salida del Gobierno

Empieza a moldearse una hoja de ruta para el futuro de Podemos. Fuentes internas de la formación ‘morada’, que hace tan solo unas semanas consideraban esencial salir del Ejecutivo poco antes de la campaña electoralde las próximas generales, hablan ahora de adelantar estas previsiones. El duro discurso de Pablo Iglesias del pasado domingo ha abierto muchas grietas con Yolanda Díaz. Pero, sobre todo, ha servido para escenificar un ultimátumhacia la ministra de Trabajo que tiene que ver con sellar cuanto antes un pacto de confluencia en el que quede claro el papel de Irene Montero, como desveló THE OBJECTIVE. De no ser así, los ‘morados’ se abren a todas las opciones. 

Las fuentes consultadas descartan una ruptura en el «corto plazo». Pero, ¿qué significa esto? Que quedan todavía por cerrar algunos flecos antes de llevar la amenaza hasta las últimas consecuencias. En primer lugar, el acuerdo en Cataluña con ERC. La cercanía con Gabriel Rufián depende del diálogo a tres entre republicanos, socialistas y los de Ada Colau, y eso obliga a mantener la cautela. Luego existen problemas de carácter organizativo. Por ejemplo, cómo aprovechar los fondos de los ministerios de Montero y Ione Belarra (los departamentos de Igualdad y Derechos Sociales son los que más han aumentado su presupuesto). Y, finalmente, la influencia que los ‘morados’ mantienen permaneciendo en el Ejecutivo. 

Pero va dibujándose una línea estratégica para después de este «corto plazo». Las fuentes consultadas sostienen que el discurso de Iglesias del pasado domingo -que se enmarca en lo que otros altos cargos y referentes van comentando- representa un antes y un después. Iglesias quiso dejar claro que Podemos no cederá en nada y que no le temblará la mano si Díaz les ningunea. Empieza así a hablarse de un choque que puede estallar en la próxima primavera. «Pablo ha liado una buena», comentan algunos en el partido. Otros destacan: «Es la declaración de que se va en serio»

La actual cúpula de Podemos, formada por Ione Belarra, Irene Montero y Lilith Verstrynge
Lilith Verstryinge, Ione Belarra e Irene Montero, en un consejo estatal de Podemos. | Europa Press

Culpar a Yolanda Díaz

La mirada está puesta en las elecciones municipales y autonómicas. Podemos sabe que sus previsiones electorales son malas. Las primarias han revelado toda la debilidad de su estructura. En grandes ciudades el partido ni siquiera ha logrado rellenar sus listas. Y en Madrid, donde Podemos nació, podría quedarse como fuerza extraparlamentaria. Es por ello que el partido trabaja en una doble línea discursiva: por un lado empezar ya a culpar a Yolanda Díaz del previsible batacazo de mayo y por el otro amenazar incluso con una ruptura en el Ejecutivo si ella mantiene la línea dura. 

La palabra «revulsivo» sobrevuela el debate. Salir antes de tiempo del Gobierno puedo servir para «ocupar» algo de centralidad y recuperar protagonismo. Nadie se equivoca: todo se decidirá en el llamado círculo de Galapagar, tal y como ocurre en Podemos desde 2018, pero algo trasciende. Es un planteamiento rupturista que aspira a poner entre la espada y la pared a Yolanda Díaz y que reza que, si hay que salir del Gobierno, mejor hacerlo en primavera que en otoño. «Es la única bala para tener un papel digno en municipales y autonómicas», reconocen fuentes del partido. 

Iglesias avisó a Díaz de que a Podemos hay que «respetarla», y que proponerse como alternativa para unificar el espacio político sobre las cenizas moradas sería de «estúpido». Es cierto que una salida anticipada del Ejecutivo dificultaría mantener algunos altos cargos, pero no afectaría a los ministros, que mantendrían sus actas como diputados. Para algunos se trata de un sacrificio necesario si Díaz evita llegar a un acuerdo antes de la fecha electoral de mayo. 

Tiempo y dinero

Podemos cree tener dos ventajas respecto a Díaz. Los ‘morados’ sostienen que la ministra «no ha hecho los deberes». Es decir, que ha tardado demasiado en construir una estructura de partido. La segunda atañe al dinero. Según Podemos, Díaz no tiene el dinero suficiente como para armar una estructura político-electoral sin ellos. «Yolanda no puede prescindir de Podemos, sería un error porque Sumar no es nada, nadie sabe dónde está ni cómo sumarse a ella», ironizan. Y añaden: «Ella apuesta por un artefacto más publicitario que político, pero si no recauda mucho dinero no hay manera para que eso funcione«. 

Iglesias, en definitiva, ha decidido pisar el acelerador. Quiere que el asunto se resuelva antes de las elecciones autonómicas, porque después la fuerza negociadora de los ‘morados’ será menor. El objetivo es obligar a Díaz a asumir un pacto entre partidos al estilo chileno, en el que Irene Montero tenga asegurado un lugar de prestigio en las próximas listas electorales. Se mezclan intereses y orgullo: no están dispuestos a ceder ese puesto a Íñigo Errejón, con quien Díaz se ha aliado. 

El fantasma del choque entre errejonismo y pablismo vuelve así a sacudir la historia de la izquierda alternativa al PSOE. Pero Iglesias sabe que en esa dicotomía se mueve bien. Su historia le avala. Y el votante de Podemos aprecia los desafíos y los chivos expiatorios. La situación es tan delicada que Díaz ha perdido su tradicional suavidad. En una entrevista en Navarra Televisión ha lanzado: «No le debo nada a nadie«. 

Los de Díaz confían en que el tiempo está de su parte. La estrategia de la vicepresidenta, adelantada por THE OBJECTIVE, pasa por dejar que Podemos obtenga el peor resultado de su historia en las próximas municipales, y, acto seguido, lanzar una operación atrápalo todo en el espacio de Unidas Podemos, pero ofreciendo una nueva bandera, un nuevo liderazgo y un nuevo equipo directivo. 

Miembros del sector de Díaz sostienen que Podemos se ha quedado mirando al pasado. Es la tesis oficial que trasladan a sus referentes para que la vayan repitiendo en los medios de comunicación. Los ‘morados’ creen todo lo contrario. Y señalan que la autonomía de Díaz tiene un límite. «Te hemos hecho ministra, vicepresidenta. Respétanos», dijo el lunes Iglesias. Las espadas no han estado nunca tan altas. Y ahora el asunto amenaza con salpicar los frágiles equilibrios del Gobierno de Pedro Sánchez.

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