POR…¡NOOOOOO!

Coronavirus, confinamientosguerra en Ucrania… Cada tema de actualidad se traduce en su propio contenido pornográfico. El pasado mes de febrero, poco después del inicio de la invasión de Ucrania, la asociación Stop Fisha, que lucha contra el cibersexismo y la violencia sexual y de género, detectó una nueva tendencia en Pornhub, la web porno más popular del mundo. Las búsquedas más frecuentes del momento eran “Ucrania” y “chica ucraniana”. El mismo fenómeno pudo observarse en otros momentos históricos, como la pandemia de coronavirus y el confinamiento. La edición francesa del HuffPost ha pedido a dos sexólogos que analicen el extraño vínculo entre estos temas de actualidad y la pornografía.

Pornhub publica regularmente “Pornhub Insights”, unas estadísticas sobre el tráfico de la web en momentos concretos o sobre temas específicos: la superbowl, el nacimiento de un bebé de la realeza, el estreno de una película muy famosa o Halloween. Por ejemplo, las búsquedas sobre el Joker aumentaron un 3345% tras el lanzamiento de la película Joker en 2019.

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De hecho, hay una regla no oficial de Internet, llamada “Regla 34”, que dice: “Si existe, hay porno de ello”. Esta máxima fue inventada por Peter Morley-Souter en una tira cómica online y forma parte de las “Reglas de Internet”, una lista de “leyes” inventadas en el foro 4Chan. La mayoría de los vídeos que confirman esta regla son fantasías de ciertos consumidores de porno, algunas de ellas disparatadas: Mario Kart, extraterrestres o incluso Tesla, según los estudios estadísticos de Pornhub.

La edición francesa del HuffPost se ha puesto en contacto con Pornhub para obtener estadísticas sobre los vídeos en su página ambientados en la guerra en Ucrania, pero la web no ha querido responder a pesar de los recordatorios.

Sí existen cifras sobre vídeos temáticos sobre la pandemia de coronavirus: entre el 22 de febrero y el 30 de abril de 2020, Pornhub contabilizó más de 17,1 millones de búsquedas que contenían “Corona”, 1,1 millones que contenían “Covid” y 8,2 millones que contenían “Cuarentena”. Se subieron más de 1100 vídeos sobre el coronavirus, muchos de ellos con más de un millón de visitas. En total, hay más de 7300 vídeos con temática de confinamiento domiciliario.

Combatir la ansiedad

“Las noticias de actualidad provocan mucha ansiedad. Vivimos en una sociedad invadida por las imágenes y la información continua”, afirma Sébastien Garnero, doctor en Psicología y sexólogo clínico. Según explica, los usuarios “intentan combatir esta ansiedad recurriendo a estos temas en la pornografía”. El consumidor pasa así de ser el objeto de esta ansiedad a ser el sujeto, escenificándola de forma fantasiosa.

Este análisis lo confirma la psicóloga y sexóloga Cathline Smoos. Los consumidores de este tipo de vídeos ya están obsesionados con el tema de actualidad en cuestión: “Una forma de aliviar el estrés es reutilizar temas de actualidad que pueden asustarnos”. Para ella, este fenómeno es una forma de reapropiarse de los acontecimientos. “La gente se dio a sí misma otra narrativa de la crisis que estaba viviendo”, dice sobre el “porno de coronavirus”.

“En la sexualidad, uno puede sentirse atraído por el peligro”, continúa la sexóloga. “La fantasía de la sumisión o la dominación puede hacerse realidad en el dormitorio”. Según ella, el mismo mecanismo se aplica a este tipo de contenido pornográfico: “Es como conectar con la realidad, pero a salvo”.

También relaciona este deseo con el morbo, la obtención de placer al mirar cosas desagradables, prohibidas o controvertidas. “En general, los medios de comunicación muestran muchas imágenes. Esto crea emociones. Detrás de la pantalla del ordenador, uno puede dar rienda suelta a ciertos rasgos de personalidad ligeramente pervertidos y ver vídeos cada vez más extremos”.

Los adictos a la pornografía, los clientes principales

Pero, ¿por qué se ven estos vídeos? La curiosidad, el azar o simplemente el algoritmo de la web pueden conducir al usuario a este tipo de contenidos, según Cathline Smoos: “Las páginas web se intercambian datos. El algoritmo puede completarse con cualquier cosa que te haya llamado la atención en Internet”. Pero para los dos sexólogos, no hay duda: existe un vínculo entre la adicción a la pornografía y esta forma de reapropiarse de los acontecimientos.

Esta adicción está ligada a la adicción a las pantallas porque ambas siguen el mismo proceso: la navegación. Según Sébastien Garnero, “cuanto más tiempo pasamos frente a las pantallas, más probabilidades tenemos de ser adictos a la pornografía, aunque hay más variables”. También señala el “efecto del trauma y la erotización de las imágenes”, que se ve “amplificado por el fenómeno de la sobrecarga de información”.

Evidentemente, los adictos a la pornografía no son los únicos consumidores de estos contenidos. El porno sirve de ansiolítico: “El consumo de estos vídeos empieza con una obsesión: los pensamientos del consumidor giran en torno a una noticia. Para calmar esta ansiedad, el consumidor recurre a una técnica de relajación que conoce y repite: la masturbación”. Para Cathline Smoos, “estas personas buscan mantener un estado de tensión y excitación interna. Cualquier cosa que se salga de lo común y despierte la emoción cumple su función”.

Sébastien Garnero alude a un fenómeno de saturación cuando se trata de pornografía “clásica”: “El adicto al porno necesita recurrir a otros escenarios, a veces extremos, y otras temáticas. Pero el sexólogo hace una aclaración importante: “Las personas que ven porno con la temática de la guerra de Ucrania no son violadores en potencia. Son personas que a menudo lo pasan mal. Tras este acto, muchos tienen una menor estima de sí mismos. Pueden sentir algo de vergüenza por ello”.

La industria del porno en acción

El propio funcionamiento de la industria pornográfica es un factor que influye en la aparición de este tipo de contenidos. “Una gran parte del porno duro se basa en fantasías de sumisión, dominación o voyeurismo”, señala Sébastien Garnero. Todas esas son temáticas que trata el “porno de guerra”, que se desarrolla en torno a escenas de “tortura, violación o coacción” y muestra “una forma de fantasía sadomasoquista llevada al extremo”.

“Habrá personas que se identifiquen con los agresores y otras con la persona sometida”, continúa el sexólogo. Pero estas últimas son minoritarias porque “el público de estos vídeos es mayoritariamente masculino con fantasías voyeuristas o exhibicionistas”. También señala otra variable que tiene que ver con la categorización de la pornografía: “Existe una fetichización que varía según la actualidad y las tendencias”.

Es una fetichización indirecta, explica Cathline Smoos, porque “el verdadero fetichismo es una fijación obsesiva que se construye durante la infancia. Los consumidores que ven porno de guerra no solo ven esta clase de porno”. Según ella, la categorización y sexualización de las mujeres del este de Europa no es inherente a la pornografía. “Los países del este están muy sexualizados en el imaginario colectivo. Las mujeres ucranianas fueron rápidamente sexualizadas en la prensa. Ese pensamiento de ‘voy a acoger a esta pequeña ucraniana’ lo he visto hasta en los voluntarios que las ayudan”, denuncia.

¿Hacia una pornografía más ética?

Estas tendencias pornográficas son denunciadas frecuentemente por la cineasta francesa Olympe de G., con quien se ha puesto en contacto la edición francesa del HuffPost. Esta directora y exactriz pornográfica que produce contenidos alternativos, feministas y éticos, alejados de la industria corriente, considera que la aparición de vídeos relacionados con la guerra de Ucrania responde a una lógica puramente oportunista y comercial. “Todo lo que sea oportunista y comercial no lo considero ético”. Para esta directora, los creadores de pornografía tienen una responsabilidad en el contenido que difunden y en la forma de rodar, porque están transmitiendo valores.

En términos más generales, también critica a una industria que cambia como quiere los títulos de los vídeos: “Nuestra imagen como intérpretes está totalmente perdida. En el circuito de distribución, el título y los hashtags de un vídeo se modifican. Se hacen referencias sin el consentimiento de los intérpretes, de los directores y de los productores”.

Aunque utilizar la temática del confinamiento por coronavirus en el porno no es necesariamente problemático, crear contenidos sobre una guerra actual, explotando la imagen de las mujeres ucranianas, plantea importantes problemas éticos. Olympe de G. cree que es necesario tener “una mirada crítica sobre lo que consumimos que vaya más allá de los dos minutos que pasamos viendo un vídeo”. Según ella, la mayoría de los consumidores son “pasivos” y no piensan en lo que ven. “En cuanto les pedimos que reflexionen sobre ello, entramos en su intimidad. Pero son temas sobre los que hay que reflexionar”, lamenta. “Hay una gran falta de educación sexual y debería haber una verdadera educación sobre el porno”.

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