población, a mucha distancia de otros factores. Eso en Francia, con un 4,5% de inflación anual en marzo. En la España sanchista, con un 9,8%, como recordó Macron en el debate presidencial del miércoles, los activistas del Gobierno no lo tendrán fácil. ¿Cómo ocultar esto? Con mucho morro, claro, y con muchos medios de propaganda.

Nuestros iliberales con retórica izquierdista van en el mismo saco que los populistas de derechas, junto a todos los enemigos de la democracia liberal

No hay forma de disimular el boquete que el sanchismo provoca en la economía. Ni posibilidad de esconder con falsificaciones a la extrema izquierda que gobierna España. Los investigadores internacionales más destacados (Pierre Rosanvallon, John Judis) incluyen los ejemplos españoles de populismos de izquierda y de toda la tropa que sostiene a Sánchez. Citados por su nombre, nuestros iliberales con retórica izquierdista van en el mismo saco que los populistas de derechas, junto a todos los enemigos de la democracia liberal.

Ahora, ante la situación de asfixia que sufre el PSOE, Sánchez recurre a nuevas volteretas. En la entrevista concedida a Susanna Griso improvisó una oferta electoral “de centroizquierda”, en la que él sería el centro y Yolanda Díaz, la izquierda moderada. Como “espacio Yolanda”, es decir, la nada, califica el doctor esta enésima versión de comunismo camuflado. La extrema izquierda, ya se sabe, no existe en España.

Engañar, manipular, tergiversar, falsificar, lo que haga falta para sobrevivir, pero los trucos no dan más de sí. En la hora de la verdad, ganará Macron y perderá Sánchez. Afortunadamente.

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