Ponte traje

Un traje te cambia la vida. Eso le decía Barney Stinson a Ted Mosby en Cómo conocí a vuestra madre, una serie que no debe estar entre las favoritas de Pedro Sánchez. Pablo Iglesias, aquel vicepresidente que tuvo que no le iba a dejar dormir, se empeñó en que nos enteráramos de que veía Juego de tronos –o eso decía por vacilar–, pero no conocemos los gustos televisivos del presidente del Gobierno. Él es más de salir en la tele que de sentarse a verla.

De haber visto Cómo conocí a vuestra madre, Sánchez sabría los beneficios de llevar traje. Y corbata. Pero el presidente del Gobierno ha decidido no llevarla, no por convicción personal como hacía su socio Iglesias sino por no pasar calor –que me tendrá que explicar a mí el calor que da una corbata–. Eso sí, dependerá de cuándo o de dónde esté, porque ante el Rey se la deja y ante la prensa se la quita. Solo para provocar que usted y yo hablemos de la corbata y no de que ha vuelto a coger el Falcon para irse de vacaciones a Lanzarote. Lo que ahorra en aire acondicionado lo gasta con creces en queroseno.

Sánchez es un verdadero maestro para poner en marcha su maquinaria de comunicación. Su gestión es una continua cortina de humo para que no se hable de lo que él no quiere que se hable. El IPC pasa de los diez puntos, la gasolina supera los dos euros y el paro sube incluso en verano en un país que vive del sol, pero nos fijamos en si el presidente lleva o no corbata, en si apagan los escaparates y a qué hora o en la temperatura del aire acondicionado.

El revuelo generado con la ley de ahorro energético ha sido superlativo y era precisamente lo que pretendía el Gobierno. Analizándola, consiste en una simple modificación de una norma que nadie conocía y que nadie cumplía que ya obligaba a poner el termostato a 26 grados en verano. Ahora hay que dejarlo en 27, la excusa perfecta para quitarse la corbata. Pero yo me quedo con ella.

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